miércoles, 7 de octubre de 2026

LOEB TAMBIÉN QUIERE EL CAMINO CORTO




Avi Loeb parece haberse cansado de los vídeos borrosos y las eternas promesas de desclasificación. El astrofísico acaba de publicar en X que, en una reciente reunión con varios expertos y denunciantes UAPS, un funcionario del más alto nivel del Pentágono, le dijo que Estados Unidos posee «tecnología alienígena y material biológico relacionado». Según Loeb, el acceso a esos materiales permitiría ahorrar tiempo en la interpretación de los vídeos de PURSUE. Obviamente si esto fuera cierto, no merece la pena entretenerse con unos videos que en estos últimos nueve años no han aportado nada. Loeb se suma a todos los que estan apostando por la realidad de unas declaraciones que solo se basan en lo testimonial. Loeb se abona al camino corto bajo la premisa: ¿para qué perder el tiempo intentando averiguar qué hay detrás de los UAP si alguien asegura que las respuestas definitivas están almacenadas en algún lugar?

Y aquí aparece una curiosa paradoja. Loeb, que ha defendido una aproximación científica al fenómeno y ha puesto en marcha iniciativas como el proyecto PURSUE para buscar evidencias observables, termina entrando en el mismo territorio salvaje que la ufología viene recorriendo, con distintas versiones, desde los años ochenta y noventa. La diferencia es que ahora la vieja promesa de «algún día veremos las pruebas» aparece revestida de denunciantes que estan bien situados en el organigrama del Departamento de Defensa o de inteligencia. Pero hay una cuestión que no deberíamos perder de vista. La afirmación de que existen naves recuperadas, cuerpos no humanos o materiales extraterrestres almacenados no demuestra que existan. Y que un funcionario diga haberlo oído de otro funcionario tampoco convierte el rumor en evidencia.

Precisamente ahí reside uno de los problemas históricos de la ufología. Durante décadas, la atención ha sido desviada hacia una supuesta prueba definitiva que siempre estaría a punto de aparecer, pero que nunca termina de ponerse sobre la mesa. Mientras tanto, el debate se desplaza desde los casos y las evidencias disponibles hacia aquello que alguien asegura que está oculto. Y al final ni lo uno ni lo otro.

Después de años intentando encontrar el dato que permita resolver el misterio, Loeb parece dispuesto a saltarse varios capítulos del proceso y preguntar directamente por el almacén. El problema es que, en ufología, el almacén secreto lleva existiendo mucho tiempo sin que nadie de con la puerta.



JOSE ANTONIO CARAV@CA


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