viernes, 9 de octubre de 2026

ELIZONDO VUELVE A WASHINGTON Y DECLARA LA GUERRA A LA «CLOACA» DE LA UFOLOGÍA

 



Lue Elizondo reaparece tras recorrer unas 27.000 millas (más de 43.000 kilómetros) en tres meses y anuncia que vuelve a trabajar para el gobierno de Estados Unidos. Lo hizo en una entrevista con Martin Willis para el canal Podcast UFO Live Shows, publicada el 7 de octubre de 2026. El antiguo responsable del programa de identificación de amenazas aeroespaciales (AATIP) del Pentágono confirmó que ha fijado su residencia en la zona de Washington y que seguirá apoyando, entre bastidores, la divulgación, la verdad y la transparencia sobre los fenómenos aéreos no identificados. Elizondo explicó que había jurado no volver a vivir en la capital, pero que regresó por motivos familiares y profesionales. «Vuelvo a Washington D.C. por dos razones. La más importante es que mi mujer sufría mucho el síndrome del nido vacío. Tenemos dos hijas estupendas, ya adultas, que se criaron en la zona de D.C. y decidieron quedarse aquí.» Añadió que, tras unos diez años fuera, su mujer echaba de menos a las chicas, sobre todo después de su accidente de moto. La razón profesional es que trabaja para el gobierno: «Estoy empleado por el gobierno de Estados Unidos. Nunca ha sido un secreto que sigo manteniendo mi acreditación de seguridad y hay una razón para ello. Y estoy apoyando los esfuerzos del gobierno». Dijo que no puede dar detalles de su cometido, que trabaja «muy diligentemente entre bastidores» y que se lo pidieron: «Me pidieron que volviera y dije que sí. Así que aquí estoy». Recordó que su pasado como militar y agente especial puede ser útil en un momento de tensión internacional y económica. Willis le advirtió de que ese silencio alimentará sospechas. Elizondo respondió: «Puedo asegurarte que no es nefasto. Puedo asegurarte que no es para socavar la transparencia ni la divulgación». Recordó que sigue los cinco pilares que fijó hace años y que nunca se ha desviado de ellos, y admitió que su franqueza le ha costado más de un rapapolvo en el Pentágono.

Elizondo fue tajante sobre el secreto: «Nunca violaré mi juramento de seguridad porque es una promesa que le hice al pueblo estadounidense». Lo comparó con el matrimonio: no se está casado solo a ratos. Rechazó el papel que algunos le exigen: «Esto nunca debió tratarse de que Lou Elizondo le cuente todo al pueblo estadounidense. Ese no es mi trabajo». Y respondió a quienes le piden que «se sacrifique por el equipo»: «Si eres un verdadero patriota, haces lo correcto». Preguntado por las consecuencias de romper el juramento, contestó con humor: «En primer lugar, iría a la cárcel. Y que conste que el mono naranja no me sienta nada bien. No es mi color, desentona con mi tono de piel». Se presentó como hijo de una familia de inmigrantes, evocó a su padre, torturado en prisión en Cuba, y dijo que fue a la guerra por principios. Elizondo matizó su postura sobre el secreto. Admitió que hay razones reales para clasificar y que esas reglas existían mucho antes que él. Pero sostuvo que  en el tema OVNI hubo un exceso: «Hay aspectos de este tema que nunca debieron clasificarse en primer lugar». Y precisó: «No tiene nada que ver con que estemos ocultando información al pueblo estadounidense. Es que le ocultamos información que no debería ocultársele». Según dijo, cuando la clasificación se usa para engañar al público toca «hablar con la verdad al poder», y eso intentó hacer en el Pentágono hasta que renunció y habló públicamente sin violar su juramento. Reconoció que en la última década el gobierno ha dado un giro de 180 grados, aunque lo atribuyó al esfuerzo colectivo y no a él.

Elizondo arremetió contra el estado de la investigación ovni: «Lo que me preocupa, y creo que es problemático, es toda esta porquería que ocurre en esto que llamamos la comunidad, que por cierto no es una comunidad. Está fracturada y hecha un desastre, es divisiva». Por eso, dijo, quiso «hacer explotar la ufología por completo» para reemplazarla «con algo mejor». Aclaró que no se refiere a abandonar la búsqueda de la verdad: «A lo que me refiero es a deshacernos de la basura, el drama, las tonterías, todo el postureo, los clics, los "me gusta", el glamur y el "yo sé esto y yo sé lo otro". Eso es lo que lo frena todo». Añadió que hay miembros del Congreso que dicen que la única razón por la que no se implican es que esa comunidad es «una cloaca». Sobre las redes sociales las definió como un arma de doble filo: «Cuando eso es socavado por gente que intenta deliberadamente engañar y confundir, o lo que es peor, lucrarse de ello, entonces tengo un problema personal con eso, porque estás siendo falso y estás usando las redes sociales para manipular a otros». Lo comparó con las operaciones de información entre potencias. Por eso no contraataca: «No voy a jugar a esos juegos. Me importa un bledo. Hago esto por principios, y si no te gusta, vete a freír espárragos. No vas a detenerme a menos que me metas una bala en la cabeza». Dijo que prefiere ignorar a quienes lo atacan, que respeta las opiniones contrarias y que ha llegado a oír acusaciones tan absurdas como la de no haber estado nunca en el ejército ni en el Pentágono, o la de aparecer en los archivos de Epstein.

Willis le pidió que aclarase las afirmaciones recientes de Ross Coulthart en NewsNation. Elizondo evitó atacarlo: «Considero a Ross un amigo. No lo voy a denigrar», y le reconoció méritos para la divulgación. Pero fue claro sobre la información: «No era precisa». Le reprochó no haberla contrastado ni haberle llamado antes de emitirla. Dijo que se comunicaron por mensaje, que no es «de los que cuentan intimidades» y que la información perjudica la credibilidad de Coulthart, de la divulgación y de NewsNation. Fue más duro con el entorno: «Creo que la situación fue manipulada. De hecho, estoy seguro, y sé exactamente de dónde viene». Añadió que no viene de una sola persona y que ha decidido no nombrarlas. Desmintió la acusación de haber pactado una divulgación controlada con James Clapper, entonces subsecretario de Defensa para Inteligencia y luego director de Inteligencia Nacional: «Esa conversación nunca ocurrió». La calificó de «completa y absoluta tontería» y de «campaña de susurros» que, si no se desmiente, acaba pasando por hecho. Defendió a Clapper, y también a James Mattis, como patriotas, aunque aclaró que no toleraría ninguna ilegalidad. «No pierdo el sueño por eso. Tengo peces más gordos que freír.»

A la pregunta de si hay guardianes que controlan un goteo de información, Elizondo respondió con una advertencia: «Una vez que dices algo, es muy difícil volver atrás y desdecirte». Explicó que el gobierno tiene una responsabilidad enorme, que una declaración puede mover mercados, como cuando el presidente de la Reserva Federal habla de la economía, y que otros países escuchan. Antes era un grupo pequeño el que controlaba la información; ahora más gente en el gobierno se hace preguntas y el Congreso tiene que informarse hablando con la CIA, el FBI o el Departamento de Guerra. Antes de que alguien dé un paso público, dijo, hay que lograr que agencias, presidencia y departamentos estén «en la misma partitura». Si no, puede ser dañino para la seguridad nacional. Para ilustrarlo propuso un ejemplo que él mismo calificó de «exagerado»: imaginar que se hubiera encontrado algo en la Luna y que EE. UU. lo anunciara sin poder explorarlo. Otro país podría enviar una sonda, plantar una bandera y reclamar el territorio. Citó a China, India, Rusia y Estados Unidos, y la posibilidad de dar ventaja a un adversario. Sobre una posible estructura lunar dijo que hay «muchas más cosas» y datos de rasgos que requieren más exploración.

Elizondo destacó que, tras décadas afirmando que no había indicios de vida ni nada relacionado con los UAP, la NASA ha publicado documentos y entrevistas con astronautas que describen cosas extrañas. También hay vídeos y fotografías de la superficie lunar y de objetos en órbita lunar. Señaló que en aquellos años solo había en órbita el módulo que esperaba para el reencuentro con el módulo lunar, y que la propia NASA dijo que lo observado no era eso. «NASA, tras unos 60 años de negación, ha salido a decir: "Sí, parece que hay cosas y no fuimos completamente sinceros con vosotros". Eso es un gran paso.» Añadió que otras agencias observan la reacción para decidir si siguen el mismo camino. Con un juego de rol, en el que Willis hacía de administrador de la NASA, imaginó por qué podría haberse aplazado todo: el presidente pide más datos, las agencias dudan, los cargos cambian y la continuidad se pierde. Añadió el factor religioso y filosófico, y recordó que estudios encargados por el gobierno concluyeron por unanimidad que no se debía revelar, por la alteración social que causaría. Él no está de acuerdo, pero entiende que alguien responsable de proteger al país lo vea como una amenaza. Recordó que se hace con frecuencia y puso el ejemplo del avión espía U-2: Rusia lo seguía en cada vuelo, pero no dijo nada hasta que tuvo un misil, el SA-2, capaz de derribarlo.

Elizondo reiteró que el gobierno sabe más que el público pero no tiene el cuadro completo, y que ni siquiera podría validarlo: «Aunque creas tener la imagen completa, no hay forma de verificarlo». Comparó el caso con la validación de fuentes humanas que él aplicaba como agente y volvió a criticar a quien publica sin validar. «Creo que el pueblo estadounidense tiene derecho a saber. Creo que puede manejar la verdad.» Y culpó en parte al público: «Si quieres saber por qué no hemos tenido más verdad, mírate al espejo». A la pregunta sobre qué le convenció, respondió que no fue un caso concreto sino un volumen enorme de datos: «Eran montañas de información. Una vez que supe que existían y dónde encontrarlas, me abrió los ojos». Elizondo insistió en que no puede hablar de recuperaciones de naves: «Ya he dejado muy claro que hace años firmé un documento con el gobierno de Estados Unidos que me prohibía hablar sobre la recuperación de naves estrelladas». Para quienes mencionan a David Grusch: «No soy David Grusch. No sé qué firmó él. Puedo decirte lo que firmé yo». Y añadió: «No se firma un juramento de secreto sobre algo si no hay nada que proteger». Su acuerdo es vitalicio y nadie le ha dicho que haya dejado de ser válido: «En el momento en que digan que ya no es válido, hagámoslo. Pero hasta que eso ocurra, no puedo hacerlo y no lo haré». Dijo que el documento está guardado en algún lugar de Colorado Springs. Aunque al principio le pareció que Grusch iba «demasiado lejos», dijo que luego entendió que es posible. Argumentó que cualquier tecnología puede fallar o ser derribada: Tesla, los cazas, el Titanic, «toda tecnología tiene una vulnerabilidad», y con los UAP «hay una potencial vulnerabilidad».

Elizondo rechazó que los avistamientos históricos sean tecnología secreta estadounidense. Habló de una mujer que le contó que en 1964 la persiguió una esfera plateada, y de que ya en los «foo fighters» de los años cuarenta, recién superada la barrera del sonido, se registraban objetos a 10.000 millas por hora sin estampido sónico. Si fueran de otro país, sería «la mayor falla de inteligencia de la historia de Estados Unidos». Atribuyó parte de la resistencia a la «disonancia cognitiva» y al miedo a la alternativa. Preguntado por dónde está «lo bueno», Elizondo compartió una frase que, según dijo, le habían dicho, sin revelar quién: «Me dijeron: Lou, hay algunas tecnologías y capacidades que tenemos por las que estaríamos dispuestos a perder una guerra». Y marcó distancia: «Yo no estoy de acuerdo con eso. Discrepo completa y vehementemente de esa perspectiva. Pero entiendo si esa es la perspectiva de ciertas personas: algo tan avanzado que, si cayera en manos de un adversario, podría ser muy malo para todos nosotros» Elizondo describió a la humanidad como «una especie extremadamente insegura» que organiza el mundo con cuadrículas, límites de velocidad, profesiones y dinero. Sostuvo que confirmar algo superior en inteligencia quitaría esa manta de seguridad y generaría ansiedad y un riesgo para la seguridad nacional. Añadió que percibimos el universo «a través de una ventana muy, muy estrecha». Dio como cifra que el espectro visible es el 0,0035 % del electromagnético, habló de un universo observable de unos 27.000 millones de años luz que es apenas el 10 % del total, y comparó nuestra visión con ver un partido de fútbol a través de una pajita. Sobre el vídeo de 23 minutos de UAP dijo que cree que llegará a verse, aunque no es el más convincente: hay otros en los que los objetos pasan a unos 15 pies (unos 4,5 metros) de la cabina. Citó a Ryan Graves, que, según contó, dividió su formación al paso de uno de ellos, y elogió a Christopher Mellon, con quien dice coordinarse siempre y que trabaja «entre bastidores». También a Gallaudet, Fravor y Dietrich, y reconoció el trabajo de Hal Puthoff, Eric Davis, George Knapp, Jeremy Corbell, Robert Bigelow, James Lacatski y Jay Stratton. Sobre la política dijo que no revela su afiliación porque «no tiene nada que ver con esta conversación». Elogió a congresistas como Anna Paulina Luna, Eric Burlison, André Carson y Jared Moskowitz, que «ponen su cuello político en juego». También habló de los terraplanistas, a quienes respeta como parte de la libertad por la que dice haber ido a la guerra.

La entrevista terminó en un tono más íntimo. Elizondo dijo ser «muy introvertido»: no va a bares ni a actos sociales, y en casa trabaja en sus patentes, ya que es inventor, y restaura relojes antiguos. Nunca los vende. Puede pasar unas 20 horas desmontando, limpiando y reengrasando uno, y recordó el de un viejo pescador que rescató del fondo de una barca y devolvió a su familia, que se lo regaló. Para él, el reloj es el intento humano de controlar un concepto, el tiempo, que «es esquivo y es muy precioso», que no se vive igual para todos y que, sin embargo, gobierna cada decisión.

Se despidió con un consejo: ignorar los ataques, mantener limpio «su lado de la carretera» y «hacer lo siguiente correcto». Recordó que todos cometemos errores y que lo único que cabe es responder por ellos.



JOSE ANTONIO CARAV@CA


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