sábado, 9 de mayo de 2026

NUEVA DESCLASIFICACIÓN OVNI EN ESTADOS UNIDOS: MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

 


 



Estados Unidos acaba de abrir una de las mayores aperturas de archivos oficiales sobre ovnis y fenómenos aéreos no identificados de las últimas décadas, y el resultado vuelve a ser dispar. La Administración de Donald Trump publicó más de 160 documentos del FBI, registros históricos de la NASA, videos militares, fotografías y expedientes del Pentágono relacionados con los llamados UAP, el término oficial que utiliza el Gobierno estadounidense en la actualidad para referirse a fenómenos anómalos no identificados.

Lo primero que deja clara esta desclasificación es que no existe ninguna prueba concluyente de origen extraterrestre. No han aparecido grabaciones de alta resolución mostrando platillos volantes, ni imágenes de supuestos cuerpos alienígenas, ni tampoco una confirmación oficial de las teorías que durante décadas han rodeado al Área 51 y los presuntos programas secretos de ingeniería inversa asociados al fenómeno OVNI. Nada de nada.

Lo que sí hay es mucho material histórico (cosa que se agradece) que demuestra que durante décadas el Gobierno estadounidense investigó avistamientos extraños, anomalías radar y objetos que ni pilotos ni analistas pudieron identificar con claridad.  

Entre los documentos más comentados figuran informes del FBI de finales de los años cincuenta, publicados tras el lanzamiento del Sputnik soviético. En ellos se describen luces extrañas y objetos metálicos detectados cerca de instalaciones militares y zonas de pruebas aéreas. La mayoría de esos casos no desemboca en conclusiones espectaculares, aunque investigadores y periodistas destacan que muchos de esos expedientes, ya conocidos desde hace años, aparecen ahora con mucha menos censura y en versiones más completas que las publicadas anteriormente a través de solicitudes FOIA.

La parte que más atención está generando corresponde a los archivos de la NASA. Entre el material desclasificado aparecen transcripciones vinculadas a las misiones Gemini y Apollo. Uno de los documentos más difundidos recoge una conversación de la misión Gemini 7, en la que los astronautas Frank Borman y Jim Lovell informan al centro de control sobre la presencia de un objeto no identificado visible desde la cápsula. En el audio, Borman comunica: “Tenemos un objeto a las diez en punto, arriba”, para añadir después: “Se trata de un avistamiento real”. Lovell describe lo que observa como “un cuerpo brillante iluminado por el Sol sobre un fondo negro y rodeado de trillones de partículas”. Los documentos muestran además que Houston preguntó repetidamente si podía tratarse de restos del cohete Titan o partículas orbitales asociadas al lanzamiento, aunque en aquel momento no se alcanzó una conclusión definitiva.

También aparecieron referencias a observaciones durante las misiones Apollo 12 y Apollo 17, incluyendo fotografías y transcripciones donde los astronautas comentan luces y fenómenos visuales durante maniobras orbitales. Sin embargo, varios especialistas recuerdan que muchos de esos episodios podrían explicarse por reflejos, residuos espaciales o artefactos ópticos generados por las cámaras de la época, algo relativamente frecuente en las primeras décadas de exploración espacial.

Es precisamente ahí donde empieza la frontera entre los hechos y el ruido generado en redes sociales. En las últimas horas se han multiplicado las publicaciones que hablan de “objetos siguiendo cápsulas”, “fenómenos imposibles” o “evidencia lunar oculta”, aunque buena parte de esas afirmaciones no aparecen literalmente en los documentos oficiales. Muchos usuarios están mezclando archivos reales con antiguas teorías conspirativas y fragmentos sacados de contexto.

Otro de los documentos más compartidos es el conocido como “memorando Hottel”, un informe auténtico del FBI fechado el 22 de marzo de 1950 y enviado a J. Edgar Hoover. En él, un agente recoge el relato de un supuesto investigador de la Fuerza Aérea que afirmaba que se habían recuperado “tres platillos volantes” en Nuevo México. El texto describe objetos “circulares, con centros elevados y aproximadamente 15 metros de diámetro”, y asegura que “cada uno estaba ocupado por tres cuerpos de apariencia humana, de apenas un metro de altura, vestidos con una tela metálica muy fina”. Sin embargo, el propio FBI aclaró años después que aquel documento nunca fue considerado una confirmación oficial de extraterrestres, sino un relato de segunda o tercera mano que jamás llegó a investigarse formalmente.

La desclasificación incluye además documentos históricos con un tono mucho más ambiguo. Uno de ellos, fechado el 4 de noviembre de 1948 y firmado por la USAFE (United States Air Forces in Europe), refleja la preocupación de oficiales de inteligencia estadounidenses por los reiterados informes sobre “platillos voladores” observados sobre bases aéreas europeas. El texto asegura que los fenómenos “no podían ser ignorados” y recoge conversaciones mantenidas con la inteligencia sueca, cuyos analistas llegaron a plantear que algunos objetos parecían responder a una “alta capacidad técnica que no podía atribuirse a ninguna cultura conocida en la Tierra” (Entre 1946 y 1947, poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Escandinavia, especialmente Suecia, fue escenario de una oleada de avistamientos masivos conocidos como los Bólidos de Escandinavia o Ghost Rockets).  El informe incluso menciona un supuesto objeto que habría caído en un lago sueco (probablemente el incidente del lago Kölmjärv, ocurrido el 19 de julio de 194) y cuyo impacto habría sido investigado por buzos militares. Aun así, el documento queda inconcluso y no aporta pruebas verificables.

Entre los nuevos archivos también aparece el relato de dos agentes federales que observaron un orbe naranja brillante suspendido cerca de una formación rocosa en el oeste de Estados Unidos. Los testigos describieron el objeto como algo similar al “Ojo de Sauron” de El Señor de los Anillos, aunque sin pupila, y afirmaron que permanecía inmóvil, sin emitir sonido alguno. Posteriormente, la oficina AARO estimó que el objeto podría encontrarse a unos 1.050 metros de distancia y medir entre 12 y 18 metros de diámetro. El incidente quedó clasificado como no identificado.

Otro caso especialmente comentado corresponde a septiembre de 2023 y describe un supuesto objeto metálico elipsoidal de color bronce, de entre 40 y 60 metros de longitud, observado cerca de un sitio de pruebas estadounidense cuya ubicación continúa clasificada. Según los testigos, el objeto no se desplazó de forma convencional, sino que “materializó” a partir de una luz intensa y desapareció instantáneamente, aparentemente desafiando las leyes conocidas de inercia y propulsión. Como ocurre en la mayoría de expedientes incluidos en esta publicación, el informe no aporta una conclusión definitiva.


Reconstrucción del extraño e intersante incidente de septiembre de 2023





El Pentágono también liberó videos recientes grabados desde sensores infrarrojos y cámaras militares. En algunos se observan puntos térmicos y objetos metálicos realizando movimientos que los analistas no consiguieron explicar completamente. Sin embargo, incluso dentro de la propia comunidad interesada en los UAP existen voces muy escépticas. Uno de los casos más virales es el de un supuesto objeto “en forma de estrella” difundido masivamente en redes sociales. El investigador Mick West sostiene que esa apariencia probablemente no corresponde a la forma real del objeto, sino a un efecto óptico provocado por el sistema infrarrojo militar. Según explica, este tipo de cámaras puede generar patrones luminosos exagerados cuando una fuente térmica satura el sensor, creando figuras geométricas debido al desenfoque y la difracción de la lente. Otros investigadores, como Steven Greenstreet, señalan además que en la grabación se aprecia lo que parece ser un paracaídas junto a una estela descendente, lo que apuntaría a una bengala militar utilizada en ejercicios nocturnos.


No parece lógico que los militares consideren este video como No Identificado. (Cortesia de Greenstreet)




Ese detalle vuelve a abrir uno de los grandes debates que rodean estas desclasificaciones de supuestos videos OVNIS: si los sistemas y especialistas militares realmente fueron incapaces de detectar explicaciones relativamente simples o si, por el contrario parte del material difundido fue seleccionado deliberadamente por su escaso valor probatorio e impreciso para alimentar el debate público sin revelar información verdaderamente sensible.

La publicación también incluye referencias a un manual interno citado bajo el título “Ovnis y Defensa: ¿Para qué nos debemos preparar?”, donde se analizan posibles escenarios de respuesta militar ante objetos no identificados, interferencias radar y amenazas para infraestructuras estratégicas. Lo relevante del documento no es que el Pentágono asumiera la existencia de alienígenas, sino que trataba este tipo de incidentes como potenciales problemas de seguridad nacional.

En paralelo, las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes sobre un documento filtrado supuestamente relacionado con programas secretos de recuperación de materiales extraterrestres. El memorando atribuido al Estado Mayor Conjunto de 1985, donde se menciona un misterioso “metamaterial desconocido” identificado bajo el nombre clave RAZIEL y supuestamente transportado a bordo del USS Dwight D. Eisenhower. El texto afirma que el material presentaba “características más allá de las conocidas” y estaba siendo almacenado bajo estrictas medidas de seguridad.


El polémico documento sobre el metamaterial "RAZIEL"





Sin embargo, las primeras investigaciones independientes apuntan a que el documento podría ser falso. El investigador D. Dean Johnson detectó varias inconsistencias importantes: el vicealmirante P. F. Carter no ocupaba aún el cargo que aparece reflejado en el memorando en la fecha indicada; el capitán citado como comandante del USS Dwight D. Eisenhower no coincidía con el oficial real al mando en 1985; y el propio uso del término “RAZIEL” fue considerado sospechosamente teatral ya que su significado es “secreto de Dios” en hebreo. Para muchos analistas, el caso demuestra hasta qué punto se mezclan materiales auténticos con posibles campañas de desinformación dentro de esta nueva desclasificación.

La consecuencia es un escenario cada vez más confuso en el que documentos históricos reales, videos ambiguos, informes técnicos incompletos y posibles falsificaciones conviven alimentando teorías de todo tipo. Y aun así, pese a las exageraciones y lecturas conspirativas, incluso investigadores escépticos reconocen que esta apertura sí representa un cambio importante. Por primera vez aparecen coordinadas varias agencias —NASA, FBI, Pentágono, ODNI y la oficina AARO— publicando material desde un mismo portal gubernamental y prometiendo nuevas tandas de documentos en las próximas semanas.

En conjunto, ni los videos, ni las fotografías, ni los informes desclasificados aportan una prueba definitiva sobre el origen de estos fenómenos. Lo que muestran son registros de observaciones, transcripciones, anomalías radar y materiales audiovisuales que, en muchos casos, permanecen etiquetados como “no identificados” simplemente porque no existían datos suficientes para explicarlos con certeza, no porque se haya demostrado una explicación extraordinaria. Además, gran parte del material corresponde a registros históricos elaborados con tecnologías, métodos de análisis y capacidades de detección muy distintas a las actuales.

Quizá eso sea, precisamente, lo más relevante de toda esta operación de transparencia: no que Estados Unidos haya confirmado vida extraterrestre, porque no lo ha hecho, sino que admite oficialmente que lleva décadas investigando fenómenos que muchas veces tampoco supo explicar del todo.





JOSE ANTONIO CARAV@CA

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