Las declaraciones de Eric W. Davis nunca pasan desapercibidas. El astrofísico, una de las figuras más conocidas del reducido círculo de científicos vinculados a los programas oficiales de investigación sobre los UAP en Estados Unidos, ha vuelto a sorprender con una entrevista repleta de afirmaciones tan sorprendentes como difíciles de verificar.
Davis no es un recién llegado al asunto. Doctor en Astrofísica, ha trabajado para el National Institute for Discovery Science (NIDS), Bigelow Aerospace y EarthTech International, además de participar como asesor científico en programas como AAWSAP y AATIP. Precisamente ese historial es el que hace que, cada vez que habla, sus palabras sean seguidas con especial atención dentro de la comunidad ufológica.
Durante la conversación con el psicólogo Jeffrey Mishlove, publicada en el canal New Thinking Allowed (17/04/2026), Davis repasó su carrera y vuelve a insistir en algo que lleva años defendiendo: existe un reducido círculo de programas clasificados relacionados con los UAP al margen del conocimiento de buena parte del Gobierno estadounidense. Según él, incluso altos cargos reciben únicamente la información estrictamente necesaria.
Una de sus declaraciones más llamativa llega cuando relata una conversación privada que, asegura, mantuvo hace años con el expresidente George H. W. Bush. Según Davis, Bush le contó que, siendo director de la CIA durante la administración Ford, un oficial de enlace del Departamento de Defensa le habló de un supuesto aterrizaje ocurrido en la base aérea de Holloman, en Nuevo México. El funcionario habría explicado que existía una filmación del incidente y que representantes militares y civiles se reunieron con los ocupantes del objeto. Cuando Bush pidió ver la película, la respuesta fue tan sorprendente como inquietante: no tenía autorización para acceder a ella, pese a dirigir la CIA. No es la primera vez que circula la historia de Holloman. Lleva décadas formando parte del folclore ufológico. Jacques Vallée, J. Allen Hynek o Linda Moulton Howe ya hablaron de una supuesta película desaparecida. La diferencia es que ahora quien recupera el relato es alguien que asegura haber trabajado dentro del entramado de programas oficiales relacionados con los UAP y menciona fuentes de primer orden.
Davis sostiene además que el acceso a esa información no depende del cargo político, sino del famoso principio del "need to know": solo conoce un secreto quien necesita conocerlo para desempeñar su función. En su opinión, esa compartimentación explicaría por qué incluso presidentes o directores de agencias de inteligencia podrían permanecer al margen de determinados proyectos ultrasecretos.
Uno de los pasajes más sorprendentes de la entrevista llega cuando Davis relata una historia que, según afirma, le fue transmitida por una antigua empleada de la compañía aeroespacial TRW, posteriormente absorbida por Northrop Grumman en 2002. Según ese testimonio, la empresa custodió durante años un supuesto vehículo recuperado e intacto en unas instalaciones de la Base Aérea de Wright-Patterson. El problema era que nadie sabía cómo hacerlo funcionar. Davis asegura que uno de los científicos que trabajaba en el proyecto, mientras manipulaba el interior del objeto sin comprender su sistema de control, logró activarlo por accidente. La nave comenzó a levitar dentro del hangar... pero nadie supo cómo detenerla, por lo que, siempre según este relato, permaneció suspendida en el aire hasta que consiguieron encontrar una solución. El propio Davis identifica como fuente de esta historia a Mary Elizabeth Elliot, quien habría sido responsable de seguridad y asistente ejecutiva de TRW, y reconoce que aquella información le llegó de forma no autorizada. Añade, además, que parte de ese testimonio terminó reflejado años después en las conocidas "notas Wilson-Davis", no como prueba de la existencia del programa, sino como contexto para explicar el extraordinario nivel de compartimentación y secreto que, según él, rodeaba los supuestos proyectos de recuperación e ingeniería inversa de UAP.
En otro momento de la charla, Davis rechaza de plano algunas afirmaciones muy populares, como la existencia de gigantescas naves extraterrestres operadas por Estados Unidos o determinadas historias difundidas por Linda Moulton Howe. Las califica, sin rodeos, de falsas y asegura que nunca encontró información que las respaldara durante su trabajo en programas clasificados.
Eso resulta significativo. En un panorama donde muchas figuras parecen dar por buenas todas las historias espectaculares que aparecen, Davis marca distancias con algunas de ellas. No cuestiona la existencia de programas secretos ni la recuperación de tecnología anómala, pero sí descarta ciertos relatos que considera exagerados o directamente inventados.
La entrevista también deja otro detalle interesante. Davis afirma que Donald Trump recibió informes sobre el fenómeno UAP durante su presidencia, pero insiste en que fueron superficiales y que nunca habría sido informado sobre supuestos programas de recuperación de vehículos ni sobre presuntos contactos con inteligencias no humanas. Es una afirmación que encaja con la narrativa defendida por varios protagonistas del movimiento de la divulgación, aunque, una vez más, no va acompañada de pruebas públicas.
La entrevista entra también en terrenos mucho más controvertidos. Davis habla de visión remota, fenómenos psiónicos, proyectos desarrollados junto a Hal Puthoff y de la posibilidad de que algunas capacidades humanas extraordinarias hayan sido objeto de investigación científica durante décadas. Son asuntos conocidos para quienes siguen la historia del programa Stargate y otros proyectos de inteligencia estadounidenses, aunque siguen siendo cuestiones profundamente discutidas y sin consenso científico.
Davis comenta sobre llamados "activos psiónicos", personas que, según él, poseen capacidades como la visión remota o la percepción extrasensorial. El científico sostiene que algunos de estos individuos participaron en investigaciones relacionadas con los UAP e incluso relata el caso de Ingo Swann, quien, según afirma, fue trasladado por personal vinculado a una compañía aeroespacial hasta un remoto lago de Alaska porque sabían que allí aparecería un ovni. Para el astrofísico, estos episodios apuntan a que determinados sectores del Gobierno y de la industria de defensa disponían de información privilegiada sobre futuras manifestaciones del fenómeno.
Al final, tras escuchar a Davis, el problema sigue siendo el mismo desde que arrancó toda esta nueva etapa de la divulgación en 2017. Cada vez aparecen testigos mas cualificados, con declaraciones más impactantes y relatos cargados de detalles. Pero las pruebas siguen sin llegar. Y ahí está la paradoja. En el asunto de los UAP abundan los testimonios, las filtraciones y las grandes revelaciones. Lo que sigue faltando son pruebas que permitan comprobar todo lo que se afirma. Esa continúa siendo la gran deuda de una divulgación que, casi una década después, sigue prometiendo mucho más de lo que realmente ha demostrado.
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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