TIEMPOS
DE FALSA PAZ
En julio de
1863, miles de soldados se enfrentaron en Gettysburg. No fue una defensa del país
ante un ejército invasor. Eran compatriotas, antiguos vecinos y ciudadanos de
una misma nación, divididos hasta el punto de acabar combatiendo entre ellos.
La batalla se convirtió en uno de los episodios más sangrientos de una guerra
que había partido Estados Unidos en dos.
Más de un siglo
y medio después, salvando todas las distancias, algo mucho menos dramático pero
igualmente revelador parece estar ocurriendo en otro campo de batalla: la siempre
agitada ufología estadounidense. Los que durante años compartieron trinchera
empiezan ahora a enfrentarse entre ellos.
Terminó una frágil
tregua. La era UAP entra en una nueva y peligrosa fase. En una escalada
inesperada. Y aunque este proceso iniciado en 2017 no ha sido precisamente un
camino de rosas, en estas últimas semanas la comunidad ufológica estadounidense
se encuentra inmersa en lo que se podría denominar una auténtica guerra civil.
Después de casi
una década de continuas promesas de disclosure, declaraciones de antiguos
funcionarios, denunciantes, audiencias en el Congreso y anuncios de grandes
revelaciones ha surgido un cisma. La frágil alianza entre los diferentes
investigadores, divulgadores y medios ha saltado por los aires. Dentro de la
comunidad ufológica cada vez hay más cansancio y críticas hacia determinadas
dinámicas y personajes. Las discusiones entre unos y otros han subido de tono y
ya incluyen acusaciones sobre intereses, egos, fuentes y distintas formas de
interpretar la información.
Uno de los
principales focos de la polémica está ahora en Luis Elizondo, UAP Gerb, Joe
Murgia y John Greenewald. Pero el kilómetro cero es una explosiva entrevista.
INICIO
DE HOSTILIDADES
UAP Gerb en su
entrevista con Ross Coulthart asegura que el Gobierno estadounidense estaría
preparando una revelación limitada sobre la existencia de una inteligencia no
humana, pero evitando hablar de los aspectos más comprometidos del supuesto
fenómeno, especialmente los programas de recuperación de objetos y su posible
ingeniería inversa. Considera que las actuales publicaciones de documentos no
están abordando "el elefante en la habitación": la supuesta
existencia de un programa de recuperación y retroingeniería de tecnología no
humana.
A partir de ahí
introduce el concepto de "narrativa controlada". UAP Gerb sostiene
que la comunidad UAP se está dividiendo entre quienes quieren llegar hasta el
supuesto programa de recuperación y quienes aceptarían una revelación más
limitada, basada simplemente en reconocer que existen fenómenos o incluso
inteligencia no humana. Para él, esta división es ya un "cisma"
dentro de la ufología.
El punto más
polémico llega cuando Ross Coulthart le pregunta directamente si alguien está
intentando controlar el relato. UAP Gerb responde afirmativamente y señala a
Luis Elizondo, aunque insiste en que está transmitiendo alegaciones y no
presentándolas como hechos probados. Según su interpretación, Elizondo estaría
en una posición dentro del aparato de seguridad nacional que podría permitirle
participar en una estrategia de disclosure parcial. UAP Gerb considera que esto
sería perjudicial para una revelación completa.
Su argumento se
apoya especialmente en su interpretación de los acontecimientos de 2017. Gerb
sostiene que AATIP habría funcionado como una especie de cobertura para
determinadas actividades y que James Clapper habría desempeñado un papel
importante en esa estrategia. Según esta interpretación, Elizondo habría sido
utilizado como una figura pública dentro de una campaña de revelación limitada.
UAP Gerb
relaciona esta supuesta estrategia con Tom DeLonge, John Podesta y Hillary
Clinton. Interpreta los correos y contactos conocidos alrededor de DeLonge como
indicios de un intento de preparar una revelación durante una eventual
presidencia de Hillary Clinton. Su hipótesis es que esa revelación habría
reconocido una presencia no humana, pero habría evitado hablar de recuperación
de objetos, ingeniería inversa o tecnologías derivadas.
Según UAP Gerb,
la llegada de Donald Trump habría cambiado ese escenario porque, a su juicio,
Trump era demasiado imprevisible para quienes supuestamente querían controlar
el proceso. Sin embargo, cree que la idea de dirigir la narrativa habría
reaparecido posteriormente y menciona específicamente The Age of Disclosure, a
Elizondo y a James Clapper.
Otro elemento
importante es su valoración de David Grusch. UAP Gerb lo presenta como alguien
que habría roto ese modelo de revelación limitada al hablar públicamente de
supuestos programas de recuperación y retroingeniería. Incluso interpreta que
las declaraciones posteriores de Elizondo sobre estos asuntos fueron, en parte,
una reacción a lo que Grusch había revelado.
UAP Gerb también
cuestiona la versión presentada en The Age of Disclosure. Según él, el
documental simplifica demasiado la estructura del supuesto "legacy
program" y deja fuera el papel que atribuye al Consejo de Seguridad
Nacional. Considera significativo que James Clapper aparezca en el documental
como una figura asociada a la transparencia cuando, en su interpretación,
habría tenido precisamente un papel dentro de la estructura que habría
mantenido oculto el programa.
A partir de ahí,
su teoría se hace mucho más amplia. UAP Gerb sostiene que el supuesto programa
habría sobrevivido durante décadas mediante capas de secretismo,
compartimentación y estructuras de acceso especial, hasta el punto de que ni
siquiera un presidente tendría necesariamente acceso a toda la información.
Habla de una estructura formada por funcionarios, militares y ejecutivos de la
industria de defensa que permanecen durante décadas mientras las
administraciones presidenciales cambian.
También afirma
que parte de la información podría haber sido destruida o escondida para
impedir futuras investigaciones y menciona las afirmaciones de Grusch sobre
documentos que supuestamente fueron destruidos después de que Bill Clinton
preguntara por los OVNIS.
Su propuesta
para solucionar el problema es bastante radical: tratar el supuesto programa
como una investigación criminal, recuperar el control institucional sobre esas
estructuras y obligar a declarar a personas que, según él, podrían conocer
directamente su funcionamiento. Incluso plantea utilizar mecanismos de
investigación y poder de citación para llegar hasta responsables de grandes
empresas de defensa.
Al final de la
entrevista llega a una conclusión muy contundente: si ese legacy program existe
como él cree, constituiría "un cáncer en el corazón de la democracia
estadounidense", protegido por sucesivas capas de secreto.
FUEGO
CRUZADO
Elizondo no se
ha quedado callado.
En un vídeo
publicado en YouTube responde duramente a las acusaciones y, aunque no menciona
a UAP Gerb por su nombre, el contexto deja bastante claro que se refiere a él y
a sus recientes declaraciones. Le acusa de hacer afirmaciones
"disparatadas" y "completamente falsas", de no tener
información de primera mano y de buscar, según sus palabras, "clics y 'me
gustas'". También critica a los medios que están dando espacio a este tipo
de declaraciones. En concreto, señala a NewsNation y al programa de Ross Coulthart,
al que culpa de haber dado cabida a información que considera falsa. Elizondo
pide a los medios que hagan mejor su trabajo de comprobación y llega a decirle
directamente a Coulthart: "por el amor de Dios, ten más cuidado con quién
decides llevar a tu programa".
Elizondo retoma
su eslogan más polémico cuando afirma: "Quiero destruir la ufología y
sustituirla por algo mejor". Resulta paradójico que el exdirector del
AATIP (Advanced Aerospace Threat Identification Program) cuestione precisamente
algunas de las prácticas que sus propios críticos le reprochan. Elizondo afirma
que el problema está en los investigadores que buscan protagonismo, generan
polémicas y presentan como información lo que, según él, son rumores o
afirmaciones sin demostrar.
LOS BANDOS DE LA DIVULGACIÓN
Joe Murgia, por
su parte, continúa defendiendo a Elizondo y reivindicando el valor de sus
aportaciones. Al mismo tiempo que reclama cerrar filas en torno a él, admite
que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta sobre su trayectoria y sobre
lo ocurrido desde los primeros años de esta nueva etapa de la investigación
sobre los UAP.
Su posición es
bastante clara, ya que cree que Elizondo va a ocupar un nuevo papel en
Washington relacionado con el fenómeno y, por tanto, considera inútil continuar
lanzando acusaciones siempre que no estén acompañadas de pruebas. No afirma que
todas las dudas hayan quedado resueltas. De hecho, reconoce que él mismo quiere
conocer todos los detalles de lo ocurrido desde aproximadamente 2005 hasta la
actualidad y admite que esa información podría acabar saliendo a la luz. Pero
considera que, mientras tanto, lo más práctico es apoyar a Elizondo y a quienes
están trabajando por la divulgación. Murgia parece asumir que la discusión
sobre Elizondo ha entrado en una fase en la que la cuestión ya no es decidir si
debería tener protagonismo, sino observar qué hará ahora que ese protagonismo
parece asegurado. Por eso pide esperar y juzgar sus resultados.
Murgia tambien
dirige la atención hacia AAWSAP y hacia aquello que, en su opinión, quedó fuera
de la discusión pública que comenzó a construirse alrededor del programa AATIP
en 2017. Para el conocido divulgador habría razones para cuestionar por qué
determinados aspectos de la investigación "paranormal" relacionada
con OVNIS de AAWSAP (Advanced Aerospace Weapon System Applications Program) fueron
minimizados o ignorados en la cobertura mediática inicial. Se pregunta, además,
por qué James Lacatski apenas habría sido entrevistado por medios nacionales y
llega a plantear la posibilidad de que alguien pudiera haber influido para que
esas entrevistas no se produjeran. Según su interpretación de las
investigaciones asociadas al programa, el fenómeno podría ser mucho más extraño
y amplio. De hecho, sostiene que algunas de las conclusiones apuntarían hacia
una naturaleza predominantemente paranormal, situando los ovnis como un
subconjunto de un fenómeno mucho mayor. Esta afirmación rompe con buena parte
del discurso que ha dominado la divulgación UAP durante los últimos años. La
narrativa más popular ha tendido a presentar los OVNIS como posibles vehículos,
tecnologías avanzadas o artefactos físicos cuyo origen todavía desconocemos.
Murgia añade que existe una corriente importante que cree que los avistamientos
de objetos son solamente una de las manifestaciones de algo mucho más complejo.
Murgia en sus
mensajes en X apunta directamente contra NewsNation. Considera que la cobertura
de la cadena comenzó con fuerza a raíz de las declaraciones de Grusch y del
trabajo de Coulthart, pero que posteriormente habría derivado hacia titulares
más sensacionalistas y hacia ataques contra Elizondo. Su preocupación es que
esa confrontación termine eclipsando precisamente la información que considera
más valiosa.
Mientras tanto,
otro de los nombres de referencia de la ufología estadounidense se ha sumado al
conflicto. John Greenewald Jr. ha aprovechado también las redes sociales para
advertir que la comunidad OVNI merece algo mejor de lo que está recibiendo en
estos momentos. Una intervención especialmente significativa si tenemos en
cuenta que, en los últimos tiempos, su papel parece haber perdido algo del peso
que tuvo durante años dentro del movimiento, mientras tampoco parecía sentirse
especialmente cómodo con algunos de los nuevos protagonistas y con la narrativa
que ha ido imponiéndose en torno a los UAP desde 2017.
Greenewald no
cuestiona en su alegato que un investigador pueda ganarse la vida con su
trabajo —libros, conferencias, recaudaciones o cualquier otra fórmula—, sino la
fórmula de quienes aseguran disponer de información capaz de cambiar nuestra
visión del tema y, al mismo tiempo, convierten ese supuesto conocimiento en un
producto "comercial" restringido, rodeado de insinuaciones y promesas
que nunca terminan de materializarse. Esto parece un misil directo a Luis Elizondo
y compañía.
En esa misma línea
el creador de “Black Vault”, cree que la ufología está cada vez más pendiente
del espectáculo, las exclusivas y las grandes afirmaciones que no vienen
acompañadas de pruebas. Frente a esto, Greenewald apuesta por volver a lo
básico: investigar, revisar documentos, contrastar la información, debatir y
compartir lo que se vaya descubriendo. En definitiva, recuperar una cultura de
investigación en la que las diferentes ideas puedan discutirse abiertamente y
las evidencias puedan ser examinadas por todos, en lugar de depender de
supuestos secretos o revelaciones que siempre parecen estar a punto de llegar.
DAÑOS
COLATERALES
Y evidentemente,
en este crispado escenario, las redes sociales lo han empeorado todo. La discusión se ha convertido en una auténtica batalla
campal donde cada uno toma partido y casi nadie hace prisioneros. Además, hay
un sector que denuncia que cualquiera que cuestione a alguno de los
protagonistas de esta nueva era UAP puede acabar señalado públicamente como
«desinformador» al servicio del Estado profundo.
La ufología
estadounidense está cada vez más dividida y polarizada, y en realidad no
resulta difícil entender por qué. El tiempo pasa, las promesas se acumulan y,
pese a todo ello, seguimos prácticamente en el mismo punto de partida con solo algunos
avances muy puntuales. Y una buena parte de la comunidad ufológica comienza a
mostrar síntomas de desgaste y agotamiento. Y todo esto crea facciones y bandos
enfrentados.
Por un lado,
están quienes siguen confiando en Elizondo y en otros protagonistas del
disclosure, pese a las contradicciones, errores y polémicas que los han
acompañado desde el inicio. Por otro, investigadores como UAP Gerb o Greenewald
empiezan a cuestionar el proceso y reclaman algo tan sencillo como más pruebas
y menos promesas.
La gran
incógnita ahora es conocer si esta guerra interna es simplemente el resultado
de años de frustración o si, como algunos empiezan a sospechar, también forma
parte de una hoja de ruta, perfectamente orquestada, destinada a controlar la
narrativa UAP. Y si fuera así, la verdadera pregunta ya no sería quién está
ganando esta guerra, sino quién decidió que debía comenzar. Al final, como era
de prever, los daños colaterales de este conflicto, cuyas consecuencias todavía
son difíciles de medir, acabarán salpicando a todos…
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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