domingo, 30 de marzo de 2014

APROXIMACION AL OVNI DE EMILIANO VELASCO


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La tarde del 17 de julio de 1975 Emiliano Velasco, de 49 años, trabajaba con su tractor en una pequeña parcela de Pedrosa del Rey. Todo transcurría con la rutina habitual hasta que un extraño sonido le hizo percatarse de la presencia de una no menos enigmática aeronave suspendida en el aire a pocos centímetros del suelo. “Serían las siete de la tarde -relató Emiliano a Juanjo Benítez en su mítico libro 100.000 km tras los OVNIS. Yo me encontraba todavía arando con el tractor. Iba, como es lógico, pendiente de los surcos cuando escuché un ruido muy raro, distinto al que hace normalmente el tractor. Por un momento pensé que se había averiado y me preocupé. Quizá sea una tubería rota, pensé. Pero no. Aquel ruido era como un zumbido: Un moscardoneo muy intenso. Seguí arando, pero preocupado por lo que yo entonces consideré un cambio en el ruido del motor del John Deere. Y en estos pensamientos estaba cuando, casi al punto de llegar al borde de la parcela y de detener el tractor para averiguar lo que sucedía, me encontré de cara con aquel aparato. Estaba a unos veinte metros. Y parecía flotar a unos cincuenta o setenta centímetros del suelo. Daba la sensación de que quería subir y la tierra lo atraía. Y empezó a dar vueltas en torno al tractor. Yo me dije a mí mismo:¡Anda, qué aparato tan raro! ¿Qué hará por aquí?. El periodista navarro le interrogó sobre el aspecto del artefacto: “Era como un bote de conservas -respondió el agricultor. Como un cilindro con un sombrero inclinado en la parte de arriba. Y un soporte en forma de “v” por debajo. En mitad del cilindro aquel vi también una especie de “cincho” que rodeaba todo el aparato. Tenía dos ventanillas. Una de ellas era como una puerta. Parecían ligeramente hundidas en la parte del cilindro.” .

.El testigo Emiliano Velasco narró su insólito avistamiento al periodista J.J. Benítez. (Cortesía J.J. Benítez)

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Las ventanillas, según las apreciaciones del testigo, tendrían medio metro de alto. “Lo tuve tan cerca que casi pude tocarlo. En la parte de arriba llevaba como un “sombrero” que sobresalía del resto del “bote”. De allí salían muchas “antenas”. Una, más larga que las otras (…) había unas cuantas. Estaban distribuidas como en abanico, a uno y otro lado de la más larga". Según el trabajador el artefacto tendría unos 2´5 o 3 metros de altura por 2´5 de ancho, siendo su tamaño superior al del tractor y de un material parecido al aluminio pero más brillante.
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Un extraño artefacto salió al paso del tractorista Emiliano Velasco.
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. Pese a que Emiliano Velasco siguió con su faena la presencia de aquel objeto le preocupaba enormemente. Lo mas curioso, es que a cada giro el OVNI se aproximaba al tractor, por lo que tras concluir la segunda vuelta el objeto estaba a una distancia de 10 metros, y tras unos 30 minutos de observación el artefacto acabó a tan solo 3 metros del testigo.
“A cada vuelta que daba en torno mío -describió Emiliano a Juanjo Benítez- se acercaba un poco más. Y siempre con aquel zumbido penetrante. (…) el zumbido de aquel «chisme» era tan intenso que terminé por no escuchar el ruido del John Deere.
La parcela donde yo araba tiene unos cuatrocientos metros por otros cuatrocientos. Pues bien, fíjese. En los veinticinco o treinta minutos que estuve viéndolo no dejó de girar a mi alrededor. Yo creo que daría más de treinta vueltas. Y siempre acercándose y como «flotando» a poco más de medio metro de los terrones. (…) Noté entonces que el tractor empezaba a perder potencia. No andaba bien. A pesar de mis esfuerzos iba a paso de tortuga”. En esos instantes se produce el percance más extraño de toda la experiencia. Así lo narró Emiliano: “Al cabo de unas cuantas vueltas, el aparato me deslumbró (…)

Al dar una de las vueltas alrededor del tractor, y cuando se encontraba precisamente frente a mí, despidió una luz clara y muy fuerte que me cegó. (…) Cuando yo recibí el golpe de luz en el parabrisas del tractor se iluminaron las dos ventanillas y el “cincho”. Pero no sé realmente si salió de allí (…) Cuando me faltaban sólo unos metros para alcanzar el final de la parcela y concluir así aquel surco, el objeto -que estaba más cerca que nunca- volvió a deslumbrarme. Esta vez, por la parte de atrás. Fue entonces cuando escuché un silbido y el cristal izquierdo quedó perforado. (…) Al ver la rotura del cristal, el miedo me dominó. Levanté los arados y aceleré, saliendo al sendero. Al verme de nuevo en el camino y observar que el tractor recuperaba su potencia normal lo puse a todo gas. En realidad -lo confieso- huía como un loco. Y no paré hasta la finca. Ni siquiera me volví a mirar. Yo corría, dando tumbos y tratando de poner tierra por medio.” El asustado agricultor acudió al cuartel de la Guardia Civil, tal y como describe el periodista navarro; “al día siguiente -algo más calmado ya-, Emiliano acompañó hasta la parcela 21 a un teniente y a un cabo del puesto de La Mota del Marqués, que procedieron a los análisis pertinentes. Allí mismo, los miembros de la Benemérita examinaron el cristal que había sido perforado y que todavía se encontraba en su lugar. El vidrio presentaba un orificio de, unos cinco milímetros de diámetro y prácticamente, sin las típicas fisuras radiales que aparecen siempre que se agujerea un cristal. ¿Qué había podido provocar aquel diminuto y casi limpio orificio?
Los restos del hipotético proyectil fueron buscados por la Guardia Civil en el lugar de los hechos, pero los resultados fueron negativos. Allí mismo se procedió a desmontar el cristal, a fin de llevar a efecto las comprobaciones precisas.
A juzgar por el primer análisis realizado sobre el cristal, el cuerpo, rayo o elemento que produjo la perforación tuvo que penetrar por la parte trasera de la cabina del tractor, justo por debajo del brazo izquierdo de Emiliano, que en ese instante conducía con dicho brazo apoyado sobre el guardabarros. Según comprobé, el hueco que quedaba entre el cuerpo del agricultor y la pared del tractor -por debajo del brazo- era muy reducido, exigiéndose por tanto una gran precisión en el supuesto “disparo”. El cristal en cuestión -que se utiliza para vigilar la rueda delantera correspondiente- se encuentra en estos tractores verdaderamente “escondido”, al menos para un observador situado a la espalda del tractorista. El menor fallo, por tanto, a la hora de efectuar el supuesto “disparo” habría herido sin duda al campesino.
Al proceder a desmontar el referido cristal del soporte metálico donde se alojaba, las milimétricas grietas radiales se prolongaron, cuarteando lamentablemente el resto del cristal. Pero el orificio podía apreciarse todavía con gran claridad”.
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Tras un extraño resplandor producido por el OVNI un pequeño cristal delantero izquierdo fue perforado. El diámetro del orificio fue de 5 milímetros. (Replica del autor del reportaje comparada con una moneda de 1 Euro= 23 mm,)
.El párroco Antonio felices, investigador OVNI y presidente del grupo Charles Fort, procedió a comprobar sotana en ristre, si un disparo producido por el calíbre mas pequeño existente en la fecha (22 mm.), era capaz de provocar un orificio de 5 mm. El resultado fue de 3 cm. (Cortesía J.J. Benítez) .
Si el orificio producido en el cristal de la ventanilla del tractor fue provocado por algún tipo de proyectil (tipo bala convencional), este fue disparado o lanzado cuando el testigo se hallaba de espaldas al OVNI. Para el presente reportaje el autor del mismo ha realizado una probable ruta o trayectoria (línea roja) que debió seguir el minúsculo proyectil desde que fue lanzado hasta que impactó en el cristal. En las imágenes queda patente que si se trató de un "disparo" se ejecutó con gran pericia, ya que el pequeño hueco dejado por el apoyo del brazo izquierdo sobre el tractor (círculo amarillo, fotografía inferior derecha) dejaba poco espacio para el error. Así mismo en la imagen superior izquierda se aprecia lo cerca que estuvo la supuesta "bala" de impactar en la pierna del testigo. En todo momento queda claro que, si realmente se trató de un proyectil, éste pudo haber herido al testigo, debido principalmente a que se realizó un disparo muy arriesgado teniendo en cuenta que el tractor (blanco) y el OVNI (tirador) estaban en movimiento, y el poco hueco que había para dar en el cristal. Tampoco se puede descartar que el objetivo no fuera impactar en la pequeña ventana. (El presente estudio de trayectorias no pretende ser exacto, ya que su objetivo es ilustrar aproximadamente como pudo realizarse la rotura del cristal).
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Los agentes encargados de realizar la investigación constataron que en el lugar de los hechos no existían ningún tipo de huellas o vestigios del citado artefacto.
Pero hubo otras anomalías reseñables. En el citado terreno, tal y como comprobó in-situ Juanjo Benítez, cuando el tractor circulaba por su centro las revoluciones del motor se disparaban de forma inexplicable, pasando de 2.000 a 2.500 revoluciones sólo en esa área que formaba un rectángulo de unos 12 metros de largo por 6 metros de ancho.
“En realidad Emiliano –narra Benítez-
descubrió aquella alteración en las revoluciones de su tractor cuando -en la jornada siguiente al avistamiento del ovni- tuvo que retornar a su trabajo de arada, en la conocida parcela número 21”. El grupo de investigación Charles Fort entrevistó al testigo anotando que: “Tras la observación, relatan los familiares notaron en él un cambio de carácter que les llamó la atención: estaba inquieto, preocupado, tenía menos interés en el trabajo e incluso miedo de volver a la zona de los hechos. Aquejado por diversas molestias- cuya objetivación e informe nos fue proporcionado por el facultativo correspondiente-, centradas en una perdida de visión y de oído, determinó la solicitud y posterior concesión de baja por enfermedad”. Además, dicho grupo comprobó, por mediación de su presidente el Padre Antonio Felices que un proyectil del calibre 22, el más pequeño que se podía encontrar, provocaba tras un disparo efectuado a unos 10 metros de distancia, un orificio de 3 centímetros de diámetro en un cristal, casi tres veces el tamaño del orificio de unos 5 mm. originado durante la aparición del supuesto OVNI. “Con estas primeras pruebas –informaba el grupo Charles Fort- descartamos la posibilidad, apuntada por no pocas personas, de que el orificio fuese debido a uno de nuestros proyectiles de arma de fuego convencional”..
 
Dibujo del artefacto observado por Emiliano Velasco realizado por el autor del reportaje. En colaboración con el maquetista Marcos Nicieza hemos desarrollado varios bocetos para construir una replica fiel del OVNI protagonista del encuentro del tratorista vallisoletano. .
Boceto de maqueta realizada por el genial artista Marcos Nicieza. El aspecto del artefacto poco o nada tiene que ver con los habituales OVNIs observados a lo largo y ancho del planeta. Marcos Nicieza ha trabajado con gran maestría durante mas de un año en la realización de la maqueta definitiva desarrollando varios modelos distintos. En la presente imagen uno de los primeros bosquejos donde se buscaba la forma óptima de la parte inferior del OVNI, sin duda uno de los elementos mas extraños del artefacto.
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Tras varios diseños se optó por un tren de aterrizaje formado por tres triangulos, dispuestos casi de forma horizontal, que dieran el aspecto delatado por el testigo.

Vista superior de la maqueta. En pocos meses estará terminada la replica final de la que presentamos un avance en la portada del presente artículo.
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En este sentido, los químicos D. Francisco Javier y Jesús Marín Gil tampoco lograron hallar restos metálicos en la perforación de cristal, que pudiera ayudar a identificar el tipo de proyectil que provocó el incidente, ni se obtuvieron lecturas anómalas ante un contador Geiger. El investigador Ángel del Pozo de Pablos, autor del libro La Cripta Sellada añadió que: “En los reconocimientos médicos que se le realizaron posteriormente se le apreció sordera, visión doble, disminución de la amplitud del campo visual y hemiplejia izquierda (parálisis casi total de una parte del cuerpo). Estas lesiones se fueron agravando con el paso del tiempo hasta que al final llegó su trágico desenlace: Emiliano falleció el día 8 de junio de 1978. El diagnostico era claro: “Un tumor cerebral progresivo complicado con una artrosis cervical”. El testigo falleció prácticamente 34 meses después de su inquietante experiencia. Nunca se sabrá si existió una correlación nefasta con aquel furtivo encuentro con una maquina desconocida...

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JOSE ANTONIO CARAV@CA
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