domingo, 30 de marzo de 2014

El DIARIO SECRETO DE DELLSCHAU


 
¿DESCIFRADO EL ENIGMA DE LA OLEADA AIRSHIP?




El investigador Peter Navarro, fue el primer estudioso que sugirió que el posible responsable de gran parte de los avistamientos de la AirShip ocurridos en los Estados Unidos entre los años 1896 y 1897, y protagonizados por unos enigmáticos “dirigibles” tripulados por desconocidos y nunca localizados inventores, fue el misterioso “inventor” alemán Charles Albert Dellschau, fallecido en 1924 y al que rodea una enigmática y fantástica historia, que nada tiene que envidiar a un relato de Julio Verne.
 
El enigmático Albert Dellschau... autor del no menos intrigante diario




 
En 1969, durante la celebración en la Universidad de Saint Thomas (Houston) de una exposición sobre aeronáutica, Navarro halló un antiguo álbum con recortes y notas coloristas pertenecientes a un desconocido autor. En las amarillentas páginas de aquellos documentos, que se asemejaban a un diario personal, se observaban naves aéreas dibujadas con una exquisita precisión, enmarcadas entre recortes de prensa de la época referidos a la incipiente ciencia aeronáutica.
Tras ponerse en contacto con la familia de Dellschau, el investigador logró reconstruir parte de la vida de este insólito y desconocido personaje que parecía albergar un gran secreto.

 

 

EL AERONAUTA DESCONOCIDO

Así pudo seguir la pista de Albert Dellschau, hasta 1850, año en el que se instaló en el pueblo minero de Sonora (California). Tras entablar amistad con varias personas fundó la sociedad Aero-Club, destinada al desarrollo de naves aéreas en total clandestinidad. Dicha agrupación, constituida principalmente por compatriotas germanos, consiguió desarrollar una sustancia denominada como “NB”, que podía eliminar con suma facilidad la fuerza de la gravedad. El “NB” era un potente “gas” verde, desconocido hasta la fecha para la ciencia y capaz de elevar imponentes navíos aéreos.
Aunque de forma codificada y escrito en inglés y alemán, en los documentos de Dellschau, formado en total por ocho cuadernos, se dejaba entrever que varias máquinas voladoras fueron probadas con éxito sobre los cielos de California  en la lejana fecha de 1860. Curiosamente, Dellschau nunca se dibujó en el interior de las aeronaves, aunque en las bellas ilustraciones que acompañan al texto aparecen representadas varias personas, vestidas como los caballeros de la época. Dellschau decía ser el secretario de la enigmática agrupación, que siempre se mantuvo en el anonimato. Las máquinas reciben varios nombres, tales como Aero-Trump, Aero-Schnabel, Aero-Maria, Aero-Smith, etc. Uno de los múltiples dibujos que componen el extraordinario diario de Dellschau cuenta la malograda historia del Aero-Goeit, pilotado por un inexperto socio llamado Adolf Goetz, que tras estrellar el dirigible contra un árbol, falleció al quebrarse el cuello.

Uno de los misteriosos diarios...
Las paginas del diario contienen, además de coloridos dibujos y notas manuscritas, recortes de prensa de la época.
Los investigadores que han estudiado el enigmático legado de Dellschau no se ponen de acuerdo, si obedece tan sólo a la imaginación del autor o si por el contrario es un diario de las actividades secretas de un grupo de pioneros aeronautas desconocidos.
Ejemplo de una de las aeronaves creadas por el supuesto grupo secreto de aeronautas del que Albert Dellschau era secretario
Otra aeronave descrita en las paginas de los documentos hallados por el investigador Peter Navarro
No hay dudas que Dellschau fue autor de una obra cuidadosa y brillantemente elaborada





Los investigadores también han podido saber, estudiando los manuscritos, que el Aero-Club desarrolló más de cien aeronaves distintas. Uno de los miembros del club, Jacob Mischer, no era partidario de mantener el asunto en silencio, y decidió hacer público el notorio descubrimiento, pero, al día siguiente, “pereció en una explosión” mientras pilotaba su Aero-Gander. En el cuaderno de Dellschau, auténtico incunable para coleccionistas de rarezas, por cuyas páginas se ha llegado a pagar unos nueve mil euros, también se describe que la aeronave denominada Aero-Goeit se podía camuflar como un carro de gitanos para realizar sus desplazamientos por carretera sin llamar la atención.
La vasta empresa fue financiada por un no menos misterioso grupo denominado NYMZA. El “secretario” estaba seguro de que su trabajo no sería comprendido y, por ello, escribió sus notas en clave, manteniendo el genial invento en total secreto, tras unos pocos vuelos de experimentación. En uno de los volúmenes que componen la obra de Dellschau, Navarro encontró una frase que le dejó  perplejo: “TOS WILSON Y CO”, ¿quizás Wilson y compañía o equipo de vuelo? ¿Sería el misterioso y  renombrado sediento Wilson, presente en algunos avistamientos de la AirShip, miembro del Aero-Club de Dellschau?.

Samuel Escue Tillman era profesor de química en la mítica academia militar de West Point y es señalado por el investigador Michael Busby como  el posible enlace militar del grupo de Dellschau.





 
Años después de sus inicios, Dellschau se trasladó a Houston con la intención de fundar una filial del Aero-Club. Pero tras la muerte en 1860 del destacado miembro Peter Mennis, autor de la formula “mágica” para elevar los aparatos del Aero Club, el grupo se disolvió tan en secreto como se había formado. Esto y poco más logró averiguar Navarro sobre el anónimo secretario, que quizás pudo reflejar parte de sus vivencias en estos escritos, o simplemente dar rienda suelta a su imaginación. Sin embargo el descubridor de los documentos del germano estaba convencido que podía tener alguna relación con los múltiples avistamientos de aeronaves observadas en el binomio de 1896/1897.

 

 

NYMZA Y LA CONJURA DEL GOBIERNO

Más lejos en sus afirmaciones que Navarro, el investigador Michael Busby autor del libro “Solving the 1897 Airship Mystery”. Quién asegura en las páginas de su obra que los cientos de avistamientos denunciados en aquellas fechas fueron producidos por las pruebas secretas de un grupo “clandestino” del ejército estadounidense vinculado al grupo de Dellschau. La historia arranca cuando Albert Dellschau llega a Texas en 1895, uno de los futuros epicentros de la oleada, y decide retomar la idea del aeroclub en compañía de antiguos miembros como Charles A. Smith y Willard Willson. El financiero de  toda la operación, según Busby, fue William Randolph Hearst , hijo del antiguo benefactor del grupo George Hearst, y magnate de la prensa . En ésta ocasión se unen al colectivo Samuel E. Tillman y el profesor Amos Emerson Dolbear, que curiosamente son citados en un encuentro de la AirShip ocurrido en Stephenville, y que aseguraron a los testigos que su proyecto era financiado por gente de Nueva York. Michael Busby sigue esta pista y confirma que Dolbear era profesor en la Universidad de Massachussets, siendo una de sus especialidades los motores eléctricos. Por su parte Samuel Escue Tillman era profesor de química en la mítica academia militar de West Point y es señalado por el autor norteamericano como  el posible enlace militar del grupo ya que en la fecha de los avistamientos, la primavera de 1897, se  hallaba, según documentos oficiales en “misión especial”. El ejército estaría muy interesado en las pruebas que se estaban realizando y sobre todo en las aplicaciones bélicas de los inventos del aeroclub. 
 
Otro de los personajes asociados a la trama de Dellschau es el profesor Amos Emerson Dolbear, profesor en la Universidad de Massachussets, y especialistas en motores eléctricos.
 
 
 Para Busby queda claro que los vuelos de los prototipos de Dellschau y sus colegas fueron los que  recogieron la prensa y que nada de extraño o anómalo hay en ellos, más que las intenciones de un nutrido grupo de personas por desarrollar una ingeniería aeronáutica en secreto y con fines militares para fortalecimiento de su nación. En su libro, el ingeniero aeronáutico e historiador, no incluye ninguno de  los episodios más enigmáticos de la oleada Airship, ni encuentra respuestas para algunos de los comportamientos de sus tripulantes, así como tampoco sabe que decir ante los episodios donde los ocupantes de las aeronaves fueron descritos como de apariencia no humana. Sin olvidar que muchas de las maniobras realizadas por la Airship y observadas por cientos de testigos, no podían ser reproducidas por un dirigible convencional.

 

 

EL ACCIDENTE DE AURORA

Pero uno de los puntos más controvertidos de la teoría de Michael Busby, es cuando afirma que el conocido incidente de Aurora (19/04/1897), donde se registró el supuesto estrellamiento de una de estas aeronaves y la recuperación del cuerpo de un piloto “no humano” y enterrado en la localidad texana, fue provocado por el accidente mortal de uno de los dirigibles del aeroclub. Busby concluye que su tripulante fue enterrado en el pueblo, otorgándole inexplicablemente la gente del lugar una ridícula e infundada procedencia extraterrestre, tal vez por encontrase el cuerpo totalmente carbonizado tras el percance.
 
Busby esta convencido que la aeronave que se estrelló en la localidad de Aurora era uno de los ingenios descritos en los diarios de Dellschau..
 




 
Sus conclusiones se basan en un registro de hotel del 22 de abril de 1897, donde se confirmaría, según la hipótesis de Busby,  que los conocidos Tillman y Dolbear estaban en Nueva Orleans, posiblemente tras estar varios días por la zona buscando a su compañero desaparecido en uno de los dirigibles secretos. Aunque hay que anotar el citado hotel estaría a casi 800 kilómetros de Aurora. En su empeño por aclarar el misterio que rodea el episodio del estrellamiento de Aurora, Busby menciona algunos avistamientos recogidos por la prensa, en las fechas cercanas al siniestro, en las cuales varias aeronaves parecían estar rastreando con potentes reflectores una amplia zona de Texas, en labores, según el polémico libro, de búsqueda de su compañero. Dato un tanto absurdo, puesto que, evidentemente, podían haber realizado la misma operación y en infinitas mejores condiciones a pleno sol,  ya que como se demuestra a lo largo de la oleada, los ocupantes de la Airship no temían, para nada, que los observaran desde tierra. Otra de las arriesgadas afirmaciones de Michael Busby, sugiere que el famoso acorazado norteamericano USS Maine, hundido en la bahía de la Habana en 1898 (supuestamente por un torpedo español, y que sirvió como pretexto para declarar la guerra a España), fue en realidad bombardeado desde el aire por los miembros del aeroclub, en un acto heroico y patriótico para provocar el conflicto armado. Busby pasa por alto las pesquisas modernas que han concluido, que lejos del sabotaje español, el hundimiento del Maine fue provocado por una explosión en el interior del barco que aún está por determinarse si fue accidental o provocada…

 

 

UN ENIGMA HISTORICO

Pero la teoría del ingeniero aeronáutico tiene más incógnitas por aclarar. La fabricación de motores eléctricos y potentes reflectores capaces de iluminar el suelo como si fuera de día, desde centenares de metros de altura, cuando no kilómetros, demuestra que aparte de grandes inventores de aeronaves, los integrantes del aeroclub estaban a la vanguardia del suministro eléctrico, baterías eléctricas e invención de “bombillas”. En éste sentido, hay que añadir que el supuesto “foco” produciría una ingente energía calórica que podía poner en grave riesgo el contenido gaseoso del  dirigible al elevar la temperatura del mismo. Por no mencionar que al tamaño descrito de algunas aeronaves, que podría rondar la decena de toneladas, habría que añadirle, según las apreciaciones de Busby, más maquinaria extra que no haría sino dificultar aún  más el poder vencer a la gravedad. Cosa que preocupaba poco o nada a los “amigos” de Dellschau a tenor de todas estas informaciones.

Uno de los extraños dibujos del diario...





Para algunos investigadores, la hipótesis Dellschau representa una clara pista para resolver el enigma de la intrigante oleada AirShip. Según estas pesquisas gran cantidad de los avistamientos, producidos en aquellos años, podrían ser los ingenios representados en los documentos del insólito alemán. Por tanto, para estos estudiosos, el asunto de las naves aéreas no sería un enigma, sino el resultado de unas experiencias aeronáuticas ignoradas por la ciencia de la fecha.
Pero, sin embargo, hay que tener en cuenta varios detalles importantes, que hacen sospechar de la veracidad del contenido de los documentos de Dellschau. Para empezar hay que decir que la teoría del Aero-Club, tal y como se desprende de la lectura de los diarios, se asienta en la existencia de una “sustancia” o “gas” designada como NB, desarrollada en secreto en el seno del grupo, capaz de “autosostenerse en el aire” y facilitar considerablemente la navegación aérea, sin importar el tamaño ni el peso de la máquinas a elevar. Los relatos se sitúan en 1860, casi cuarenta años antes de la oleada AirShip, y Dellschau, según indagaciones conducidas por Peter Navarro, pudo acabar el contenido de sus diarios en el año 1923...

Tampoco falta indescifrables símbolos en las paginas del diario de Dellschau
¿Volaron realmente estos artefactos?
 
 
 



 
Los dibujos de Dellschau, o mejor dicho las ilustraciones coloristas de sus cuadernos, no son dibujos técnicos, ni esquemáticos, ni descriptivos para fabricar ningún tipo de máquina aérea. Los oficios conocidos de Dellschau, carnicero, entre otras cosas, apuntan precisamente a su falta de conocimiento científico. El solo detalle de que los AirShip poseyeran multitud de luces, incluyendo un potente foco para iluminar el suelo, representaría que, además de fantásticas innovaciones en el área de la aeronaútica, el Aero-Club poseía sobresalientes conocimientos en electricidad y almacenamiento de energía.
Además, según los defensores de esta tésis, el asunto fue llevado en el más estricto secreto por los colegas del Dellschau. Esto no cuadra con las decenas de casos en que los testigos vieron cómo la tripulación de la AirShip estaba compuesta por personas de todas la edades, incluyendo ancianos, mujeres y niños, lo que indicaría que los familiares de los supuestos científicos intervenían en las pruebas. Además, en contra del argumento de la clandestinidad, estaría la extremada confianza con la que los pilotos de la AirShip se mostraban ante el público, invitando incluso a hombres armados a viajar en sus aparatos.
La serenidad de los misteriosos aeronautas era tal, que incluso la navegación aérea nocturna, considerada en aquellas fechas, y hasta muchos años después como la práctica más arriesgada, por los lógicos peligros que conllevaba, era ejecutada por los miembros del Aero-Club con una soltura desmedida, con peligrosísimas aproximaciones a tierra y caídas en picado.
Por no hablar de las asombrosas prestaciones técnicas desarrolladas por aquellos “dirigibles” de finales del siglo XIX, que no han podido ser superadas jamás por ningún otro tipo de dirigible en la historia de la navegación aérea. Ni siquiera por la famosa aviación alemana, que desarrolló los más sofisticados dirigibles de armazón rígido. Sin hacer mención a que algunas proezas adjudicadas a la AirShip son imposibles de realizar por un dirigible...
Otro de los dirigibles incluidos en los diarios






La teoría Dellschau deja un buen número de preguntas sin respuestas: ¿siguieron los miembros del Aero-Club experimentando tras aquellos impetuosos años de éxito? Por lógica, hoy día deberían estar a la vanguardia de la aeronáutica. ¿Por qué los periodistas de la época no pudieron seguir la pista del Aero-Club, ni de ningún otro inventor?, ¿por qué cuando la prensa averiguaba algo sobre un hipotético “propietario” de la AirShip todo el asunto quedaba desmontado?, ¿cuántos aparatos tenían funcionando?, ¿cómo pudieron recorrer tantos kilómetros y pasar de un estado a otro con una rapidez sólo equiparable a nuestros modernos jets?, ¿fueron los amigos de Dellschau los causantes de los avistamientos producidos años después en Gran Bretaña y Australia, y que prácticamente están calcados de los incidentes norteamericanos?, ¿son los documentos de Dellschau un diario ficticio ilustrado con la imaginería técnica de la fecha?...
Pese a todo, estos diarios se han unido para agrandar aún más, si cabe, uno de los mayores enigmas históricos de finales del Siglo XIX…

 





 
JOSE ANTONIO CARAV@CA



 


 


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