jueves, 5 de enero de 2023

LA TEORIA DE LA DISTORSION: A LA BUSQUEDA DEL «MOTOR» DE LOS ENCUENTROS CERCANOS CON OVNIS

 




A lo largo de los años he anotado, entre diversos aficionados e investigadores, que existen dos formas erróneas de entender lo que intenta proponer la teoría de la Distorsión (TD). La primera de estas interpretaciones ha llevado a muchos entusiastas a creer que se trata de una idea que plantea un origen meramente psicológico para explicar el fenómeno OVNI. Lo que equivaldría a decir que los episodios ufológicos serían algo así como una alucinación o trastorno mental que lleva a los testigos a imaginar o proyectar un ficticio encuentro ovni ante sus narices. Resumiendo, que los OVNIs no existen. Y es por eso, que muchos detractores de la TD, continuamente, recurran a las preguntas sobre la materialidad del fenómeno OVNI para demoler mis argumentos. Obviamente esta suposición solo puede surgir de una lectura apresurada y poco mesurada de mis estudios. Pero la cosa no queda ahí. 

Existe otra malinterpretación de la TD que es, incluso, más imprudente que la anterior. Algunos ufólogos han manifestado que lo que esboza la TD es idéntico a lo ofrecido en los trabajos de Vallée, Keel, Grosso, Clark, Evans, Jung, Casas-Huguet o Freixedo, y que, por tanto, no hay sustanciales diferencias o novedades con lo expuesto anteriormente. Sin embargo, al igual que sus predecesores que contemplan la TD como una propuesta escéptica, estos investigadores ni siquiera se han molestado en leer con calma mis escritos, y algún que otro iletrado se ha dejado arrastrar por sus más bajas pasiones para criticar mis aportes.

Vayamos por el principio para aclarar lo que podemos o no encontrar en la teoría de la Distorsión. Lo primero, es que la TD no surge para proponer un origen del fenómeno OVNI, sino que su propósito era estudiar a fondo los encuentros cercanos con platillos volantes y sus ocupantes para intentar comprender su funcionamiento con la esperanza de hallar claves ocultas. Por lo que el principal objetivo y esfuerzo de mis investigaciones se han centrado en la disección de los episodios de mayor proximidad con los OVNIS, e intentar localizar patrones comunes. Este es, a grosso modo, el campo de acción de la TD. Y todo, partiendo de la base de ese axioma que aseguraba, desde hacía varias décadas, que el contenido de las experiencias ufológicas poseían un alto componente de factores socioculturales humanos que apuntaría a la participación, de alguna manera, de los testigos en la fabricación de los encuentros cercanos. Que las narraciones de los testigos OVNIS tenía una pátina demasiada cercana a nuestra civilización cómo para pasarla por alto. Que la similitud de los extraterrestres con nuestra ciencia y costumbres era impostada, incluso un teatrillo desplegado por los ufonautas con fines superlativos o siniestros. Un escenografía de cartón piedra.

Pero esta idea, siendo esencialmente cierta, había originado muchos y variados razonamientos que no terminaban de concretarse. Al menos en algo que se pudiera respaldar en algún estudio. Y no era una cuestión menor. Ya que este aspecto tenía según cada estudioso una probable  interpretación. Lo mismo se aseguraba que este inviable reflejo cultural en  una hipotética civilización alienígena era fruto de la manifestación del inconsciente colectivo (Jung), como se adjudicaba a un todopoderoso sistema de control (Vallée) que nos enredaba en un juego de espejos. Tampoco faltaban los que argüían que se trataba de un fenómeno parapsicológico (Clark/Viéroudy) una proyección mental que solidifica pensamientos y creencias en el cielo. También se abría el abanico de posibilidades a la existencia de un sofisticado sistema de camuflaje, que lo mismo era de raíz extraterrestre como demoniaco o dimensional (Freixedo/Guérin) o, incluso otros investigadores aseguraban que los encuentros con OVNIS eran el resultado de un burlesco teatro cósmico (Keel/Darnaude), que como sombras chinescas interpretaba unos roles artificiosos y falaces que no podíamos desentrañar. Pero todas estas cábalas no estaban perfectamente alineadas con la casuística. Tan solo se iba al bulto del problema. Todos admitían que el fenómeno OVNI tenía algo de humano y se abría la veda a una tormenta de ideas. No se analizaba en profundidad este hecho  para poder extraer conclusiones más certeras o al menos, más precisas.

Desde hacía varias décadas estaba claro que el fenómeno OVNI utilizaba de algún modo la psique humana para adecuar su aspecto externo.





Por eso me embarque durante varias décadas en la elaboración de la TD.  Quería ver a donde nos llevaba el análisis del factor sociocultural. Un detalle que no discutía ningún estudioso. Desde el más ortodoxo al más disconforme con la hipótesis extraterrestre, todos eran conscientes que nuestros platillos volantes y sus locos ocupantes tenían un tufillo demasiado humano. No era posible, ni sensato, que unos alienígenas venidos de algún recóndito lugar de la galaxia tuvieran pistolas de rayos, escafandras, antenas y escalerillas de aluminio. O que en sus conversaciones incorporan gestualidad humana o chascarrillos de barras de bar. Y muchos menos que actualmente nuestra tecnología de 2023, casi haya superado muchas de las características anotadas en los casos de décadas pasadas. Pero no existía una unificación de criterios para valorar este efecto demoledor. Ni siquiera se tenía claro el concepto en sí. Ya que también se decía que podía ser un error de percepción, un fallo cognitivo frente al fenómeno o quizás algún problema con nuestra memoria al revivir una experiencia totalmente fuera del rango de lo conocido. Y por supuesto los escépticos (Monnerie) replicaban que este efecto «humanizador» era una prueba de que todo el tema de los OVNIs era una completa falacia, mezcla de engaños, sensacionalismo, mala praxis de los ufólogos y hasta de un contagio cultural que hacía que la gente imaginara despierta sus encuentros.

Pero la TD aspiraba ir más allá de las primeras capas e intentar localizar la fuente y propósito de este denominado «contagio cultural». Porque de algún lugar tenía que partir. Si daba este paso, podría descifrar el verdadero «motor» que genera este tipo de eventos altamente anómalos. Y solo teniendo claro este primer y decisivo paso, podríamos descartar o elegir, con ciertas garantías, supuestos orígenes para el fenómeno OVNI.

Porque con la simple admisión de ese factor cultural no vamos a ninguna parte. Repito. Solo su correcta interpretación podrá arrojar resultados efectivos. Y es por ello que la TD no puede ser igual a lo defendido por algunos de los notables investigadores citados anteriormente, ya que ninguno abordó un estudio en amplitud de esta cuestión. Mi punto de partida estaba otro terreno distinto, quizás más cercano a lo enunciado por Monnerie en su hipótesis psicosocial que a cualquier otra conjetura. Pero aun así tiene sus diferencias, ya que las ideas de francés eliminaban por completo el facto exógeno de la ecuación.

Y aunque la argumentación para vertebrar la TD está en consonancia con algunos de los trabajos teóricos expuestos a lo largo de los años, su ordenación e interpretación es sustancialmente diferente. Y lo podemos comprobar en los puntos defendidos por la TD que han sido establecidos en función del escrutinio de la casuística ufológica:

1.- Los encuentros cercanos con OVNIs no tienen nada que ver con visitantes extraterrestres que han llegado a nuestro planeta a bordo de naves espaciales utilizando una excelsa tecnología. Pero tampoco es el resultado de un Sistema de Control que, a través de diferentes manifestaciones anómalas pretende controlar, encauzar, manipular o interferir en la humanidad. También habría que descartar toda posibilidad que incluya la participación de algún tipo de entidades espirituales o dimensionales, así como la que respalda un proceso exclusivamente parapsicológico o la ayuda omniprotectora del inconsciente colectivo de Carl Jung.

2.- Los encuentros cercanos con OVNIS son experiencias altamente subjetivas y creativas que están relacionadas con otro tipo de experiencias visionarias sobrenaturales ocurridas a lo largo de la historia, y que han tenido como protagonistas a extrañas entidades, criaturas y seres. Todos los sucesos son esporádicos, imprevisibles y aleatorios, sin que nada de lo registrado en el transcurso de una experiencia tenga una consistencia real en nuestro mundo (o en el suyo).

3.- Estamos ante un proceso parapsíquico desconocido cuyo resultado son unas experiencias altamente moldeables, donde la psique humana, interacciona de forma inconsciente con el fenómeno, otorgándole una determinada estética en un intento de decodificar la fuente del mismo. Nuestros estereotipos socioculturales, sobre todo del orden mitológico, folclórico, religioso, filosófico y sobrenatural parecen ser los elementos utilizados por nuestro inconsciente para recomponer una escena que intente ordenar el contenido experiencial. ¿Y qué quiere decir esto? Muy simple y fácil de entender. Que lo observado durante un encuentro OVNI, así como en otro clase de incidentes forteanos, sería un simple vehículo de transmisión de una información que puede llegar a perderse ante el ruido sensorial creado por nuestra interferencia psíquica. Por lo que llegado a este extremo hay que aclarar que el escenario expuesto en los encuentros cercanos no obedece a un brillante recurso del fenómeno OVNI para camuflar su verdadera estética (esencia) ante los observadores. Ni existe una intencionalidad en mostrar un determinado aspecto para engañar a los testigos según la época de la manifestación.

4.- La componente paranormal es una deriva, quizás la más importante, provocada por la implicación del psiquismo humano en la decodificación de esta realidad ampliada a la que acceden los testigos durante el fugaz contacto con un agente externo indeterminado, que puede ser en última instancia el instigador, detonador o potenciador de estos episodios visionarios (que no, alucinatorios o imaginarios).

5.- Si esta tesis es cierta, su principal conclusión nos aleja de la mayoría de los planteamientos establecidos hasta el momento, ya que la  singularidad del fenómeno no radica en lo que vemos. Eso sería tan solo un reflejo. Un proceso. Un automatismo. La auténtica realidad de estas manifestaciones trasciendo por completo la apariencia externa que registramos entusiasmados por la espectacularidad de los «efectos especiales», ya sean naves extraterrestres o entidades espirituales. Nos creemos a pies juntillas la literalidad de la imagen, tanto en su significado más obvio como en las derivaciones que incita su proceder. Pero lo más factible es que lo verdaderamente cardinal de las experiencias sea lo que hemos rotulado como epifenómenos o efectos colaterales (desarrollo PSI, clarividencia, anomalías espacio temporales, etc.). Lo que hemos anotado en nuestros cuadernos de campo, por muy atractivo que sea, no deja de ser una potente decodificación sociocultural, donde el testigo aporta la mayoría del contenido expuesto ante sus ojos en una cocreación que da pie a una arquitectura psíquica.

Por tanto cualquier análisis o hipótesis, incluso las reinterpretaciones de lo obtenido o desarrollado de estas capas superficiales de la manifestación, son inconcluyentes, inexactos e ilusorios. Ni la imagen ni la mayoría del contenido informativo de estas apariciones son provocadas por el fenómeno per se, por tanto construimos castillos en el aire cuando intentamos crear tipologías o extraer pautas de las conductas de los ufonautas. El proceso que tenemos entre manos no es el fenómeno en sí. Por tanto la forma de los OVNIS, la vestimenta y comportamiento de los ufonautas, los mensajes, símbolos y demás elementos narrativos y estéticos que encontramos incrustados en un relato ufológico no son más que meras pantallas ideográficas cuyo análisis solo nos pueden llevar a callejones sin salida.  A una vía muerta. Los episodios ufológicos son interacciones personalizadas con el fenómeno que no pueden integrarse en un conjunto fenomenológico desde una óptica convencional. No podemos hallar ni continuidad ni coherencia, ya que cada psique responderá, interpretará y desarrollará la manifestación bajo parámetros individuales. Y esto explicaría de entrada la no repetición de las naves y las tripulaciones que sufren constantes modificaciones, como adaptándose a cada individuo.

La teoría de la Distorsión defiende que casi cualquier contenido inconsciente puede ser utilizado por el fenómeno para la gestación de las experiencias. El encuentro de Rossa Lotti fue elaborado a partir de algo tan simple como un horno, chimenea o cocina de leña o carbón.

Las semejanzas entre el mapa del desembarco de Normandía y la carta estelar observado por la famosa abducida Betty Hill son evidentes.


Un ufonauta con aspecto de soldado romano fue visto "casualmente" en Roma (Caso Maltoni. 1976)


Algunos encuentros con OVNIs tienen muchas similitudes con la tecnología o imaginería humana. El 2 de noviembre de 1973, Lyndia Morel, regresaba a su domicilio cerca de Goffstown cuando se topó con un OVNI que guardaba semejanzas con un satélite de la NASA y con la nave extraterrestre de una película Came from Outer Space" (1953).

 
La ciencia ficción como han señalado con numerosos ejemplos las investigaciones de Bertrand Méheust y  Martin S. Kottmeyer, se anticipó de forma pasmosa a la narrativa de los encuentros con OVNIS.

En Italia en 1951 ocurrió en el pequeño pueblo de Voghenza un encuentro cercano protagonizado por unos humanoides, de aspecto simiesco, con escafandras y equipos de respiración autónoma a modo de mochilas. Además, estos ufonautas portaban escopetas. El suceso fue divulgado en el año 1978, pero curiosamente en una revista de ciencia ficción estadounidense publicada en noviembre de 1957 (Amazing Science Fiction Stories. Volumen 33, número 11) se reprodujeron unos seres casi idénticos a los del caso italiano para ilustrar la portada. Sin tener, aparentemente, conexión un hecho con otro, las semejanzas son notables, lo que explicaría que en la imaginación colectiva estarían contenidos todos los «ingredientes» de ciencia ficción (naves, escafandras, bombonas de oxígeno, pistolas, trajes, etc.) necesarios para que brotaran este tipo de encuentros en un sentido u otro, independientemente que hubiera un conocimiento explícito de ciertas imágenes. Y dependiendo de cada testigo y su capacidad imaginal y de interacción con el fenómeno es probable que halláramos este tipo de coincidencias.
 
En la mañana del 23 de julio de 1947, al noroeste de Pitanga (Brasil) el topógrafo José Higgins tuvo un controvertido encuentro cercano con un OVNI y sus tres tripulantes. Los supuestos ufonautas, de apariencia humanoide eran completamente calvos y no tenían vello facial. Cuando el testigo les preguntó de donde venían dibujaron en el suelo siete círculos con un punto central y señalaron que venían de Urano, aunque ellos lo expresaron con las palabras «Alamo» y «Orque». Curiosamente la ciencia ficción ya había planteado este simple método de comunicación en una obra de 1939, aunque en este caso eran los astronautas humanos (con cierto parecido a los extraterrestres brasileños) los que lo utilizaban para indicar su lugar de procedencia a unos alienígenas de estrafalaria forma. Mas que una traslación de conceptos por conocimiento explicito de la información, mi opinión es que hablamos de la capacidad imaginaria del ser humano que es capaz de concebir escenarios y personajes fantásticos que se después se recrean en los encuentros cercanos con OVNIS.


Muchos de los aspectos presentados por en los encuentros cercanos con OVNIs, son vistos en la actualidad como retro o vintage, indicando claramente que el fenómeno tiene un potente componente cultural. (Imagen del año 1947. Amazing Stories)

El 3 de diciembre de 1967, en Ashland, Nebraska (EE.UU.), el sargento de policía Herbert Schirmer fue protagonista de un increíble encuentro OVNI que hoy nos parecería un tanto «teatral»




6.- La investigación de la casuística OVNI debe ser realizada caso a caso, teniendo en cuenta que, la participación de que cada testigo, obtendrá un resultado diferente en su intento personalísimo e intransferible de decodificar esta realidad ampliada. Y aunque para realizar esta lectura un grupo amplios de testigos se valgan de unos mismos
estereotipos los resultados nunca serán los mismos. Los estereotipos solo funcionan a modo de filtro, no son un esquema fijo e inamovible, por lo que aunque diferentes testigos utilicen el mismo concepto, en nuestro caso la idea de la llegada de los extraterrestres a la Tierra, nunca podrán obtener el mismo resultado, ni por supuesto conseguir una perfecta continuación de un proceso ejecutado con anterioridad. Lo que nos indica que el fenómeno es incapaz de trasladar los mismos conceptos de un lugar a otro. La información no viaja de un lado a otro.

Para llegar a estas deducciones he tenido que diseccionar un buen número de encuentros cercanos con OVNIS para entender cómo se puede producir la transferencia de información entre el sujeto y el fenómeno. Y  para ello  he sintetizado el contenido visual y narrativo de estas experiencias para efectuar comparaciones con el material que rodeaba a los testigos. Con la intención de ver la dirección de la transmisión (testigo/fenómeno o fenómeno/testigo). Este detalle es más sustancial de lo que parece. Había que averiguar de donde brotaba exactamente la información que componía la escenografía ufológica. Del inconsciente del testigo, del inconsciente colectivo o si por el contrario había un fuente externa que utilizaba este lenguaje a modo de mensaje cifrado. La paternidad de la escenografía podría darnos muchas pistas.

Así mismo había que dilucidar si estos contenidos derivaban de la ciencia ficción o de otros medios como las publicaciones sobre platillos volantes ya que algunos autores creen que este material sería la «biblioteca» de la que nutriría el inconsciente personal, el colectivo o la fuente externa. Pero esto conllevaba otro enigma. No era lo mismo la incorporación de la información por contaminación directa, por contacto con estas obras de ciencia ficción, televisión, radio o revistas sobre OVNIs o si el contagio se producía por una vía desconocida. No eran simples matices. 

Y la conclusión a la que llegué es que, probablemente, la mayor parte de lo visualizado en estos encuentros es información distorsionada albergada con anterioridad en los propios observadores sin ningún aporte o influencia externa. Los conceptos extraídos del inconscientes se distorsionan por el proceso constructor de la escenografía que los incrusta en un extraordinario collage de características oníricas. Y uno de los datos más significativos que obtuve, es que la arquitectura psíquica (que no irreal) podía tomar casi cualquier tipo de contenido alojado en nuestra psique para conformar su estética, desde un mapa de una batalla de la Segunda Guerra Mundial (CASO HILL. 1961), una cocina de leña (CASO LOTTI. 1954) o las pirámides de Egipto (CASO MARIBEL. 1997). Por tanto, no solo los contenidos relacionados con los OVNIs, la ciencia ficción o la astronáutica influían en la elaboración de las experiencias. De ahí, la insolente inestabilidad de lo observado. De hecho, el estudio de la ciencia ficción (Méheust/Kottmeyer) demostraba que la imaginería humana ya había delineado muchos de los ingredientes vertidos por la casuística ufológica antes de que estos fueran desplegados por el fenómeno OVNI, pero sin embargo no quedaba claro que esto fuera lo que literalmente copiaban los ufonautas en sus apariciones, ya que, en la mayoría de las ocasiones los testigos no tenían acceso a esta información (visual o narrativa). Sin contacto directo no parecía que la ciencia ficción (libros, comics, cine, etc.)  pudiera influir en los testigos (a no ser que admitamos la existencia de un medio desconocido de conocimiento; telepático, inconsciente colectivo, parapsíquico, etc.), pero sin duda esta demoledora «precognición» demostraba un aspecto más que interesante, la mente humana tenía la capacidad para esbozar la idea embrionaria de los visitantes extraterrestres de rayos de luz, escafandras y contactos en el desierto. Lo imaginal, nos gustase más o menos, cobraba vida en los encuentros con OVNIS.

Tras analizar la casuística ufológica queda claro que ante unos mismos factores no solemos hallar, de manera inexplicable, los mismos resultados (huellas sobre el terreno, quemaduras por exposición a un haz de luz, dolores de cabeza, vómitos, paralización, alteración del sueño, etc.) Es decir, los platillos volantes per se, no arrastran unos determinados efectos, de lo contrario existiría uniformidad en sus acciones. Por tanto hay algunos elementos que se nos escapan en esta ecuación. Y la teoría de la Distorsión plantea que la materialidad de los OVNIS, así como otro tipo de repercusiones, son debidas quizá a la interacción de cada testigo con el fenómeno. Teniendo en cuenta que, realmente lo único que cambia siempre en los encuentros son los testigos, y estos pueden determinan algunos aspectos de la manifestación.





Pero la influencia de los testigos en la composición encubierta de los episodios OVNIS no solo abarcaba el espectro visual. A parte de otorgar una estética personalizada a la manifestación, concluí que probablemente los observadores incitaban parte del comportamiento de los ufonautas como si fueran los personajes de un sueño. Entonces, ¿qué son los encuentros cercanos con OVNIS?

La consecuencia más inmediata de este trasvase de información (para la decodificación) es la proyección de una compleja escenografía, una suerte de realidad virtual (que no imaginaria) encajada dentro de nuestra realidad habitual. En ocasiones estas experiencias visionarias pueden albergar «materia» y provocar diversos efectos cuantificables sobre el medio y los observadores (aunque todos ellos con alta extrañeza). El procedimiento que ejecuta la narrativa de esta arquitectura psíquica tiene una forma de proceder (guionizar) muy similar al que experimentamos en estado onírico. Hay que recordar que nuestra psique mientras duerme, entre otras cosas, consigue  componer fantásticos y complejos escenarios, acciones y diálogos dignos de una película de Hollywood. Pero todo se adereza con cierto aire de surrealismo y desorden, sin una estructura temporal o argumental coherente. De ahí, quizás, aunque sea un proceso distinto, la enorme carga de absurdez de los encuentros con OVNIS, y las anomalías espacio temporales y sensoriales que se señalan.

Y si esto es así, hay que eliminar de un plumazo todos las planteamientos que ven en este proceder absurdo un sistematizado teatro OVNI cuya función sería sumirnos en un desconcierto total. Tampoco se trataría de una soberbia manipulación psíquica (Keel) ni incluso, como apuntan los más optimistas, de un adiestramiento ultradimensional a modo de enseñanza zen ultraterrestre (Vallée).  

Estoy convencido de que, tanto lo visual (el aspecto general de lo observado) como lo informacional y lo conductual (las acciones y conversaciones de los ufonautas) surge en cierta medida de la interacción del testigo con el fenómeno, por tanto, nada de  esto puede ofrecernos pistas fiables sobre el origen y propósito de las manifestaciones aunque si sobre el proceso constructor de la experiencias. Los seres y entidades que aparecen son erigidos desde la nada, como objetos creados con un «barro» psíquico, y su función, aunque distinta por ejemplo al de la nave de la que descienden, tienen en el fondo la misma naturaleza que el resto de los elementos que observamos.

Por tanto los ufonautas no son entidades independientes, ni las inteligencias que están detrás de las visiones, son tan solo partes interactivas con una función específica en este proceso interactivo. Y por muy fascinantes y cautivadoras que nos parezcan las apariciones del fenómeno OVNI, estas son un mero señuelo sensorial que no nos puede distraer ni llevar a elaborar complejas hipótesis sobre manipulaciones o controles sociales o evolutivos. Pero podemos subir la apuesta...

¿Qué ocurría si, independientemente de la naturaleza de los objetos avistados por el piloto estadounidense la gigantesca repercusión mediática provocada por su relato hubiera accionado, sin pretenderlo, los mismos resortes psíquicos que en tiempos pasados originaron determinados fenómenos y encuentros con entidades desconocidas que dieron paso a las creencias sobrenaturales? ¿Y si todo lo ocurrido tras el incidente de Kenneth Arnold en 1947 fuese el caótico resultado de un potente efecto llamada que consiguió reactivar un fenómeno milenario de carácter psicodimensional? ¿Y si las numerosas publicaciones sobre platillos volantes incitaron la imaginación humana y fueron la chispa adecuada que conformaron y dieron cuerpo a un nuevo y renovado escenario para que estas manifestaciones se canalizaran en el siglo XX?

Los encuentros con OVNIs tienen relación con otras experiencias visionarias recogidas a lo largo de la historia y que han tenido como protagonistas a diversas entidades, criaturas y seres desconocidos.

¿Si Kenneth Arnold en 1947 hubiera comentado a la prensa que había visto dragones sobre el monte Rainier hubiera tenido la misma repercusión en el imaginario humano de mitad del siglo XX que la idea de los platillos volantes de otros mundos? ¿Se hubieran visto más dragones volando por nuestros cielos? La teoría de la Distorsión subraya que el acontecimiento fundador de la ufología moderna es independiente y no tiene nada que ver con lo desarrollado posteriormente por los relatos de encuentros cercanos. Esta sensacional noticia reproducida en todo el planeta,  causando una fascinación inusitada, activó, a nivel planetario, los mismos resortes psíquicos que antaño (pero nunca de una forma tan masiva)  provocaron y promovieron la aparición de otro tipo de entidades y seres.  El avistamiento de Kenneth Arnold fue la cerilla que encendió la mecha, pero no era la dinamita que ocasionó la explosión. 

Tal y como plantea la teoría de la Distorsión, en las manifestaciones del fenómeno ovni, y por ende, en las de cualquier otro tipo de entidad, criatura o ser desconocido del extenso universo forteano, no existe nada prefijado con antelación antes de que se produzca el encuentro con los testigos. Ni la estética, ni la narrativa se conocen hasta que se establece el contacto entre el observador y el paradigma y comienza el proceso creativo que dará luz al singular episodio. Y por supuesto tampoco está definido de ninguna manera que el «protagonista» de la aparición vaya a ser un platillo volante, el difunto abuelo Anselmo o la Virgen María. Tan solo la fuerza de una específica creencia, puede hacer que, en una determinada época, en la cual la puerta abierta hacia esa otra realidad queda marcada por un potente «mito», se exprese con mayor rotundidad una manifestación sobrenatural sobre otra. Pero no existe ninguna razón para que el fenómeno se enfunde en una máscara con mayor determinación o intención. De hecho, a veces, incluso teniendo prefijados determinados aspectos estéticos y narrativos, los «credos» forteanos son maleables, versátiles, adaptativos y nada uniformes. Por ejemplo, en muchos encuentros con supuestos platillos volantes se entremezclan de forma admirable y caótica diversos elementos identitarios de otro tipo de manifestaciones (fantasmas, apariciones marianas, seres elementales, etc.), generando una suerte de experiencias que se hallan en tierra de nadie. Auténticas rarezas surgidas de los recovecos más delirantes del proceso creativo que conforma y da vida a estas apariciones. Y esto demostraría que estamos enfrentados a episodios altamente interactivos, cuyas interpretaciones son más indefinidas e inasequibles, de lo que muchos ufólogos están dispuestos a admitir. Auténticos cuadros abstractos a la espera de nombre. Si la Distorsión está en lo cierto y estamos enfrentados a mecanismos y procesos psíquicos fortuitos, la asimetría y el descontrol tiene que prevalecer sobre cualquier otro aspecto, incluso sobre cualquier intento regulador por parte del paradigma.





Hay que recordar que la idea de que fuéramos visitados por astronautas de otros mundos atrajo inmediatamente la atención, interés e imaginación de millones de personas en todo el mundo que lo vieron como una posibilidad más que real . Casi en una fascinante certeza científica envuelta en un misterio sobrecogedor. Y es que, por primera vez en la historia de la humanidad, la creencia en un paradigma anómalo (en este caso los ovnis), consiguió extenderse de manera exponencial, consiguiendo unas amplias ramificaciones que hace siglos hubiesen sido inconcebibles. Es como si los plazos de tiempo o «contagio» establecidos hasta la fecha para la evolución de un fenómeno relacionado con la posible existencia de unas manifestaciones de seres y entidades desconocidas (apariciones marianas, hadas, demonios, difuntos, etc.), hubieran sido acortadas de forma drástica y lo que durante decenios fueron manifestaciones englobadas en diferentes sociedades y culturas, casi de forma endémica, dieron un gran salto a nivel mundial  auspiciadas por los medios de comunicación.  Por tanto, ¿fue el célebre avistamiento de Kenneth Arnold un instigador silencioso, una autentica detonación atómica en el núcleo del cosmos mental colectivo que generó una onda expansiva que afectó a miles de potenciales testigos?, ¿consiguió la sincrónica creencia generalizada de millones de personas abrir una fisura en una dimensión cognitiva inexplorada y provocar miles de experiencias filtradas bajo un mismo prisma: lo extraterrestre ?,  ¿o, por el contrario, este efecto relámpago hizo que personas de toda índole y condición pudieran sintonizar momentáneamente la señal emitida desde el universo de donde proceden estas manifestaciones?, ¿dio origen Kenneth Arnold al último gran folclore de la humanidad, que en síntesis era una prolongación de otros arcanos ancestrales? De hecho, analizándolo fríamente, los modernos encuentros con seres alienígenas, con toda su parafernalia cósmica absurda, y pese a su pretendida pátina tecnológica, no varía en demasía de los contenidos expuestos por los distintos folclores que hablaban de apariciones de seres y entidades desconocidas parapetadas tras fantasmagóricas nieblas y extraños fulgores. La mitad del siglo XX ofreció un caldo de cultivo irrepetible a nivel social, que hacía que una suma de factores auspiciados entre otras cosas por la potente imaginería humana, configuraran y dieran forma a un reciclado paradigma ancestral. En aquellas fechas se produjo una conjunción sin par, se fusionaba el mundo antiguo con el moderno, las supersticiones con la informática, y durante un determinado espacio de tiempo las creencias en la vida extraterrestre y su supuesta llegada a la Tierra emergieron con una fuerza inusitada instalándose en el inconsciente de mucha gente. La imaginación, la fascinación, las creencias y algunos estados de conciencia, probablemente sean los motores ocultos de muchos de estos fenómenos. Y no se podría descartar que un acontecimiento sin relación directa con la manifestación de esta realidad arrolladora para los sentidos (por ejemplo la discusión sobre unos misteriosos avistamientos lejanos), pero con la suficiente carga de profundidad en el reino de lo emocional pudiera activar determinados resortes psíquicos, provocando la manifestación de este paradigma.  

Si una genuina nave alienígena, 100% de chapa y tuercas, aterrizara mañana mismo en mitad de los jardines de la Casa Blanca ante la atónita mirada del presidente de los Estados Unidos, este acontecimiento no podría resolver el maremágnum de crónicas de otros tiempos salpicadas con aderezo tecno-espacial que ha erigido la monumental casuística ovni. ¿Podría explicar el desembarco de unos viajeros extraterrestres procedentes de un planeta lejano en 2021 un incidente ovni ocurrido en 1974 en un pequeño pueblo de España, o en una apartada región italiana en 1954?, ¿resolvería un exiguo aterrizaje ovni certificado por las autoridades los miles de incidentes ufológicos registrados en todo el mundo?, ¿podría despejar nuestras interrogantes surgidas de los cientos de sucesos sin pies ni cabezas que componen lo que hemos denominado «ufología»? ¿o quién diablos le cocinó las tortas a Simonton en 1961? Me temo que no. Ni de lejos. A no ser que los alienígenas dieran una rueda de prensa de varios meses de duración explicando uno por uno estos incidentes.

Las experiencias OVNIs podrían ser simplemente ruido e interferencias provocados por nuestra mente al penetrar en una arrolladora y sugestiva realidad ampliada que siempre ha estado ahí. Una dimensión moldeable que a lo largo de la historia ha dado esporádicas señales de vida para demostrarnos que el universo no acaba en lo que percibimos, sino que probablemente nuestra psique es capaz de viajar más allá de lo que conocemos. A un lugar que quizás alberge respuestas sobre nuestra existencia y devenir… ¿Quién sabe?







JOSE ANTONIO CARAV@CA

Prohibido la reproducción total o parcial del material incluido en el presente blog sin previa autorización del autor. Propiedad de José Antonio Caravaca.





ANEXOS:

LA ECUACIÓN TESTIGO/FENOMENO

La teoría de la Distorsión establece una relación entre el observador y lo observado. En nuestro particular examen, podríamos dividir los encuentros con ovnis en dos partes complementarias, el testigo y la experiencia. EL TESTIGO: Si cuando investigamos un encuentro cercano analizamos con atención al testigo, por ejemplo, preguntando por sus aficiones, estudios, lecturas, profesión, etc., es muy posible que parte de este contenido se vea reflejado de alguna manera en la estética o narrativa de su incidente (dependiendo de lo complejo que sea). Por tanto, antes siquiera de escuchar los detalles del encuentro que ha protagonizado, podemos intuir o predecir algunos elementos que encontraremos en su relato. Por ejemplo, si el testigo es entusiasta de la cultura egipcia es muy factible que esta afición rezume por algún lado de su avistamiento (por ejemplo, que el ovni observado tenga forma de pirámide o que los ocupantes llevaran un cinturón con jeroglíficos). Pero hay más. El propio entorno habitual del testigo puede ofrecernos pistas inesperadas. Si el observador tiene frente a su domicilio una particular edificación, con una forma muy concreta y poco común, como por ejemplo una torre de agua o una antena repetidora, es muy posible que el platillo volante adquiera una forma muy similar (lo que denominaríamos como el origen visual de la conformación de la estética). Y del mismo modo, hay que anotar todos los detalles inherentes a la personalidad del observador. Si el testigo es asustadizo o cauteloso, es muy probable que su encuentro con los ufonautas no será muy cercano y los seres ni se molestarán en hablar con él o invitarle a subir a la nave a tomarse un refrigerio. De hecho, si su miedo es exacerbado seguramente ni tenga la oportunidad de ver claramente a los ocupantes del ovni o tenga un encontronazo aterrador. Sin embargo, como vimos anteriormente, en individuos más curiosos, extrovertidos, aventureros o valerosos, los tripulantes serán mucho más amigables y existirá una mayor interacción con el fenómeno (lo que denominaríamos como el origen de la conformación de la narrativa).  Y del mismo modo en observadores más intelectuales (no necesariamente avalado por estudios) elevará el contenido de la comunicación con los ufonautas. 
FENOMENO (LA EXPERIENCIA): De la misma manera, si estoy en lo cierto, el proceso que conforman los encuentros cercanos con ovnis es de ida y vuelta.  O sea que la información de una de las partes de nuestra ecuación es igual a la contraria. Por tanto, si cuando leemos atentamente los pormenores de un encuentro cercano, prestamos especial atención a la forma del ovni, el comportamiento de los ufonautas o a los detalles descritos por los testigos, conseguiremos elaborar un perfil aproximado sobre el tipo de persona que informaría sobre ese tipo concreto de experiencia. Y es que el estudio de la estética y la narrativa de los incidentes nos pueden facilitar muchos datos encubiertos sobre la personalidad del observador (ya que todo lo observado ha brotado de su psique). Por ejemplo, en un suceso donde el testigo haya descrito un ovni con forma de helicóptero y a sus ocupantes como parecidos a militares, es muy posible que esta persona tenga alguna vinculación con el ejercito o que pueda vivir o trabajar en las inmediaciones de una base militar (lo que denominaríamos como el origen de la conformación de la estética). Igualmente, si los ufonautas tenían un aspecto terrorífico y evitaron acercarse al observador es muy probable que esta persona no sea muy atrevida o extrovertida (lo que denominaríamos como el origen de la conformación de la narrativa). Si tenemos en cuenta esta forma de enfocar los casos, comprobaremos la existencia de una serie de patrones, tanto narrativos como estéticos, que parecen repetirse con cierta sospechosa frecuencia en la casuística. Es usual, y así lo refleja la literatura, que tanto niños (por sus juegos), policías, militares y personas que poseen o gustan de las armas de fuego, tengan experiencias ovnis donde los ufonautas portan algún tipo de objeto que identifican como un arma. Además, para mayor pasmo, estas armas (supuestamente originadas por una civilización extraterrestre), en la mayoría de los casos, son muy parecidas, casi al detalle, de nuestras pistolas o fusiles, lo que hace rápida y evidente su identificación y función por parte de los testigos. Tampoco parece casual que la mayoría de casos con ufonautas con apariencia del famoso muñeco de Michelin hayan sucedido en territorio francés,  de donde es origen la marca de neumáticos.

LA DECODIFICACIÓN
Las verdaderas aportaciones de la TD para la comprensión del fenómeno OVNI se pueden revisar en el análisis de algunos de los incidentes contenidos en mis investigaciones y libros. Este es el genuino germen de la TD:

CASO MANUEL DOS PASSOS DA SILVA (PORTUGAL. 1952) Forma del OVNI y apariencia del ufonauta.
CASO LOTTI (ITALIA. 1954) Forma del OVNI, apariencia y comportamiento de los ufonautas.
CASO TRIPOLI (LIBIA. 1954) Forma del OVNI y apariencia del ufonauta.
CASO DINAN (FRANCIA. 1955). Apariencia del ufonauta.
CASO HILL (USA. 1961). Mapa Estelar. Vestimenta de los ufonautas.
CASO JOE SIMONTON (USA. 1961) Apariencia y comportamiento de los ufonautas.
CASO CISCO GROVE (USA. 1964) Apariencia y comportamiento de los ufonautas.
CASO NEW BERLÍN (USA. 1964) Comportamiento de los ufonautas.
CASO HAMPTON (USA. 1966) Forma del OVNI.
CASO TAD JONES (USA. 1967) Forma del OVNI.
CASO ISLA DE LA REUNIÓN (FRANCIA. 1968) Apariencia del ufonauta.
CASO TORIBIO PEREIRA (BRASIL. 1968). Vestimenta de los ufonautas.
CASO MATADEPERA (ESPAÑA. 1969) Forma del OVNI.
CASO AZNALCÓLLAR (ESPAÑA. 1971). Forma del OVNI y comportamiento de los ufonautas.
CASO DEMING. (USA. 1972) Apariencia del ufonauta.
CASO JOHNY SANDS (USA. 1973) Apariencia del ufonauta
CASO CORELL. (ESPAÑA. 1974) Apariencia del ufonauta.
CASO PAUL BROWN (USA. 1973) Vestimenta y comportamiento de los ufonautas.
CASO LYNDIA MORET (USA. 1973) Forma del OVNI.
CASO ISLA DE LA REUNIÓN (FRANCIA. 1973) Apariencia del ufonauta.
CASO LAKE COMMON (INGLATERRA. 1973) Apariencia y comportamiento de los ufonautas.
CASO WARNETON (BÉLGICA. 1974) Apariencia del ufonauta.
CASO KOFU (JAPON. 1975) Apariencia del ufonauta.
CASO JEAN DOLECKI (FRANCIA. 1976) Apariencia del ufonauta.
CASO MALTONI (ITALIA. 1976) Vestimenta de los ufonautas.
CASO SUNDERLAND (INGLATERRA. 1976) Apariencia y comportamiento de los ufonautas.
CASO TALAVERA LA REAL (ESPAÑA. 1976) Apariencia del ufonauta.
CASO CABINA VOLADORA (ESPAÑA. 1977) Forma del OVNI y vestimenta de los ufonautas.
CASO TORDESILLAS (ESPAÑA. 1977). Forma del OVNI.
CASO SANGONERA DE LA VERDE (ESPAÑA. 1979) Vestimenta del ufonauta.
CASO LAXTON (USA. 1966). Forma del OVNI, vestimenta y comportamiento de los ufonautas.
CASO JUAN GONZALES SANTOS (ESPAÑA. 1982). Forma del OVNI, vestimenta de los ufonautas y símbolos observados en el fuselaje del objeto.
CASO BURTOO (INGLATERRA. 1983) Forma del OVNI comportamiento de los ufonautas.
CASO VORONEZ (RUSIA. 1989) Apariencia del ufonauta. 
CASO MARIBEL/PIRAMIDE (ESPAÑA. 1997) Forma del OVNI.

 

 

 


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