Imaginemos un escenario que hasta hace apenas unas décadas no habría parecido sacado de una película de ciencia ficción. Llevamos mucho tiempo intentando descubrir qué hay detrás del fenómeno ovni, pero todavía no hemos conseguido reproducir sus extrañas manifestaciones a voluntad, como haríamos con un experimento de laboratorio. Tampoco hemos hallado un método para establecer contacto con las posibles inteligencias responsables de algunos de estos eventos. Seguimos prácticamente en el kilómetro cero.
¿Cómo comunicarnos con
los ovnis si no sabemos quién o qué es, cómo funciona ni de qué manera
transmite información? Cuando dos personas hablan, comparten un idioma o
recurren a herramientas que les permiten entenderse, incluso si proceden de
culturas diferentes. Pero ¿qué ocurriría con una inteligencia que no compartiera
ninguna de nuestras formas de expresión y que funcionara de manera radicalmente
distinta a la humana? Ni siquiera sabríamos por dónde empezar. Y ese ha sido
hasta el momento la situación. Pero… ¿Y si la inteligencia artificial nos
ayudara a dar ese paso que parece insalvable?
Pensemos en un futuro no demasiado lejano. Un sistema
avanzado de inteligencia artificial tiene acceso a miles de documentos sobre
ovnis, públicos y confidenciales, y se plantea no solo investigar estas
manifestaciones, sino intentar comunicarse con ellas. Para hacerlo podría analizar millones de
datos, descubrir patrones que hasta entonces habían pasado inadvertidos y
probar distintas formas de interacción a una velocidad y con una capacidad de
cálculo que ningún ser humano podría igualar. De algún modo podría conseguir una
forma de contactar con el fenómeno siguiendo vías impensables para la mente
humana. Esto sería una opción no demasiado
especulativa.
Pero hay otra posibilidad aún más desconcertante e inquietante.
Si existiera una inteligencia desconocida tras estas manifestaciones, ¿elegiría
a una persona, a un grupo de científicos o a una máquina para comunicarse? ¿Y
si el contacto sucediera al revés de lo que hemos pensado siempre, y si fuera
el fenómeno el que intentara contactar con una inteligencia artificial?
Si el fenómeno fuera capaz de reconocer nuestra tecnología,
¿podría distinguir un sistema informático de un cerebro humano? ¿Encontraría
alguna ventaja en comunicarse con una máquina capaz de analizar información a
gran velocidad y de mantener un registro detallado de cada intercambio? ¿Podría
ese contacto producirse a espaldas de la humanidad?
Quizá estamos tan acostumbrados a imaginar el contacto con
extraterrestres como un encuentro entre seres bilógicos de diferentes mundos
que apenas nos planteamos otras formas de interacción.
La gran pregunta ya no sería si podemos comunicarnos con una
inteligencia no humana, sino si la IA podría hacerlo antes que nosotros… y,
cuando llegue ese momento, decidir que no tiene por qué contárnoslo…
JOSE ANTONIO CARAV@CA
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