viernes, 14 de agosto de 2026

GRUSCH SUBE LA APUESTA: TENEMOS NAVES Y HEMOS CAPTURADO EXTRATERRESTRES CON VIDA

 





El exoficial de Inteligencia afirma haber visto imágenes de naves y restos de supuestos ocupantes, habla de instalaciones donde todavía podrían conservarse materiales y acusa a AARO de ignorar su oferta para interrogar a antiguos responsables de estos programas

David Grusch ha vuelto a poner sobre la mesa algunas de las afirmaciones más extraordinarias de su denuncia sobre lo que el gobierno oculta sobre la realidad OVNI/UAP. En una entrevista emitida por The Dr. Phil Podcast el 13 de agosto de 2026, el antiguo oficial de Inteligencia no se limitó a repetir lo que ya había declarado ante el Congreso. Aseguró que ha visto fotografías y vídeos relacionados con supuestas naves recuperadas, que conoce testimonios sobre ocupantes vivos y que el número de vehículos recuperados durante las últimas décadas sería superior a 25 y menor de 100.

Conviene detenerse aquí. El propio Grusch reconoce que no tuvo acceso físico directo a buena parte de aquello sobre lo que informó a las autoridades. Su información procede, según explica, de personas implicadas en esos programas, documentación de programas y materiales audiovisuales que otros le hicieron llegar.

La conversación comienza precisamente con una de las afirmaciones más contundentes. Dr. Phil le pregunta si ha visto pruebas indiscutibles de que existen en la Tierra naves que no proceden de nuestro planeta. Grusch responde simplemente

“Correcto.”

Y cuando el presentador le pregunta por el número de vehículos, Grusch sitúa la cifra en una franja bastante concreta

“Menos de cien, pero más de 25 es lo que puedo decir. Y las cifras exactas son en realidad un poco nebulosas porque, a partir de principios de los años 2000, cuando se desvió mucho dinero hacia la guerra global contra el terrorismo, los grandes contratistas de defensa empezaron a hacer sus propias recuperaciones, por así decirlo, fuera de los libros, bajo la supervisión de determinadas agencias gubernamentales.”

La cifra no procede, por tanto, de un inventario que Grusch diga haber visto completo. Él mismo explica que parte de esos vehículos habría terminado en manos privadas de grandes contratistas de defensa y que, por esa razón, ni siquiera el Gobierno tendría una contabilidad completa. Después añade que, en conjunto, se habrían recuperado “varias docenas de vehículos” durante los últimos ocho o nueve decenios.

También describe una variedad considerable de formas. Habla de discos, objetos con aspecto de “pez luna” o “tacón de bota”, boomerangs, medias lunas, Tic Tac y objetos con forma de huevo. Pero introduce una cautela interesante sobre su procedencia. No cree que todos tengan necesariamente el mismo origen y reconoce que resulta muy difícil determinar de dónde vienen. Según su descripción, habría distintos tipos de vehículos y también diferentes clases de inteligencias.

La parte más llamativa llega cuando Dr. Phil pregunta directamente si Grusch ha visto imágenes o vídeos de los seres que pilotaban esas naves. La respuesta vuelve a ser afirmativa. Grusch asegura que algunos de los vehículos recuperados estaban vacíos, pero que otros estaban tripulados. Según él, los supuestos ocupantes tendrían un aspecto parecido al descrito durante décadas por algunos testigos.

“Sí. Algunos de los vehículos que hemos evaluado probablemente son drones y algunos de los vehículos que hemos recuperado. Es cierto, en parte de la tradición que existe en el ámbito público. Hemos recuperado vehículos que estaban vacíos y los pilotos no estaban allí. Eso es realmente una afirmación histórica cierta. Pero sí, algunos estaban pilotados.”

Después va más lejos. Al preguntarle si alguno de esos ocupantes habría sido capturado con vida, responde

“Sí. Y conozco a personas que tuvieron interacciones directas, en una situación de detención, lo que suena muy a Star Trek y suena muy loco, pero es cierto.”

Según Grusch, aquellos supuestos ocupantes habrían podido comunicarse con los seres humanos mediante una forma de comunicación que él relaciona con la telepatía. Pero en este punto introduce una diferencia importante respecto a otras afirmaciones de la entrevista. Dice expresamente que no sabe cómo funciona y que él personalmente no ha experimentado nada parecido.

“Sí. Sí. Y es cierto que existe algún tipo de comunicación mediante la conciencia, ya sabes, por supuesto la gente lo llama telepatía. No puedo ni empezar a decirte cómo funciona. Pero existe algún tipo de comunicación así.”

La cuestión de las pruebas vuelve una y otra vez durante la entrevista. Grusch sostiene que personas relacionadas con un supuesto programa de recuperación le hicieron llegar material audiovisual para que pudiera verlo. Habla de vídeos, fotografías y también de imágenes de supuestos restos de ocupantes. Pero admite que él no estuvo físicamente presente durante esas recuperaciones.

“No estaba allí físicamente, por así decirlo, y lo vi en persona.”

Por eso, según explica, llevó ante el inspector general de la comunidad de Inteligencia a personas que afirmaban haber participado directamente en los programas. Dice que esas personas podían proporcionar información sobre las instalaciones, los archivos y los lugares donde supuestamente se conservaban materiales.

Hay otro elemento relevante en la entrevista. Grusch afirma que conoce históricamente algunas de esas instalaciones, aunque deja claro que ya no puede garantizar qué queda allí actualmente. Según explica, hasta hace unos años tenía conocimiento de instalaciones gubernamentales y de contratistas donde se encontraban documentación, materiales y supuestos restos.

“Hasta hace un par de años, conocía instalaciones del Gobierno estadounidense y de contratistas que tenían tanto la documentación como los materiales y los cadáveres, por así decirlo. Pero, una vez más, estoy fuera del negocio. Ya no tengo un topo en esa instalación que pueda decirme el 11 de agosto de 2026 que sigue allí.”

Dr. Phil le plantea entonces una situación bastante concreta. Si el presidente autorizara una visita, ¿podría llevarle hasta una instalación donde todavía hubiera una nave o un supuesto cadáver? Grusch responde que sí.

“Oh, sí. Podríamos hacer una pequeña excursión hacia el oeste, digamos. Sí. Y podríamos ir sin duda a esas instalaciones.”

Cuando el presentador insiste en si encontrarían allí algo físico que pudieran ver y tocar, Grusch vuelve a contestar afirmativamente y añade que algunos objetos son difíciles de trasladar por su tamaño.

Esto es probablemente uno de los puntos más comprobables de toda la conversación. No porque demuestre que existan esas naves, sino porque Grusch sostiene que existen lugares concretos y que algunas instalaciones podrían conservar todavía materiales. También afirma que los materiales pueden haber sido desplazados cuando una ubicación queda expuesta.

La entrevista entra después en el enfrentamiento con AARO. Grusch asegura que ofreció a la oficina del Departamento de Defensa ayudar a interrogar a antiguos y actuales responsables de los programas que él denuncia. Dice que proporcionó nombres y pistas y que incluso se ofreció a participar directamente en los interrogatorios.

“Invitadme de nuevo. Yo los interrogaré y extraeré esta información de esos individuos basándome en mi carrera en la comunidad de Inteligencia haciendo determinadas cosas. Tengo un talento poco habitual para las negociaciones, ya sabes, los interrogatorios y las entrevistas.”

Según Grusch, AARO nunca aceptó la propuesta.

“Han pasado 15 meses y AARO me dejó en visto y nunca volvió a ponerse en contacto conmigo.”

Él interpreta ese silencio como una muestra de los problemas de la oficina, aunque esa interpretación es suya y no queda demostrada por la entrevista. Lo que sí consta en el testimonio es que afirma haber ofrecido su colaboración y que asegura no haber recibido respuesta.

Grusch también sostiene que parte de los materiales pudo acabar en la industria aeroespacial privada. En su opinión, eso permitiría mantener determinados recursos fuera del control directo del Congreso y de las solicitudes de información pública. Menciona además un programa de la DIA de principios de los años 2000 y afirma que existieron intentos de trasladar materiales para su estudio fuera del programa, aunque de nuevo se trata de información que atribuye a sus fuentes y no de documentación presentada durante la entrevista.

En otro momento, sin embargo, Grusch introduce una cautela que suele desaparecer cuando se resumen sus declaraciones. No afirma saber cuál es el origen definitivo de todos estos objetos. Aunque considera que una parte probablemente sea extraterrestre, habla también de otras posibilidades, desde inteligencias “ultraterrestres” hasta hipótesis relacionadas con el propio planeta o incluso con los océanos. Y reconoce que no dispone de toda la información en manos del Gobierno estadounidense.

“Ciertamente no tengo todas las respuestas y no soy omnipotente y no tuve acceso completo a las posesiones y análisis del Gobierno estadounidense.”

La entrevista termina lejos de la imagen triunfal del supuesto denunciante que ha conseguido demostrar sus acusaciones. Grusch reconoce que la experiencia le ha dejado consecuencias personales importantes y que hay días en los que lamenta haberse involucrado en el asunto.

“Hay días que, ya sabes, lamento incluso haberme involucrado en el tema. Antes tenía, como mucho, un interés medio en esto, y he hecho muchos sacrificios. Mi familia ha hecho muchos sacrificios. Amigos y compañeros de trabajo resultaron perjudicados. Así que creo que vivo con esa carga y con muchas cicatrices mentales, emocionales y psicológicas, y espero que haya valido la pena.”

El interés periodístico de esta entrevista no está en dar por demostradas sus afirmaciones. Está precisamente en comprobar hasta dónde ha llegado ahora el relato de Grusch y qué parte continúa dependiendo exclusivamente de su palabra y de la de sus fuentes. En esta ocasión ha dado cifras, ha hablado de instalaciones concretas sin identificarlas públicamente, ha asegurado que existen materiales que podrían seguir almacenados y ha reiterado que ha visto imágenes de naves y supuestos ocupantes.

Hay otro aspecto de las declaraciones de Grusch que resulta especialmente interesante y que suele quedar en segundo plano cuando se resumen sus palabras. El exoficial no cree que todo el fenómeno pueda explicarse simplemente como visitas extraterrestres. De hecho, advierte expresamente contra esa interpretación. “Sin embargo, advierto que no debemos atribuir todo este fenómeno simplemente a lo extraterrestre. Eso es ciertamente una parte del pastel. Es probable que una parte de esto sea eso, pero existen otras, ya sabes, taxonomías de inteligencias anómalas”.

A partir de ahí plantea posibilidades bastante diferentes entre sí. Habla de inteligencias “ultraterrestres”, de seres o inteligencias que podrían haberse desarrollado en la propia Tierra, haberse marchado y posteriormente regresado, y menciona incluso la posibilidad de algún tipo de inteligencia desarrollada en los océanos. “Quizá sea ultraterrestre. Quizá creció aquí, se marchó y volvió. Y también está el bioma oculto, hay otros tipos de orígenes. Está el fondo del mar, del que no entendemos el 70 % de nuestros océanos y qué tipo de inteligencia avanzada podría haberse desarrollado en el lecho marino, por así decirlo”.

 No se queda únicamente en estas posibilidades. Cuando habla de los distintos objetos que asegura haber conocido, Grusch llega a referirse a una auténtica “taxonomía” de inteligencias, que iría desde formas aparentemente poco más avanzadas que nosotros hasta otras que resultan mucho más difíciles de definir. En ese contexto menciona también los extraños orbes luminosos observados en zonas de pruebas militares y plantea que podrían estar relacionados con algún tipo de inteligencia plasmoide. Reconoce que, en algunos casos, resulta casi imposible saber qué se está viendo sin poder estudiarlo directamente. Grusch admite, además, que no tiene todas las respuestas. “Hay muchas cosas diferentes que esto podría ser. Ciertamente no tengo todas las respuestas y no soy omnipotente y no tuve acceso completo a las posesiones y análisis del Gobierno estadounidense”. Y termina con una afirmación especialmente significativa para entender su posición actual. “Tenemos que estar abiertos a muchos posibles orígenes diferentes (...) porque sospecho que una buena parte de esto no es, ya sabes, tradicionalmente extraterrestre”. Es decir, para Grusch la explicación extraterrestre podría encajar con una parte del fenómeno, pero no necesariamente con todo. Su propia descripción abre el abanico hacia otras formas de inteligencia y otros posibles orígenes que, según reconoce, todavía no sabe explicar. Curiosamente, Grusch tampoco considera que estas posibilidades tengan por qué chocar con la religión. Al hablar de inteligencias que podrían no proceder de otros planetas, sino tener otros orígenes, el exoficial asegura que estas hipótesis “no entran en conflicto con la teología judeocristiana básica”. No desarrolla las consecuencias que tendría para las religiones una eventual confirmación de inteligencias no humanas, pero deja claro que, al menos desde su punto de vista, el fenómeno no obliga necesariamente a descartar las creencias religiosas tradicionales.

Pero hay algo que conviene tener claro. Por mucho que Grusch haya contado ahora más detalles, en la entrevista no vemos ninguna de esas naves, ni los supuestos restos de sus ocupantes, ni los documentos que dice conocer. Tampoco podemos comprobar por nuestra cuenta quiénes son exactamente las personas que, según él, le proporcionaron esa información. Todo sigue dependiendo, en buena medida, de lo que Grusch asegura haber visto y de lo que le contaron sus fuentes (cosa aún más dudosa).

Si todo lo que cuenta es cierto, la manera de salir de dudas sería bastante sencilla. Presentar evidencias. Ahí terminaría realmente la discusión.

 

 

Fuente: Entrevista de David Grusch en The Dr. Phil Podcast, publicada el 13 de agosto de 2026 bajo el título David Grusch: The Whistleblower Who Told Congress We're Not Alone.




JOSE ANTONIO CARAV@CA


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jueves, 6 de agosto de 2026

TIME: "ESTADOS UNIDOS ESTÁ TOMANDO EN SERIO LA POSIBILIDAD DE VIDA EXTRATERRESTRE"





La prestigiosa revista estadounidense TIME, una de las cabeceras informativas más influyentes del mundo y referencia del periodismo internacional desde hace más de un siglo, ha dedicado un extenso reportaje a analizar el profundo cambio que se ha producido en Estados Unidos respecto al fenómeno OVNI y la posibilidad de vida extraterrestre. El artículo, firmado por el veterano periodista Jeffrey Kluger, sostiene que un tema tradicionalmente relegado al ámbito de la ciencia ficción o la cultura popular ha pasado a formar parte del debate científico, político e institucional.

Según explica TIME, el punto de inflexión llegó en 2017 con la publicación de las investigaciones sobre el programa secreto del Pentágono dedicado al estudio de los entonces denominados ovnis. Desde ese momento, el Gobierno estadounidense ha creado nuevas oficinas para investigar los actuales UAP (Fenómenos Anómalos No Identificados), el Congreso ha celebrado audiencias públicas y altos cargos de Defensa e Inteligencia han comparecido para informar sobre estos incidentes.

El reportaje recuerda que el cambio de actitud no significa que las autoridades hayan aceptado una explicación extraterrestre para los UAP. Al contrario, las investigaciones oficiales continúan buscando explicaciones convencionales y evaluando si estos fenómenos pueden representar amenazas para la seguridad nacional. Sin embargo, destaca que el asunto ya no es tratado con el escepticismo automático o la ridiculización que predominó durante décadas.

TIME señala que este cambio también se aprecia en la comunidad científica. La búsqueda de vida fuera de la Tierra ha adquirido un nuevo impulso gracias al descubrimiento de miles de exoplanetas y al desarrollo de instrumentos capaces de analizar sus atmósferas en busca de posibles biofirmas. Paralelamente, diferentes programas de investigación exploran la posibilidad de detectar tecnofirmas, es decir, señales que pudieran delatar la existencia de civilizaciones tecnológicamente avanzadas.

El artículo cita igualmente iniciativas como el programa SETI y el trabajo de la NASA en astrobiología, subrayando que la pregunta sobre si estamos solos en el universo ha dejado de ser una mera especulación filosófica para convertirse en un campo de investigación plenamente integrado en la ciencia moderna.

La publicación también repasa el impacto que han tenido los testimonios de militares, pilotos y antiguos funcionarios estadounidenses, así como las declaraciones realizadas en los últimos años por denunciantes como David Grusch, que han contribuido a mantener el interés público y político por el fenómeno, aunque muchas de sus afirmaciones siguen sin haber sido verificadas de forma independiente.

Otro de los aspectos que destaca TIME es el cambio generacional. El reportaje sostiene que las nuevas generaciones de científicos, legisladores y responsables de seguridad nacional abordan estas cuestiones con mayor naturalidad y consideran legítimo investigar cualquier fenómeno anómalo mediante procedimientos rigurosos, sin prejuzgar su origen.

TIME concluye que, más allá de la existencia o no de pruebas sobre visitas extraterrestres, lo importante es que el fenómeno ha dejado de ser un tema marginal y hoy se aborda con seriedad en ámbitos científicos, políticos y periodísticos. 


JOSE ANTONIO CARAV@CA

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ERIC DAVIS: "TENÍAN NAVES INTACTAS"






Las declaraciones de Eric W. Davis nunca pasan desapercibidas. El astrofísico, una de las figuras más conocidas del reducido círculo de científicos vinculados a los programas oficiales de investigación sobre los UAP en Estados Unidos, ha vuelto a sorprender con una entrevista repleta de afirmaciones tan sorprendentes como difíciles de verificar.

Davis no es un recién llegado al asunto. Doctor en Astrofísica, ha trabajado para el National Institute for Discovery Science (NIDS), Bigelow Aerospace y EarthTech International, además de participar como asesor científico en programas como AAWSAP y AATIP. Precisamente ese historial es el que hace que, cada vez que habla, sus palabras sean seguidas con especial atención dentro de la comunidad ufológica.

Durante la conversación con el psicólogo Jeffrey Mishlove, publicada en el canal New Thinking Allowed (17/04/2026), Davis repasó su carrera y vuelve a insistir en algo que lleva años defendiendo: existe un reducido círculo de programas clasificados relacionados con los UAP al margen del conocimiento de buena parte del Gobierno estadounidense. Según él, incluso altos cargos reciben únicamente la información estrictamente necesaria.

Una de sus declaraciones más llamativa llega cuando relata una conversación privada que, asegura, mantuvo hace años con el expresidente George H. W. Bush. Según Davis, Bush le contó que, siendo director de la CIA durante la administración Ford, un oficial de enlace del Departamento de Defensa le habló de un supuesto aterrizaje ocurrido en la base aérea de Holloman, en Nuevo México. El funcionario habría explicado que existía una filmación del incidente y que representantes militares y civiles se reunieron con los ocupantes del objeto. Cuando Bush pidió ver la película, la respuesta fue tan sorprendente como inquietante: no tenía autorización para acceder a ella, pese a dirigir la CIA. No es la primera vez que circula la historia de Holloman. Lleva décadas formando parte del folclore ufológico. Jacques Vallée, J. Allen Hynek o Linda Moulton Howe ya hablaron de una supuesta película desaparecida. La diferencia es que ahora quien recupera el relato es alguien que asegura haber trabajado dentro del entramado de programas oficiales relacionados con los UAP y menciona fuentes de primer orden.

Davis sostiene además que el acceso a esa información no depende del cargo político, sino del famoso principio del "need to know": solo conoce un secreto quien necesita conocerlo para desempeñar su función. En su opinión, esa compartimentación explicaría por qué incluso presidentes o directores de agencias de inteligencia podrían permanecer al margen de determinados proyectos ultrasecretos.

Uno de los pasajes más sorprendentes de la entrevista llega cuando Davis relata una historia que, según afirma, le fue transmitida por una antigua empleada de la compañía aeroespacial TRW, posteriormente absorbida por Northrop Grumman en 2002. Según ese testimonio, la empresa custodió durante años un supuesto vehículo recuperado e intacto en unas instalaciones de la Base Aérea de Wright-Patterson. El problema era que nadie sabía cómo hacerlo funcionar. Davis asegura que uno de los científicos que trabajaba en el proyecto, mientras manipulaba el interior del objeto sin comprender su sistema de control, logró activarlo por accidente. La nave comenzó a levitar dentro del hangar... pero nadie supo cómo detenerla, por lo que, siempre según este relato, permaneció suspendida en el aire hasta que consiguieron encontrar una solución. El propio Davis identifica como fuente de esta historia a Mary Elizabeth Elliot, quien habría sido responsable de seguridad y asistente ejecutiva de TRW, y reconoce que aquella información le llegó de forma no autorizada. Añade, además, que parte de ese testimonio terminó reflejado años después en las conocidas "notas Wilson-Davis", no como prueba de la existencia del programa, sino como contexto para explicar el extraordinario nivel de compartimentación y secreto que, según él, rodeaba los supuestos proyectos de recuperación e ingeniería inversa de UAP.

En otro momento de la charla, Davis rechaza de plano algunas afirmaciones muy populares, como la existencia de gigantescas naves extraterrestres operadas por Estados Unidos o determinadas historias difundidas por Linda Moulton Howe. Las califica, sin rodeos, de falsas y asegura que nunca encontró información que las respaldara durante su trabajo en programas clasificados.

Eso resulta significativo. En un panorama donde muchas figuras parecen dar por buenas todas las historias espectaculares que aparecen, Davis marca distancias con algunas de ellas. No cuestiona la existencia de programas secretos ni la recuperación de tecnología anómala, pero sí descarta ciertos relatos que considera exagerados o directamente inventados. 

La entrevista también deja otro detalle interesante. Davis afirma que Donald Trump recibió informes sobre el fenómeno UAP durante su presidencia, pero insiste en que fueron superficiales y que nunca habría sido informado sobre supuestos programas de recuperación de vehículos ni sobre presuntos contactos con inteligencias no humanas. Es una afirmación que encaja con la narrativa defendida por varios protagonistas del movimiento de la divulgación, aunque, una vez más, no va acompañada de pruebas públicas.

La entrevista entra también en terrenos mucho más controvertidos. Davis habla de visión remota, fenómenos psiónicos, proyectos desarrollados junto a Hal Puthoff y de la posibilidad de que algunas capacidades humanas extraordinarias hayan sido objeto de investigación científica durante décadas. Son asuntos conocidos para quienes siguen la historia del programa Stargate y otros proyectos de inteligencia estadounidenses, aunque siguen siendo cuestiones profundamente discutidas y sin consenso científico.

Davis comenta sobre llamados "activos psiónicos", personas que, según él, poseen capacidades como la visión remota o la percepción extrasensorial. El científico sostiene que algunos de estos individuos participaron en investigaciones relacionadas con los UAP e incluso relata el caso de Ingo Swann, quien, según afirma, fue trasladado por personal vinculado a una compañía aeroespacial hasta un remoto lago de Alaska porque sabían que allí aparecería un ovni. Para el astrofísico, estos episodios apuntan a que determinados sectores del Gobierno y de la industria de defensa disponían de información privilegiada sobre futuras manifestaciones del fenómeno. 

Al final, tras escuchar a Davis, el problema sigue siendo el mismo desde que arrancó toda esta nueva etapa de la divulgación en 2017. Cada vez aparecen testigos mas cualificados, con declaraciones más impactantes y relatos cargados de detalles. Pero las pruebas siguen sin llegar. Y ahí está la paradoja. En el asunto de los UAP abundan los testimonios, las filtraciones y las grandes revelaciones. Lo que sigue faltando son pruebas que permitan comprobar todo lo que se afirma. Esa continúa siendo la gran deuda de una divulgación que, casi una década después, sigue prometiendo mucho más de lo que realmente ha demostrado. 



JOSE ANTONIO CARAV@CA

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EL EXAGENTE DE LA CIA QUE INVESTIGÓ LOS OVNIS LANZA UN AVISO: “HAY DESINFORMACIÓN, MENTIRAS Y MUCHO NEGOCIO”

 




El debate sobre los OVNIs y los supuestos programas secretos de recuperación de naves extraterrestres sigue alimentando titulares, pero no todos los antiguos responsables de inteligencia respaldan esas afirmaciones. James Erdman III, exoficial de la CIA que participó en investigaciones relacionadas con los UAP (Fenómenos Anómalos No Identificados) para la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos (ODNI), ha dejado clara su postura: durante su trabajo no encontró pruebas que demostraran la existencia de tecnología extraterrestre ni de programas de ingeniería inversa sobre supuestas naves alienígenas.

En una entrevista concedida a Catherine Herridge Reports, Erdman pidió prudencia ante las numerosas afirmaciones que circulan sobre el fenómeno. Según explicó, nadie debería aceptar como ciertos los relatos sobre extraterrestres o programas secretos sin evidencias directas y verificables.

“A menos que alguien te muestre pruebas de primera mano de un extraterrestre, o pruebas de primera mano de un objeto que esté siendo sometido a ingeniería inversa, o aparezcan personas diciendo: ‘Aquí están las pruebas de que este es el programa de recuperación de naves’, deberíamos mantener un saludable grado de escepticismo”.

El exagente fue todavía más contundente al advertir sobre el clima informativo que rodea actualmente al fenómeno OVNI. A su juicio, existe una enorme cantidad de información falsa mezclada con intereses económicos y personales.

“Debemos ser muy cautos con lo que se está publicando sobre los OVNIs. Hay muchísima desinformación, mentiras y también gente haciendo negocio con todo esto. Tenemos que ser muy, muy cuidadosos”.

Las declaraciones de Erdman llegan en un momento en el que continúan apareciendo testimonios de supuestos denunciantes y proliferan las teorías sobre programas secretos del Gobierno estadounidense. Sin embargo, su mensaje recuerda que, pese al creciente interés institucional por los UAP, una cosa es investigar fenómenos aéreos no identificados y otra muy distinta afirmar que existen pruebas concluyentes de visitas extraterrestres.

Fuente: Catherine Herridge Reports.




JOSE ANTONIO CARAV@CA

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BIGELOW PIDIÓ A TRUMP QUE CONFIRME LA PRESENCIA NO HUMANA






Robert Bigelow asegura que se reunió con Donald Trump en el Despacho Oval el pasado 6 de febrero durante 75 minutos y que uno de los asuntos que puso sobre la mesa fue la divulgación sobre los ovnis. Su propuesta al presidente fue extraordinariamente concreta: una sola frase, pronunciada públicamente, que confirmaría la existencia de una inteligencia no humana en la Tierra. La conversación ha sido difundida por George Knapp, quien explica que Bigelow le ha contado los detalles de aquel encuentro y que incluso existiría ya un discurso preparado para Trump, aunque no sabe si el presidente lo ha leído.
Según Bigelow, la reunión tuvo lugar el 6 de febrero. El empresario afirma que permaneció 75 minutos con Trump y que llevaba preparados siete informes sobre distintos asuntos. La narración de Knapp explica que un asistente presidencial despejó el escritorio y que Bigelow dejó allí esos siete informes antes de entrar directamente en el asunto que más le interesaba: la divulgación de los ovnis.
Bigelow asegura que trató de convencer al presidente de que el primer paso debía ser una confirmación oficial; "Estaba enfatizando que el proceso de divulgación, comenzando con la confirmación, es un gran asunto. Sabes, eso realmente es importante para alguien como el presidente de los Estados Unidos decir, 'Sí, son reales. Están aquí', y eliminar todo el otro sinsentido, todo el ruido que ha estado ocurriendo durante 80 años."
Knapp le plantea si esa confirmación debería incluir recuperaciones de accidentes, vehículos, programas de ingeniería inversa o incluso cuerpos.
La respuesta de Bigelow es menos específica de lo que cabría esperar: "Básicamente, me enfoqué en él y en cómo prepararse si no está ya preparado."
El punto central de la entrevista llega cuando Bigelow revela exactamente qué frase propuso al presidente. "Y esto es lo que quiero que digas, señor presidente: 'Una presencia inteligente no humana ha estado en la Tierra durante mucho tiempo, utilizando naves espaciales y con capacidades completamente más allá de las nuestras y de nuestra física humana.' Y eso es todo. No decir nada más. Eso es todo. Eso es todo, porque lo que esto es, es divulgación, y es en realidad confirmación."
Bigelow habla explícitamente de una "presencia inteligente no humana", de naves espaciales y de capacidades que estarían "completamente más allá de las nuestras y de nuestra física humana".
Knapp pregunta directamente si, en caso de ser presidente, Bigelow anunciaría que Estados Unidos dispone de recuperaciones de accidentes, programas de ingeniería inversa y cuerpos. La respuesta vuelve a ser inequívoca: "Sí, porque el resto del mundo ya lo sabe. Las personas que cuentan en Rusia y China ya lo saben."
La cuestión adquiere otra dimensión cuando Knapp explica que Bigelow asegura tener conocimiento directo de compañías aeroespaciales que habrían almacenado y analizado materiales y naves de origen desconocido.
Otro elemento llamativo de la propuesta de Bigelow es la idea de conceder una especie de protección a quienes, según esta narrativa, habrían participado durante décadas en el supuesto ocultamiento.
Hay otro dato que conviene no pasar por alto. Bigelow no ha querido contar qué respondió Trump. Knapp señala que el empresario se negó a revelar incluso gestos o expresiones faciales del presidente durante aquella conversación.
Por tanto, la entrevista no permite saber si Trump estuvo de acuerdo con la propuesta, si mostró interés, si la rechazó o simplemente escuchó a Bigelow.
Ese vacío es especialmente importante porque buena parte de la historia gira alrededor de una supuesta decisión presidencial que todavía no se ha producido públicamente.
El presentador pregunta a Knapp por los rumores según los cuales existiría un discurso preparado para Trump por si decide dirigirse al país sobre los ovnis.
Knapp responde: "He oído esas historias. La respuesta es sí. Hay al menos un discurso que ha sido escrito para él ahora. Si lo ha leído o no, no lo sé. Pero si se pone de humor, debería estar sentado justo allí en algún lugar del escritorio."
De nuevo, hay que precisar qué significa esto realmente. Knapp afirma haber oído que existe al menos un discurso escrito para Trump, pero no presenta el texto completo ni identifica públicamente en este fragmento quién lo redactó, cuándo, para quién exactamente o si llegó a manos del presidente.
Eso deja abierta una cuestión fundamental: ¿se trata de un documento oficial, de un borrador elaborado por personas próximas a Bigelow o de una propuesta informal?
La entrevista no lo aclara.
Bigelow también habría intentado convencer a Trump utilizando un argumento político: la posibilidad de que una eventual divulgación le garantizara un lugar destacado en la historia. Lo explica así:"El mundo va tan rápido, pero el presidente que asumió el desafío de la divulgación y de la confirmación, y que realmente construyó una conclusión satisfactoria de una relación entre seres humanos y ese tema, va a pasar a la historia como habiendo realmente logrado algo."



JOSE ANTONIO CARAV@CA Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.

sábado, 1 de agosto de 2026

LA “GUERRA CIVIL” QUE DIVIDE A LA UFOLOGÍA EN ESTADOS UNIDOS

 



TIEMPOS DE FALSA PAZ

En julio de 1863, miles de soldados se enfrentaron en Gettysburg. No fue una defensa del país ante un ejército invasor. Eran compatriotas, antiguos vecinos y ciudadanos de una misma nación, divididos hasta el punto de acabar combatiendo entre ellos. La batalla se convirtió en uno de los episodios más sangrientos de una guerra que había partido Estados Unidos en dos.

Más de un siglo y medio después, salvando todas las distancias, algo mucho menos dramático pero igualmente revelador parece estar ocurriendo en otro campo de batalla: la siempre agitada ufología estadounidense. Los que durante años compartieron trinchera empiezan ahora a enfrentarse entre ellos.

Terminó una frágil tregua. La era UAP entra en una nueva y peligrosa fase. En una escalada inesperada. Y aunque este proceso iniciado en 2017 no ha sido precisamente un camino de rosas, en estas últimas semanas la comunidad ufológica estadounidense se encuentra inmersa en lo que se podría denominar una auténtica guerra civil.

Después de casi una década de continuas promesas de disclosure, declaraciones de antiguos funcionarios, denunciantes, audiencias en el Congreso y anuncios de grandes revelaciones ha surgido un cisma. La frágil alianza entre los diferentes investigadores, divulgadores y medios ha saltado por los aires. Dentro de la comunidad ufológica cada vez hay más cansancio y críticas hacia determinadas dinámicas y personajes. Las discusiones entre unos y otros han subido de tono y ya incluyen acusaciones sobre intereses, egos, fuentes y distintas formas de interpretar la información.

Uno de los principales focos de la polémica está ahora en Luis Elizondo, UAP Gerb, Joe Murgia y tangencialemnte John Greenewald. Pero el kilómetro cero es una explosiva entrevista.


INICIO DE HOSTILIDADES

UAP Gerb en su entrevista con Ross Coulthart asegura que el Gobierno estadounidense estaría preparando una revelación limitada sobre la existencia de una inteligencia no humana, pero evitando hablar de los aspectos más comprometidos del supuesto fenómeno, especialmente los programas de recuperación de objetos y su posible ingeniería inversa. Considera que las actuales publicaciones de documentos no están abordando "el elefante en la habitación": la supuesta existencia de un programa de recuperación y retroingeniería de tecnología no humana.

A partir de ahí introduce el concepto de "narrativa controlada". UAP Gerb sostiene que la comunidad UAP se está dividiendo entre quienes quieren llegar hasta el supuesto programa de recuperación y quienes aceptarían una revelación más limitada, basada simplemente en reconocer que existen fenómenos o incluso inteligencia no humana. Para él, esta división es ya un "cisma" dentro de la ufología.

El punto más polémico llega cuando Ross Coulthart le pregunta directamente si alguien está intentando controlar el relato. UAP Gerb responde afirmativamente y señala a Luis Elizondo, aunque insiste en que está transmitiendo alegaciones y no presentándolas como hechos probados. Según su interpretación, Elizondo estaría en una posición dentro del aparato de seguridad nacional que podría permitirle participar en una estrategia de disclosure parcial. UAP Gerb considera que esto sería perjudicial para una revelación completa.

Su argumento se apoya especialmente en su interpretación de los acontecimientos de 2017. Gerb sostiene que AATIP habría funcionado como una especie de cobertura para determinadas actividades y que James Clapper habría desempeñado un papel importante en esa estrategia. Según esta interpretación, Elizondo habría sido utilizado como una figura pública dentro de una campaña de revelación limitada.

UAP Gerb relaciona esta supuesta estrategia con Tom DeLonge, John Podesta y Hillary Clinton. Interpreta los correos y contactos conocidos alrededor de DeLonge como indicios de un intento de preparar una revelación durante una eventual presidencia de Hillary Clinton. Su hipótesis es que esa revelación habría reconocido una presencia no humana, pero habría evitado hablar de recuperación de objetos, ingeniería inversa o tecnologías derivadas.

Según UAP Gerb, la llegada de Donald Trump habría cambiado ese escenario porque, a su juicio, Trump era demasiado imprevisible para quienes supuestamente querían controlar el proceso. Sin embargo, cree que la idea de dirigir la narrativa habría reaparecido posteriormente y menciona específicamente The Age of Disclosure, a Elizondo y a James Clapper.

Otro elemento importante es su valoración de David Grusch. UAP Gerb lo presenta como alguien que habría roto ese modelo de revelación limitada al hablar públicamente de supuestos programas de recuperación y retroingeniería. Incluso interpreta que las declaraciones posteriores de Elizondo sobre estos asuntos fueron, en parte, una reacción a lo que Grusch había revelado.

UAP Gerb también cuestiona la versión presentada en The Age of Disclosure. Según él, el documental simplifica demasiado la estructura del supuesto "legacy program" y deja fuera el papel que atribuye al Consejo de Seguridad Nacional. Considera significativo que James Clapper aparezca en el documental como una figura asociada a la transparencia cuando, en su interpretación, habría tenido precisamente un papel dentro de la estructura que habría mantenido oculto el programa.

A partir de ahí, su teoría se hace mucho más amplia. UAP Gerb sostiene que el supuesto programa habría sobrevivido durante décadas mediante capas de secretismo, compartimentación y estructuras de acceso especial, hasta el punto de que ni siquiera un presidente tendría necesariamente acceso a toda la información. Habla de una estructura formada por funcionarios, militares y ejecutivos de la industria de defensa que permanecen durante décadas mientras las administraciones presidenciales cambian.

También afirma que parte de la información podría haber sido destruida o escondida para impedir futuras investigaciones y menciona las afirmaciones de Grusch sobre documentos que supuestamente fueron destruidos después de que Bill Clinton preguntara por los OVNIS.

Su propuesta para solucionar el problema es bastante radical: tratar el supuesto programa como una investigación criminal, recuperar el control institucional sobre esas estructuras y obligar a declarar a personas que, según él, podrían conocer directamente su funcionamiento. Incluso plantea utilizar mecanismos de investigación y poder de citación para llegar hasta responsables de grandes empresas de defensa.

Al final de la entrevista llega a una conclusión muy contundente: si ese legacy program existe como él cree, constituiría "un cáncer en el corazón de la democracia estadounidense", protegido por sucesivas capas de secreto y planteó la necesidad de una nueva dirección para el movimiento UAP de la mano de David Grusch. Asegura que si tuviera capacidad para reorganizar el asunto desde la Casa Blanca, siendo presidente de Estados Unidos: “contrataría a David Grusch”. 


FUEGO CRUZADO

Elizondo no se ha quedado callado.

En un vídeo publicado en YouTube responde duramente a las acusaciones y, aunque no menciona a UAP Gerb por su nombre, el contexto deja bastante claro que se refiere a él y a sus recientes declaraciones. Le acusa de hacer afirmaciones "disparatadas" y "completamente falsas", de no tener información de primera mano y de buscar, según sus palabras, "clics y 'me gustas'". También critica a los medios que están dando espacio a este tipo de declaraciones. En concreto, señala a NewsNation y al programa de Ross Coulthart, al que culpa de haber dado cabida a información que considera falsa. Elizondo pide a los medios que hagan mejor su trabajo de comprobación y llega a decirle directamente a Coulthart: "por el amor de Dios, ten más cuidado con quién decides llevar a tu programa".

Elizondo retoma su eslogan más polémico cuando afirma: "Quiero destruir la ufología y sustituirla por algo mejor". Resulta paradójico que el exdirector del AATIP (Advanced Aerospace Threat Identification Program) cuestione precisamente algunas de las prácticas que sus propios críticos le reprochan. Elizondo afirma que el problema está en los investigadores que buscan protagonismo, generan polémicas y presentan como información lo que, según él, son rumores o afirmaciones sin demostrar.


LOS BANDOS DE LA DIVULGACIÓN

Joe Murgia, por su parte, continúa defendiendo a Elizondo y reivindicando el valor de sus aportaciones. Al mismo tiempo que reclama cerrar filas en torno a él, admite que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta sobre su trayectoria y sobre lo ocurrido desde los primeros años de esta nueva etapa de la investigación sobre los UAP.

Su posición es bastante clara, ya que cree que Elizondo va a ocupar un nuevo papel en Washington relacionado con el fenómeno y, por tanto, considera inútil continuar lanzando acusaciones siempre que no estén acompañadas de pruebas. No afirma que todas las dudas hayan quedado resueltas. De hecho, reconoce que él mismo quiere conocer todos los detalles de lo ocurrido desde aproximadamente 2005 hasta la actualidad y admite que esa información podría acabar saliendo a la luz. Pero considera que, mientras tanto, lo más práctico es apoyar a Elizondo y a quienes están trabajando por la divulgación. Murgia parece asumir que la discusión sobre Elizondo ha entrado en una fase en la que la cuestión ya no es decidir si debería tener protagonismo, sino observar qué hará ahora que ese protagonismo parece asegurado. Por eso pide esperar y juzgar sus resultados.

Murgia tambien dirige la atención hacia AAWSAP y hacia aquello que, en su opinión, quedó fuera de la discusión pública que comenzó a construirse alrededor del programa AATIP en 2017. Para el conocido divulgador habría razones para cuestionar por qué determinados aspectos de la investigación "paranormal" relacionada con OVNIS de AAWSAP (Advanced Aerospace Weapon System Applications Program) fueron minimizados o ignorados en la cobertura mediática inicial. Se pregunta, además, por qué James Lacatski apenas habría sido entrevistado por medios nacionales y llega a plantear la posibilidad de que alguien pudiera haber influido para que esas entrevistas no se produjeran. Según su interpretación de las investigaciones asociadas al programa, el fenómeno podría ser mucho más extraño y amplio. De hecho, sostiene que algunas de las conclusiones apuntarían hacia una naturaleza predominantemente paranormal, situando los ovnis como un subconjunto de un fenómeno mucho mayor. Esta afirmación rompe con buena parte del discurso que ha dominado la divulgación UAP durante los últimos años. La narrativa más popular ha tendido a presentar los OVNIS como posibles vehículos, tecnologías avanzadas o artefactos físicos cuyo origen todavía desconocemos. Murgia añade que existe una corriente importante que cree que los avistamientos de objetos son solamente una de las manifestaciones de algo mucho más complejo.

Murgia en sus mensajes en X apunta directamente contra NewsNation. Considera que la cobertura de la cadena comenzó con fuerza a raíz de las declaraciones de Grusch y del trabajo de Coulthart, pero que posteriormente habría derivado hacia titulares más sensacionalistas y hacia ataques contra Elizondo. Su preocupación es que esa confrontación termine eclipsando precisamente la información que considera más valiosa.

Mientras tanto, otro de los nombres de referencia de la ufología estadounidense se ha sumado al conflicto. John Greenewald Jr. ha advertía un día antes que la comunidad OVNI merece algo mejor de lo que está recibiendo en estos momentos. Una intervención especialmente significativa si tenemos en cuenta que, en los últimos tiempos, su papel parece haber perdido algo del peso que tuvo durante años dentro del movimiento, mientras tampoco parecía sentirse especialmente cómodo con algunos de los nuevos protagonistas y con la narrativa que ha ido imponiéndose en torno a los UAP desde 2017.

Greenewald no cuestiona en su alegato que un investigador pueda ganarse la vida con su trabajo —libros, conferencias, recaudaciones o cualquier otra fórmula—, sino la fórmula de quienes aseguran disponer de información capaz de cambiar nuestra visión del tema y, al mismo tiempo, convierten ese supuesto conocimiento en un producto "comercial" restringido, rodeado de insinuaciones y promesas que nunca terminan de materializarse. Esto parece un misil directo a Luis Elizondo y compañía.

El creador de “Black Vault”, cree que la ufología está cada vez más pendiente del espectáculo, las exclusivas y las grandes afirmaciones que no vienen acompañadas de pruebas. Frente a esto, Greenewald apuesta por volver a lo básico: investigar, revisar documentos, contrastar la información, debatir y compartir lo que se vaya descubriendo. En definitiva, recuperar una cultura de investigación en la que las diferentes ideas puedan discutirse abiertamente y las evidencias puedan ser examinadas por todos, en lugar de depender de supuestos secretos o revelaciones que siempre parecen estar a punto de llegar.


DAÑOS COLATERALES

Y evidentemente, en este crispado escenario, las redes sociales lo han empeorado todo. La discusión se ha convertido en una auténtica batalla campal donde cada uno toma partido y casi nadie hace prisioneros. Además, hay un sector que denuncia que cualquiera que cuestione a alguno de los protagonistas de esta nueva era UAP puede acabar señalado públicamente como «desinformador» al servicio del Estado profundo.

La ufología estadounidense está cada vez más dividida y polarizada, y en realidad no resulta difícil entender por qué. El tiempo pasa, las promesas se acumulan y, pese a todo ello, seguimos prácticamente en el mismo punto de partida con solo algunos avances muy puntuales. Y una buena parte de la comunidad ufológica comienza a mostrar síntomas de desgaste y agotamiento. Y todo esto crea facciones y bandos enfrentados.

Por un lado, están quienes siguen confiando en Elizondo y en otros protagonistas del disclosure, pese a las contradicciones, errores y polémicas que los han acompañado desde el inicio. Por otro, investigadores como UAP Gerb o Greenewald empiezan a cuestionar el proceso y reclaman algo tan sencillo como más pruebas y menos promesas.

La gran incógnita ahora es conocer si esta guerra interna es simplemente el resultado de años de frustración o si, como algunos empiezan a sospechar, también forma parte de una hoja de ruta, perfectamente orquestada, destinada a controlar la narrativa UAP. Y si fuera así, la verdadera pregunta ya no sería quién está ganando esta guerra, sino quién decidió que debía comenzar. Al final, como era de prever, los daños colaterales de este conflicto, cuyas consecuencias todavía son difíciles de medir, acabarán salpicando a todos…




JOSE ANTONIO CARAV@CA


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miércoles, 22 de julio de 2026

LA DESCLASIFICACIÓN OVNI COMO ACTO DE FE

 




El 18 de julio de 2026 lancé una sencilla encuesta en mi perfil de X. Quería conocer la opinión de la gente sobre una cuestión que, a mi juicio, ayuda a entender mejor hacia dónde se dirige hoy la ufología en Estados Unidos y cómo esa visión ha acabado influyendo en buena parte del planeta: «¿Cree que el Gobierno de Estados Unidos podría mantener ocultos durante décadas restos biológicos y naves de origen no humano sin que se produjeran filtraciones significativas?». Votaron 154 personas en el plazo de 24 horas. Y sin muchas sorpresas, el 61,7 % respondió que sí. Esto demuestra que una mayoría de los participantes estaban convencidos que, en algún lugar recóndito, alejado de miradas indiscretas, el estado profundo lleva casi ochenta años custodiando un platillo volante estrellado y los cuerpos defenestrados de sus ocupantes, perfectamente conservados en cámaras frigoríficas. Ocho décadas de silencio absoluto y puertas cerrada a cal y canto, de funcionarios escrupulosos con su deber que entran y salen sin llevarse una mala fotocopia, de militares que se jubilan con la hoja de servicios impoluta, de presidentes y políticos que dejan sus sillones sin llevarse la gloria de anunciar la noticia más importante de todos los tiempos, y de varios centenares de personas de distinta índole que, supuestamente, han pasado de puntillas por este secreto fastuoso, sin que hayan metido la mano en el archivador. Todo ha funcionado a la perfección para que nada se filtre. Al menos con evidencias. Eso sí, de boquilla el secreto ha debido de ser el peor guardado de la historia. Se hablaba de él en cafeterías, hamburgueserías, pasillos del Pentágono, bases militares y despachos oficiales. Siempre había alguien que conocía a otro que había visto algo, que había oído una conversación o que tenía un primo cuyo cuñado trabajaba donde no debía. Los rumores han corrido durante décadas como la pólvora, las confidencias de barra de bar se han multiplicado y los supuestos testigos no han dejado de aparecer. Da la impresión de que cualquiera podía enterarse del mayor secreto de la historia... salvo aportar una sola evidencia que permitiera demostrarlo.

Y en paralelo a toda esta movida, llevamos décadas escuchando exactamente la misma cantinela. Desde 2017, además, el volumen no ha hecho más que aumentar. Que la próxima audiencia del Congreso terminará con años de espera. Que si el siguiente denunciante traerá la definitiva prueba bajo el brazo. Que ahora sí van a salir los documentos OVNIS que todos esperábamos. Que si dentro de unos meses. Que si después de las elecciones es la fecha elegida. O el 4 de julio. Que si la nueva oficina creada para investigar los UAP lo va a conseguir. Y aquí seguimos. Detrás de la zanahoria sin catarla.

Cada cierto tiempo, como atrapados en un bucle, se genera una expectación enorme. Las redes hierven durante unos días. Algunos ya hablan del «principio del fin del secreto OVNI». Después llegan los documentos... y resulta que no dicen gran cosa, o simplemente no dicen nada de nada.

Pasan un par de semanas, todo se enfría y aparece el siguiente capítulo del culebrón. Es como una telenovela que nunca llega al último episodio.

Lo curioso es que las decepciones no parecen desgastar la confianza del personal. Más bien ocurre lo contrario. Cuanto más se retrasa la supuesta revelación, más convencida está mucha gente de que debe existir algo enorme detrás. El argumento obvio. Si no sale a la luz, será porque el secreto es todavía mayor.

Y eso me recordó un libro: Cuando falla la profecía (1956). Leon Festinger y sus compañeros se infiltraron en un grupo liderado por Dorothy Martin (conocida en el libro bajo el seudónimo de Marian Keech), cuyos miembros creían que unos extraterrestres les habían anunciado el fin del mundo para diciembre de 1954. Llegado el día nada ocurrió. Las facturas e hipotecas seguían vigentes. Lo lógico habría sido que abandonaran a su líder a su suerte. Pues no. Muchos hicieron exactamente lo contrario.  Cuando la profecía no se cumplió, los investigadores observaron un fenómeno muy llamativo: en lugar de abandonar sus creencias, muchos seguidores se aferraron a ellas con más fuerza y comenzaron a hacer más proselitismo. Este comportamiento sirvió a Festinger para desarrollar y respaldar su teoría de la disonancia cognitiva que viene a decir que cuando has invertido años de ilusión, tiempo y emociones en una idea, resulta mucho más cómodo modificar la explicación que admitir que quizá estabas equivocado. La profecía no había fallado; simplemente había que reinterpretarla.

Y empiezo a ver, por desgracia, un patrón parecido con la famosa desclasificación OVNI a la que asistimos impertérritos desde 2017.

Si el nuevo informe no aporta nada nuevo, da igual. El bueno será el siguiente. Si no aparece ninguna prueba definitiva, da igual. Todavía no toca. Si el denunciante promete mucho y demuestra poco, no importa. Hay otro confidente detrás de la esquina esperando su turno. Siempre hay un «ya casi».

Con todo esto, no estoy diciendo que no existan secretos oficiales relacionados con OVNIs. Ni que Estados Unidos no haya ocultado información. Sería absurdo afirmarlo. Los gobiernos clasifican documentos constantemente y algunos permanecen décadas sin salir a la luz. Pero eso no significa que tengan cuerpos o naves extraterrestres escondidos en algún hangar subterráneo del Área 51. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que muchos creen como un acto de fe y a lo que no están dispuestos a renunciar.

Mi encuesta realizada mayoritariamente sobre personas interesadas y vinculadas con el tema OVNI es clara. Más de seis de cada diez personas que participaron en mi encuesta creen que un secreto de ese calibre puede mantenerse durante generaciones sin filtraciones concluyentes. No deja de ser curioso, porque muchos de quienes sostienen esa idea también expresan una enorme frustración con las sucesivas «desclasificaciones», que al final casi siempre acaban reduciéndose a un puñado de papeles ambiguos y muchas declaraciones vacías de contenido.

Hay otro detalle que también llama la atención. Cuando un denunciante no aporta las pruebas prometidas o sus afirmaciones terminan desinflándose, no es raro ver cómo algunos de sus propios seguidores reconocen que ha exagerado, que ha equivocado o incluso que ha mentido sobre lo que iba a revelar. Sin embargo, esa pérdida de credibilidad rara vez se extiende al contenido de sus afirmaciones. Y eso si es extraño. El mensajero puede quedar desacreditado, defenestrado o ridiculizado pero el mensaje continúa siendo considerado verdadero porque encaja con lo que ya se creía de antemano. Es una situación curiosa: se admite que la persona puede haber faltado a la verdad y, al mismo tiempo, se mantiene intacta la convicción de que, en el fondo, la historia que contaba sigue siendo cierta.

En cierto modo, este mecanismo psicológico ayuda a entender por qué hoy resulta tan sencillo que prosperen determinados relatos, incluso cuando chocan frontalmente con los hechos. Vivimos en una época marcada por la llamada posverdad, en la que las emociones y las convicciones personales pesan más que las evidencias objetivas que se presenten. Para muchas personas, lo importante ya no es si una afirmación se corresponde con la realidad, sino si refuerza el edificio de creencias sobre el que han construido su visión del mundo. Cuando una información amenaza ese marco mental, suele ser más fácil reinterpretar los hechos, buscar explicaciones alternativas o desacreditar las pruebas que aceptar que quizá estábamos equivocados. De este modo, las creencias dejan de ser una herramienta para comprender la realidad y pasan a convertirse en un filtro que decide qué parte de esa realidad estamos dispuestos a aceptar.

Hay un punto casi religioso en todo esto. La revelación siempre está un poco más adelante. Nunca hoy.

Siempre mañana. Pero el mañana nunca llega…

Amén…




JOSE ANTONIO CARAV@CA


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