Estados Unidos acaba de abrir una de las mayores aperturas de
archivos oficiales sobre ovnis y fenómenos aéreos no identificados de las
últimas décadas, y el resultado vuelve a ser dispar. La Administración de
Donald Trump publicó más de 160 documentos del FBI, registros históricos de la
NASA, videos militares, fotografías y expedientes del Pentágono relacionados
con los llamados UAP, el término oficial que utiliza el Gobierno estadounidense
en la actualidad para referirse a fenómenos anómalos no identificados.
Lo primero que deja clara esta desclasificación es que no
existe ninguna prueba concluyente de origen extraterrestre. No han aparecido
grabaciones de alta resolución mostrando platillos volantes, ni imágenes de
supuestos cuerpos alienígenas, ni tampoco una confirmación oficial de las
teorías que durante décadas han rodeado al Área 51 y los presuntos programas
secretos de ingeniería inversa asociados al fenómeno OVNI. Nada de nada.
Lo que sí hay es mucho material histórico (cosa que se
agradece) que demuestra que durante décadas el Gobierno estadounidense
investigó avistamientos extraños, anomalías radar y objetos que ni pilotos ni
analistas pudieron identificar con claridad.
Entre los documentos más comentados figuran informes del FBI
de finales de los años cincuenta, publicados tras el lanzamiento del Sputnik
soviético. En ellos se describen luces extrañas y objetos metálicos detectados
cerca de instalaciones militares y zonas de pruebas aéreas. La mayoría de esos
casos no desemboca en conclusiones espectaculares, aunque investigadores y
periodistas destacan que muchos de esos expedientes, ya conocidos desde hace
años, aparecen ahora con mucha menos censura y en versiones más completas que
las publicadas anteriormente a través de solicitudes FOIA.
La parte que más atención está generando corresponde a los
archivos de la NASA. Entre el material desclasificado aparecen transcripciones
vinculadas a las misiones Gemini y Apollo. Uno de los documentos más difundidos
recoge una conversación de la misión Gemini 7, en la que los astronautas Frank
Borman y Jim Lovell informan al centro de control sobre la presencia de un
objeto no identificado visible desde la cápsula. En el audio, Borman comunica:
“Tenemos un objeto a las diez en punto, arriba”, para añadir después: “Se trata
de un avistamiento real”. Lovell describe lo que observa como “un cuerpo
brillante iluminado por el Sol sobre un fondo negro y rodeado de trillones de
partículas”. Los documentos muestran además que Houston preguntó repetidamente
si podía tratarse de restos del cohete Titan o partículas orbitales asociadas
al lanzamiento, aunque en aquel momento no se alcanzó una conclusión
definitiva.
También aparecieron referencias a observaciones durante las
misiones Apollo 12 y Apollo 17, incluyendo fotografías y transcripciones donde
los astronautas comentan luces y fenómenos visuales durante maniobras
orbitales. Sin embargo, varios especialistas recuerdan que muchos de esos
episodios podrían explicarse por reflejos, residuos espaciales o artefactos
ópticos generados por las cámaras de la época, algo relativamente frecuente en
las primeras décadas de exploración espacial.
Es precisamente ahí donde empieza la frontera entre los
hechos y el ruido generado en redes sociales. En las últimas horas se han
multiplicado las publicaciones que hablan de “objetos siguiendo cápsulas”,
“fenómenos imposibles” o “evidencia lunar oculta”, aunque buena parte de esas
afirmaciones no aparecen literalmente en los documentos oficiales. Muchos
usuarios están mezclando archivos reales con antiguas teorías conspirativas y
fragmentos sacados de contexto.
Otro de los documentos más compartidos es el conocido como
“memorando Hottel”, un informe auténtico del FBI fechado el 22 de marzo de 1950
y enviado a J. Edgar Hoover. En él, un agente recoge el relato de un supuesto
investigador de la Fuerza Aérea que afirmaba que se habían recuperado “tres
platillos volantes” en Nuevo México. El texto describe objetos “circulares, con
centros elevados y aproximadamente 15 metros de diámetro”, y asegura que “cada
uno estaba ocupado por tres cuerpos de apariencia humana, de apenas un metro de
altura, vestidos con una tela metálica muy fina”. Sin embargo, el propio FBI
aclaró años después que aquel documento nunca fue considerado una confirmación
oficial de extraterrestres, sino un relato de segunda o tercera mano que jamás
llegó a investigarse formalmente.
La desclasificación incluye además documentos históricos con
un tono mucho más ambiguo. Uno de ellos, fechado el 4 de noviembre de 1948 y
firmado por la USAFE (United States
Air Forces in Europe), refleja la preocupación de oficiales de
inteligencia estadounidenses por los reiterados informes sobre “platillos
voladores” observados sobre bases aéreas europeas. El texto asegura que los
fenómenos “no podían ser ignorados” y recoge conversaciones mantenidas con la
inteligencia sueca, cuyos analistas llegaron a plantear que algunos objetos
parecían responder a una “alta capacidad técnica que no podía atribuirse a
ninguna cultura conocida en la Tierra” (Entre 1946 y 1947, poco después de
finalizar la Segunda Guerra Mundial, Escandinavia, especialmente Suecia, fue
escenario de una oleada de avistamientos masivos conocidos como los Bólidos de
Escandinavia o Ghost Rockets). El
informe incluso menciona un supuesto objeto que habría caído en un lago sueco (probablemente
el incidente del lago Kölmjärv, ocurrido el 19 de julio de 194) y cuyo impacto
habría sido investigado por buzos militares. Aun así, el documento queda
inconcluso y no aporta pruebas verificables.
Entre los nuevos archivos también aparece el relato de dos
agentes federales que observaron un orbe naranja brillante suspendido cerca de
una formación rocosa en el oeste de Estados Unidos. Los testigos describieron
el objeto como algo similar al “Ojo de Sauron” de El Señor de los Anillos,
aunque sin pupila, y afirmaron que permanecía inmóvil, sin emitir sonido
alguno. Posteriormente, la oficina AARO estimó que el objeto podría encontrarse
a unos 1.050 metros de distancia y medir entre 12 y 18 metros de diámetro. El
incidente quedó clasificado como no identificado.
Otro caso especialmente comentado corresponde a septiembre de
2023 y describe un supuesto objeto metálico elipsoidal de color bronce, de
entre 40 y 60 metros de longitud, observado cerca de un sitio de pruebas
estadounidense cuya ubicación continúa clasificada. Según los testigos, el
objeto no se desplazó de forma convencional, sino que “materializó” a partir de
una luz intensa y desapareció instantáneamente, aparentemente desafiando las
leyes conocidas de inercia y propulsión. Como ocurre en la mayoría de expedientes
incluidos en esta publicación, el informe no aporta una conclusión definitiva.
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| Reconstrucción del extraño e intersante incidente de septiembre de 2023 |
El Pentágono también liberó videos recientes grabados desde
sensores infrarrojos y cámaras militares. En algunos se observan puntos
térmicos y objetos metálicos realizando movimientos que los analistas no
consiguieron explicar completamente. Sin embargo, incluso dentro de la propia
comunidad interesada en los UAP existen voces muy escépticas. Uno de los casos
más virales es el de un supuesto objeto “en forma de estrella” difundido
masivamente en redes sociales. El investigador Mick West sostiene que esa apariencia
probablemente no corresponde a la forma real del objeto, sino a un efecto
óptico provocado por el sistema infrarrojo militar. Según explica, este tipo de
cámaras puede generar patrones luminosos exagerados cuando una fuente térmica
satura el sensor, creando figuras geométricas debido al desenfoque y la
difracción de la lente. Otros investigadores, como Steven Greenstreet, señalan
además que en la grabación se aprecia lo que parece ser un paracaídas junto a
una estela descendente, lo que apuntaría a una bengala militar utilizada en
ejercicios nocturnos.
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| No parece lógico que los militares consideren este video como No Identificado. (Cortesia de Greenstreet) |
Ese detalle vuelve a abrir uno de los grandes debates que
rodean estas desclasificaciones de supuestos videos OVNIS: si los sistemas y
especialistas militares realmente fueron incapaces de detectar explicaciones
relativamente simples o si, por el contrario parte del material difundido fue
seleccionado deliberadamente por su escaso valor probatorio e impreciso para
alimentar el debate público sin revelar información verdaderamente sensible.
La publicación también incluye referencias a un manual
interno citado bajo el título “Ovnis y Defensa: ¿Para qué nos debemos
preparar?”, donde se analizan posibles escenarios de respuesta militar ante
objetos no identificados, interferencias radar y amenazas para infraestructuras
estratégicas. Lo relevante del documento no es que el Pentágono asumiera la
existencia de alienígenas, sino que trataba este tipo de incidentes como
potenciales problemas de seguridad nacional.
En paralelo, las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes
sobre un documento filtrado supuestamente relacionado con programas secretos de
recuperación de materiales extraterrestres. El memorando atribuido al Estado
Mayor Conjunto de 1985, donde se menciona un misterioso “metamaterial
desconocido” identificado bajo el nombre clave RAZIEL y supuestamente
transportado a bordo del USS Dwight D. Eisenhower. El texto afirma que el
material presentaba “características más allá de las conocidas” y estaba siendo
almacenado bajo estrictas medidas de seguridad.
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| El polémico documento sobre el metamaterial "RAZIEL" |
Sin embargo, las primeras investigaciones independientes
apuntan a que el documento podría ser falso. El investigador D. Dean Johnson
detectó varias inconsistencias importantes: el vicealmirante P. F. Carter no
ocupaba aún el cargo que aparece reflejado en el memorando en la fecha
indicada; el capitán citado como comandante del USS Dwight D. Eisenhower no
coincidía con el oficial real al mando en 1985; y el propio uso del término
“RAZIEL” fue considerado sospechosamente teatral ya que su significado es “secreto
de Dios” en hebreo. Para muchos analistas, el caso demuestra hasta qué punto se
mezclan materiales auténticos con posibles campañas de desinformación dentro de
esta nueva desclasificación.
La consecuencia es un escenario cada vez más confuso en el
que documentos históricos reales, videos ambiguos, informes técnicos
incompletos y posibles falsificaciones conviven alimentando teorías de todo
tipo. Y aun así, pese a las exageraciones y lecturas conspirativas, incluso
investigadores escépticos reconocen que esta apertura sí representa un cambio
importante. Por primera vez aparecen coordinadas varias agencias —NASA, FBI,
Pentágono, ODNI y la oficina AARO— publicando material desde un mismo portal gubernamental
y prometiendo nuevas tandas de documentos en las próximas semanas.
En conjunto, ni los videos, ni las fotografías, ni los
informes desclasificados aportan una prueba definitiva sobre el origen de estos
fenómenos. Lo que muestran son registros de observaciones, transcripciones,
anomalías radar y materiales audiovisuales que, en muchos casos, permanecen
etiquetados como “no identificados” simplemente porque no existían datos
suficientes para explicarlos con certeza, no porque se haya demostrado una
explicación extraordinaria. Además, gran parte del material corresponde a registros
históricos elaborados con tecnologías, métodos de análisis y capacidades de
detección muy distintas a las actuales.
Quizá eso sea, precisamente, lo más relevante de toda esta
operación de transparencia: no que Estados Unidos haya confirmado vida
extraterrestre, porque no lo ha hecho, sino que admite oficialmente que lleva
décadas investigando fenómenos que muchas veces tampoco supo explicar del todo.
JOSE ANTONIO CARAV@CA
Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.




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