sábado, 1 de agosto de 2026

LA “GUERRA CIVIL” QUE DIVIDE A LA UFOLOGÍA EN ESTADOS UNIDOS

 



TIEMPOS DE FALSA PAZ

En julio de 1863, miles de soldados se enfrentaron en Gettysburg. No fue una defensa del país ante un ejército invasor. Eran compatriotas, antiguos vecinos y ciudadanos de una misma nación, divididos hasta el punto de acabar combatiendo entre ellos. La batalla se convirtió en uno de los episodios más sangrientos de una guerra que había partido Estados Unidos en dos.

Más de un siglo y medio después, salvando todas las distancias, algo mucho menos dramático pero igualmente revelador parece estar ocurriendo en otro campo de batalla: la siempre agitada ufología estadounidense. Los que durante años compartieron trinchera empiezan ahora a enfrentarse entre ellos.

Terminó una frágil tregua. La era UAP entra en una nueva y peligrosa fase. En una escalada inesperada. Y aunque este proceso iniciado en 2017 no ha sido precisamente un camino de rosas, en estas últimas semanas la comunidad ufológica estadounidense se encuentra inmersa en lo que se podría denominar una auténtica guerra civil.

Después de casi una década de continuas promesas de disclosure, declaraciones de antiguos funcionarios, denunciantes, audiencias en el Congreso y anuncios de grandes revelaciones ha surgido un cisma. La frágil alianza entre los diferentes investigadores, divulgadores y medios ha saltado por los aires. Dentro de la comunidad ufológica cada vez hay más cansancio y críticas hacia determinadas dinámicas y personajes. Las discusiones entre unos y otros han subido de tono y ya incluyen acusaciones sobre intereses, egos, fuentes y distintas formas de interpretar la información.

Uno de los principales focos de la polémica está ahora en Luis Elizondo, UAP Gerb, Joe Murgia y John Greenewald. Pero el kilómetro cero es una explosiva entrevista.


INICIO DE HOSTILIDADES

UAP Gerb en su entrevista con Ross Coulthart asegura que el Gobierno estadounidense estaría preparando una revelación limitada sobre la existencia de una inteligencia no humana, pero evitando hablar de los aspectos más comprometidos del supuesto fenómeno, especialmente los programas de recuperación de objetos y su posible ingeniería inversa. Considera que las actuales publicaciones de documentos no están abordando "el elefante en la habitación": la supuesta existencia de un programa de recuperación y retroingeniería de tecnología no humana.

A partir de ahí introduce el concepto de "narrativa controlada". UAP Gerb sostiene que la comunidad UAP se está dividiendo entre quienes quieren llegar hasta el supuesto programa de recuperación y quienes aceptarían una revelación más limitada, basada simplemente en reconocer que existen fenómenos o incluso inteligencia no humana. Para él, esta división es ya un "cisma" dentro de la ufología.

El punto más polémico llega cuando Ross Coulthart le pregunta directamente si alguien está intentando controlar el relato. UAP Gerb responde afirmativamente y señala a Luis Elizondo, aunque insiste en que está transmitiendo alegaciones y no presentándolas como hechos probados. Según su interpretación, Elizondo estaría en una posición dentro del aparato de seguridad nacional que podría permitirle participar en una estrategia de disclosure parcial. UAP Gerb considera que esto sería perjudicial para una revelación completa.

Su argumento se apoya especialmente en su interpretación de los acontecimientos de 2017. Gerb sostiene que AATIP habría funcionado como una especie de cobertura para determinadas actividades y que James Clapper habría desempeñado un papel importante en esa estrategia. Según esta interpretación, Elizondo habría sido utilizado como una figura pública dentro de una campaña de revelación limitada.

UAP Gerb relaciona esta supuesta estrategia con Tom DeLonge, John Podesta y Hillary Clinton. Interpreta los correos y contactos conocidos alrededor de DeLonge como indicios de un intento de preparar una revelación durante una eventual presidencia de Hillary Clinton. Su hipótesis es que esa revelación habría reconocido una presencia no humana, pero habría evitado hablar de recuperación de objetos, ingeniería inversa o tecnologías derivadas.

Según UAP Gerb, la llegada de Donald Trump habría cambiado ese escenario porque, a su juicio, Trump era demasiado imprevisible para quienes supuestamente querían controlar el proceso. Sin embargo, cree que la idea de dirigir la narrativa habría reaparecido posteriormente y menciona específicamente The Age of Disclosure, a Elizondo y a James Clapper.

Otro elemento importante es su valoración de David Grusch. UAP Gerb lo presenta como alguien que habría roto ese modelo de revelación limitada al hablar públicamente de supuestos programas de recuperación y retroingeniería. Incluso interpreta que las declaraciones posteriores de Elizondo sobre estos asuntos fueron, en parte, una reacción a lo que Grusch había revelado.

UAP Gerb también cuestiona la versión presentada en The Age of Disclosure. Según él, el documental simplifica demasiado la estructura del supuesto "legacy program" y deja fuera el papel que atribuye al Consejo de Seguridad Nacional. Considera significativo que James Clapper aparezca en el documental como una figura asociada a la transparencia cuando, en su interpretación, habría tenido precisamente un papel dentro de la estructura que habría mantenido oculto el programa.

A partir de ahí, su teoría se hace mucho más amplia. UAP Gerb sostiene que el supuesto programa habría sobrevivido durante décadas mediante capas de secretismo, compartimentación y estructuras de acceso especial, hasta el punto de que ni siquiera un presidente tendría necesariamente acceso a toda la información. Habla de una estructura formada por funcionarios, militares y ejecutivos de la industria de defensa que permanecen durante décadas mientras las administraciones presidenciales cambian.

También afirma que parte de la información podría haber sido destruida o escondida para impedir futuras investigaciones y menciona las afirmaciones de Grusch sobre documentos que supuestamente fueron destruidos después de que Bill Clinton preguntara por los OVNIS.

Su propuesta para solucionar el problema es bastante radical: tratar el supuesto programa como una investigación criminal, recuperar el control institucional sobre esas estructuras y obligar a declarar a personas que, según él, podrían conocer directamente su funcionamiento. Incluso plantea utilizar mecanismos de investigación y poder de citación para llegar hasta responsables de grandes empresas de defensa.

Al final de la entrevista llega a una conclusión muy contundente: si ese legacy program existe como él cree, constituiría "un cáncer en el corazón de la democracia estadounidense", protegido por sucesivas capas de secreto.


FUEGO CRUZADO

Elizondo no se ha quedado callado.

En un vídeo publicado en YouTube responde duramente a las acusaciones y, aunque no menciona a UAP Gerb por su nombre, el contexto deja bastante claro que se refiere a él y a sus recientes declaraciones. Le acusa de hacer afirmaciones "disparatadas" y "completamente falsas", de no tener información de primera mano y de buscar, según sus palabras, "clics y 'me gustas'". También critica a los medios que están dando espacio a este tipo de declaraciones. En concreto, señala a NewsNation y al programa de Ross Coulthart, al que culpa de haber dado cabida a información que considera falsa. Elizondo pide a los medios que hagan mejor su trabajo de comprobación y llega a decirle directamente a Coulthart: "por el amor de Dios, ten más cuidado con quién decides llevar a tu programa".

Elizondo retoma su eslogan más polémico cuando afirma: "Quiero destruir la ufología y sustituirla por algo mejor". Resulta paradójico que el exdirector del AATIP (Advanced Aerospace Threat Identification Program) cuestione precisamente algunas de las prácticas que sus propios críticos le reprochan. Elizondo afirma que el problema está en los investigadores que buscan protagonismo, generan polémicas y presentan como información lo que, según él, son rumores o afirmaciones sin demostrar.


LOS BANDOS DE LA DIVULGACIÓN

Joe Murgia, por su parte, continúa defendiendo a Elizondo y reivindicando el valor de sus aportaciones. Al mismo tiempo que reclama cerrar filas en torno a él, admite que todavía quedan muchas preguntas sin respuesta sobre su trayectoria y sobre lo ocurrido desde los primeros años de esta nueva etapa de la investigación sobre los UAP.

Su posición es bastante clara, ya que cree que Elizondo va a ocupar un nuevo papel en Washington relacionado con el fenómeno y, por tanto, considera inútil continuar lanzando acusaciones siempre que no estén acompañadas de pruebas. No afirma que todas las dudas hayan quedado resueltas. De hecho, reconoce que él mismo quiere conocer todos los detalles de lo ocurrido desde aproximadamente 2005 hasta la actualidad y admite que esa información podría acabar saliendo a la luz. Pero considera que, mientras tanto, lo más práctico es apoyar a Elizondo y a quienes están trabajando por la divulgación. Murgia parece asumir que la discusión sobre Elizondo ha entrado en una fase en la que la cuestión ya no es decidir si debería tener protagonismo, sino observar qué hará ahora que ese protagonismo parece asegurado. Por eso pide esperar y juzgar sus resultados.

Murgia tambien dirige la atención hacia AAWSAP y hacia aquello que, en su opinión, quedó fuera de la discusión pública que comenzó a construirse alrededor del programa AATIP en 2017. Para el conocido divulgador habría razones para cuestionar por qué determinados aspectos de la investigación "paranormal" relacionada con OVNIS de AAWSAP (Advanced Aerospace Weapon System Applications Program) fueron minimizados o ignorados en la cobertura mediática inicial. Se pregunta, además, por qué James Lacatski apenas habría sido entrevistado por medios nacionales y llega a plantear la posibilidad de que alguien pudiera haber influido para que esas entrevistas no se produjeran. Según su interpretación de las investigaciones asociadas al programa, el fenómeno podría ser mucho más extraño y amplio. De hecho, sostiene que algunas de las conclusiones apuntarían hacia una naturaleza predominantemente paranormal, situando los ovnis como un subconjunto de un fenómeno mucho mayor. Esta afirmación rompe con buena parte del discurso que ha dominado la divulgación UAP durante los últimos años. La narrativa más popular ha tendido a presentar los OVNIS como posibles vehículos, tecnologías avanzadas o artefactos físicos cuyo origen todavía desconocemos. Murgia añade que existe una corriente importante que cree que los avistamientos de objetos son solamente una de las manifestaciones de algo mucho más complejo.

Murgia en sus mensajes en X apunta directamente contra NewsNation. Considera que la cobertura de la cadena comenzó con fuerza a raíz de las declaraciones de Grusch y del trabajo de Coulthart, pero que posteriormente habría derivado hacia titulares más sensacionalistas y hacia ataques contra Elizondo. Su preocupación es que esa confrontación termine eclipsando precisamente la información que considera más valiosa.

Mientras tanto, otro de los nombres de referencia de la ufología estadounidense se ha sumado al conflicto. John Greenewald Jr. ha aprovechado también las redes sociales para advertir que la comunidad OVNI merece algo mejor de lo que está recibiendo en estos momentos. Una intervención especialmente significativa si tenemos en cuenta que, en los últimos tiempos, su papel parece haber perdido algo del peso que tuvo durante años dentro del movimiento, mientras tampoco parecía sentirse especialmente cómodo con algunos de los nuevos protagonistas y con la narrativa que ha ido imponiéndose en torno a los UAP desde 2017.

Greenewald no cuestiona en su alegato que un investigador pueda ganarse la vida con su trabajo —libros, conferencias, recaudaciones o cualquier otra fórmula—, sino la fórmula de quienes aseguran disponer de información capaz de cambiar nuestra visión del tema y, al mismo tiempo, convierten ese supuesto conocimiento en un producto "comercial" restringido, rodeado de insinuaciones y promesas que nunca terminan de materializarse. Esto parece un misil directo a Luis Elizondo y compañía.

En esa misma línea el creador de “Black Vault”, cree que la ufología está cada vez más pendiente del espectáculo, las exclusivas y las grandes afirmaciones que no vienen acompañadas de pruebas. Frente a esto, Greenewald apuesta por volver a lo básico: investigar, revisar documentos, contrastar la información, debatir y compartir lo que se vaya descubriendo. En definitiva, recuperar una cultura de investigación en la que las diferentes ideas puedan discutirse abiertamente y las evidencias puedan ser examinadas por todos, en lugar de depender de supuestos secretos o revelaciones que siempre parecen estar a punto de llegar.


DAÑOS COLATERALES

Y evidentemente, en este crispado escenario, las redes sociales lo han empeorado todo. La discusión se ha convertido en una auténtica batalla campal donde cada uno toma partido y casi nadie hace prisioneros. Además, hay un sector que denuncia que cualquiera que cuestione a alguno de los protagonistas de esta nueva era UAP puede acabar señalado públicamente como «desinformador» al servicio del Estado profundo.

La ufología estadounidense está cada vez más dividida y polarizada, y en realidad no resulta difícil entender por qué. El tiempo pasa, las promesas se acumulan y, pese a todo ello, seguimos prácticamente en el mismo punto de partida con solo algunos avances muy puntuales. Y una buena parte de la comunidad ufológica comienza a mostrar síntomas de desgaste y agotamiento. Y todo esto crea facciones y bandos enfrentados.

Por un lado, están quienes siguen confiando en Elizondo y en otros protagonistas del disclosure, pese a las contradicciones, errores y polémicas que los han acompañado desde el inicio. Por otro, investigadores como UAP Gerb o Greenewald empiezan a cuestionar el proceso y reclaman algo tan sencillo como más pruebas y menos promesas.

La gran incógnita ahora es conocer si esta guerra interna es simplemente el resultado de años de frustración o si, como algunos empiezan a sospechar, también forma parte de una hoja de ruta, perfectamente orquestada, destinada a controlar la narrativa UAP. Y si fuera así, la verdadera pregunta ya no sería quién está ganando esta guerra, sino quién decidió que debía comenzar. Al final, como era de prever, los daños colaterales de este conflicto, cuyas consecuencias todavía son difíciles de medir, acabarán salpicando a todos…




JOSE ANTONIO CARAV@CA


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