Cuando la historia de “Yankee Blue” salió a la luz por primera vez, la polémica no tardó en estallar en el seno de la comunidad ufológica norteamericana. El término apareció en un reportaje del Wall Street Journal publicado el 6 de junio de 2025, donde se relataba una supuesta y controvertida práctica interna del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Según la investigación de Joel Schectman y Aruna Viswanatha, titulada "The Pentagon Disinformation That Fueled America’s UFO Mythology" y basada en archivos de AARO (La Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios), este programa consistía en engañar deliberadamente a personal militar y técnico que trabajaba en proyectos altamente clasificados. A algunos de estos empleados se les mostraban imágenes de supuestos platillos voladores y se les hacía creer que formaban parte de un programa ultrasecreto dedicado a la ingeniería inversa de tecnología extraterrestre. La estrategia era sencilla pero efectiva, lograr que quienes recibían esas confidencias las creyeran sin dudar… y advertirles al mismo tiempo de que nunca debían hablar de ello. Incluso se indicaba que este programa funcionaba como un ritual de novatadas.
La información era contundente: “En ocasiones, como en el
caso del engaño en torno al Área 51, oficiales militares difundieron documentos
falsos para crear una cortina de humo que ocultara verdaderos programas de
armas secretas. En otros casos, los funcionarios permitieron que los mitos
sobre ovnis se arraigaran en aras de la seguridad nacional; por ejemplo, para
impedir que la Unión Soviética detectara vulnerabilidades en los sistemas que
protegían las instalaciones nucleares. Las historias tendían a cobrar vida
propia, como el viaje de tres décadas de una supuesta pieza de metal espacial
que resultó no ser nada de eso. Y una práctica de larga data se parecía más a
un ritual de novatadas de fraternidad que se descontroló por completo. Los
investigadores todavía están tratando de determinar si la difusión de
desinformación fue obra de comandantes y oficiales locales o de un programa
institucional más centralizado.”
Pese a todo, la USAF no quería que AARO y su director Sean
Kirkpatrick divulgaran estas prácticas de encubrimiento y desinformación: “Después
de ese descubrimiento de 2023, el adjunto de Kirkpatrick informó a la directora
de inteligencia nacional del presidente Joe Biden, Avril Haines, quien quedó
atónita. ¿Podría ser esta la base de la persistente creencia de que Estados
Unidos tiene un programa extraterrestre que hemos ocultado al pueblo
estadounidense? Haines quiso saber, según personas familiarizadas con el
asunto. ¿Cuán extenso era?, preguntó. El funcionario respondió: «Señora,
sabemos que duró décadas. Estamos hablando de cientos y cientos de personas.
Estos hombres firmaron acuerdos de confidencialidad. Creyeron que era real». El
hallazgo podría haber sido devastador para la Fuerza Aérea. El servicio se
mostró especialmente sensible a las acusaciones de novatadas y solicitó a la
AARO que pospusiera la inclusión del hallazgo en el informe público, incluso
después de que Kirkpatrick informara a los legisladores sobre el episodio.
Kirkpatrick se jubiló antes de que se terminara y publicara dicho informe”.
Desde el primer momento, esta presunta revelación dividió a
investigadores y seguidores del tema OVNI. Muchos pusieron en duda la realidad de
“Yankee Blue”, sobre todo por la falta de documentos oficiales que lo
confirmaran. Para algunos ufólogos, entre los que destaca John Jr. Greenewald
esta ausencia de pruebas es suficiente para considerar el “Yankee Blue” como un
nuevo engaño del gobierno destinado a confundir y desacreditar a los
denunciantes que tanto ruido mediático han generado desde 2017.
Sin embargo, que no se haya encontrado un memorando con el
sello “Yankee Blue” no significa necesariamente que este proyecto, u otro muy
similar, no haya existido. De hecho, tiene algo muy a favor de su autenticidad.
La propia narrativa OVNI de las últimas ocho décadas confirma lo escrito en ese
reportaje, ya que muchos informadores dan la impresión de haber sido
manipulados de la manera que describe “Yankee Blue”. Las historias sobre OVNIs
estrellados, tecnología inversa o la recuperación de cuerpos extraterrestres no
son nada nuevas en el ámbito ufológico, como algunos pretenden dar a entender. En
realidad, se trata de relatos antiguos que llevan años circulando y alimentando
la imaginación de los entusiastas e investigadores del tema OVNI. Quienes
descartan de plano la existencia de Yankee Blue suelen olvidar que la
mayoría de los denunciantes admiten que sus testimonios provienen de segunda o
tercera mano, sin documentos oficiales ni pruebas que respalden sus
sorprendentes acusaciones.
Más allá de “Yankee Blue”, lo que realmente llama la atención
de todo esto es la asombrosa coincidencia de lo narrado en el artículo de Wall Street
Journal con lo que hemos observado del devenir de las supuestas confidencias
gubernamentales. Esto no se puede pasar por alto, ni puede ser fruto de la
casualidad. Por eso, y no por cautela a la hora de comprobar las fuentes, a
muchos investigadores les incomoda aceptar ese paralelismo que pondría en serio
riesgo un relato fantasma que llevan años sosteniéndose débilmente como un
castillo de naipes.
Ralph Blumenthal, uno de los autores de la exclusiva de 2017,
que inauguró la nueva era moderna de los UAPS, ha afirmado que: "Hemos
recibido muchos testimonios de personas con credenciales de inteligencia. Dicen
haber manipulado naves. En algunos casos, han visto cuerpos
extraterrestres." Y añade: "Y he hablado con mucha gente. No siempre
escribimos sobre ello porque no cumple con el estándar de prueba y divulgación
que exigimos, y que también exige el New York Times, sobre todo en cuanto a las
fuentes con nombre." (News Nation. Elizabeth Vargas. 05/06/2023)
Lo importante aquí es entender que esta forma de actuar, basada
en la ambigüedad, las medias verdades y los rumores sin confirmar, podría ser
solo la punta del iceberg de un mecanismo mucho más amplio, repetido durante
décadas, pensado para moldear las narrativas y, en muchos casos, desviar la
atención del público. Que se llame “Yankee Blue” o “Majestic-12” es lo de
menos…
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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