UAP Gerb sostiene que AATIP formó parte de una estrategia de divulgación controlada mucho más amplia, vinculada, según su interpretación, al Consejo de Seguridad Nacional y a James Clapper. Sitúa esta iniciativa entre 2009 y 2017 y considera significativo que coincidiera con otros acontecimientos ocurridos entre 2009 y 2012, como una campaña de la Fuerza Aérea que pretendía llevar determinados programas al ámbito público, las restricciones impuestas a una sesión informativa de MITRE y el rechazo del programa Kona Blue. Para Gerb, podría existir una conexión entre todos estos movimientos y el posterior desarrollo de AATIP.
Según su reconstrucción, AATIP habría funcionado como una cobertura para varias actividades del Consejo de Seguridad Nacional y habría contado con el respaldo de Clapper para una iniciativa de divulgación parcial. Gerb relaciona esa operación con distintos contactos políticos y empresariales. Entre ellos menciona a John Podesta y los intentos, según su versión, de convertir a Hillary Clinton en una eventual «presidenta de la divulgación». También incluye a To The Stars Academy, al general McCasland, personal de Lockheed Martin Skunk Works y, de forma más imprecisa, a posibles miembros de agencias de inteligencia.
Gerb sostiene que el objetivo de ese esfuerzo habría sido realizar operaciones psicológicas, coordinar narrativas y distribuir información parcial sobre el fenómeno OVNI. Al mismo tiempo, considera que la protección de determinados intereses de los programas de legado habría sido una prioridad. No afirma conocer con exactitud la razón de esta estrategia. Una de sus posibilidades es que Clapper y otros responsables de inteligencia consideraran necesario permitir que saliera parte de la información para reducir la presión existente alrededor del fenómeno, pero sin poner en riesgo determinadas ventajas de guerra asimétrica ni los intereses vinculados a esos programas.
El propio Gerb reconoce que estas afirmaciones le han generado críticas. Dice que preguntó personalmente a personas que, según él, estuvieron implicadas en aquel esfuerzo si AATIP había coordinado iniciativas de divulgación con Clapper. Su conclusión es que las respuestas no fueron satisfactorias. Afirma que algunos de los interrogados se negaron a confirmar o desmentir esa relación y que tampoco quisieron responder en ausencia del propio James Clapper. Por eso considera que AATIP sigue siendo uno de los episodios más oscuros de esta historia y utiliza nuevamente su conocida metáfora de la «cebolla», al describirlo como un intento de que una capa del sistema hable de otra desde fuera.
La cronología de Gerb salta entonces a 2017, cuando sitúa la creación de Immaculate Constellation, al que identifica como un programa especial de acceso no reconocido. En su relato, su aparición coincide con los últimos años de AATIP y con la etapa en la que Clapper había sido director de Inteligencia Nacional y, según Gerb, mantenía relación con la estructura de los programas de legado. Afirma que Immaculate Constellation se habría originado dentro del Consejo de Seguridad Nacional.
Gerb describe IMCON como una especie de «guante receptor» capaz de reunir una gran cantidad de información y firmas relacionadas, según su interpretación, tanto con UAP de origen no humano como con posibles vehículos de reproducción. Su función habría consistido en extraer determinados encuentros OVNI de los canales de datos en los que normalmente quedarían registrados. Menciona información procedente de satélites de la NGA y la NRO, sistemas RQ-9 Global Hawk y plataformas de recopilación de inteligencia de señales. Según su relato, todos esos datos terminarían en un repositorio central al que tendrían acceso únicamente determinados miembros autorizados de IMCON y del Consejo de Seguridad Nacional.
Gerb relaciona esta supuesta estructura con las declaraciones de David Grusch sobre sistemas capaces de hacer desaparecer determinados datos de las pantallas de los analistas. También afirma que una persona le permitió conocer información sobre algunas de las firmas que, según él, emiten estos objetos y sobre la forma en que serían rastreados dentro de la arquitectura de inteligencia estadounidense. La idea que plantea es que determinados sistemas de hardware y software podrían estar diseñados para realizar funciones que los propios analistas desconocerían.
Sin embargo, en este punto Gerb introduce una cautela importante. Reconoce que no sabe si esta actividad fue realmente ejecutada en nombre de los llamados programas de legado, aunque afirma que lo considera probable. También sostiene que esos datos nunca habrían estado destinados al conocimiento público y establece una comparación con los vídeos FLIR difundidos oficialmente, que, según su interpretación, sí habrían llegado al público con la autorización de determinados elementos relacionados con esos programas.
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