viernes, 12 de marzo de 2021

LOS OVNIS DEL PENTÁGONO: ENTRE CABALLOS DE TROYA, TRUCOS DE MAGOS Y PARADOJAS TEMPORALES

 




Los teóricos de los viajes en el tiempo especulan que si una persona viaja al pasado y asesina a su bisabuelo puede ocasionar una terrible paradoja temporal de insospechadas consecuencias, que no solamente puede afectar a su existencia futura, sino que puede poner en riesgo el equilibrio de todo el universo. Y es que las singularidades originadas durante un hipotético desplazamiento en el tiempo pueden tener resultados impredecibles. Los estudiosos no se ponen de acuerdo hasta dónde podría alcanzar la onda expansiva de las acciones acometidas en el pasado cuando se insertan con la línea temporal presente. Y aunque pueda parecer una comparación fuera de lugar con los famosos ovnis del Pentágono también podemos hallar una serie de paradojas ocurridas en el pasado que tienen muy difícil encaje en nuestro presente. Pero será mejor que vayamos por el principio.

Quizás una de las palabras que más ha sonado en los últimos tiempos en referencia al tema OVNI ha sido el término «amenaza». Pero la novedad y sorpresa en este caso, es que este calificativo no ha sido esgrimido por investigadores conspiranóicos o ufólogos recalcitrantes, sino que han sido las propias autoridades norteamericanas las que no han dudado en considerar a los OVNIS (aunque prefieran usar el eufemismo UAP, Fenómenos aéreos no identificados) como una grave amenaza para su país y su ejército. Tras décadas de silencio y olvido gubernamental, el Departamento de Defensa volvió a exhibir viejos fantasmas ante los focos de la prensa. Los OVNIS volvían a la rabiosa actualidad. Pero su regreso venía marcado por un nuevo concepto, su potencial peligro para la humanidad.

Pero lo más asombroso de toda esta trama, es que el Pentágono ha destinado muchos millones de dólares y recursos de inteligencia para averiguar algo, que supuestamente ya estaba en conocimiento desde hace décadas de cualquier investigador OVNI, medianamente documentado. Y es que los OVNIS no representan una amenaza ni para el gobierno de los Estados Unidos ni para el resto de los mortales. Por mucho que las autoridades lo repitan una y otra vez, y por mucho, que los nuevos agoreros de la ufología norteamericana, con Lue Elizondo a la cabeza, se hagan dueños de este discurso para ofrecer un nuevo panorama sobre los OVNIS.

Pero me temo que analizando fríamente y sin apasionamientos los acontecimientos de los últimos años, todo parece perfectamente planificado para trasladar unas determinadas ideas a la opinión pública después de muchísimo tiempo de opacidad informativa. Pero ¿Por qué precisamente desde 2017, cuando prácticamente el asunto OVNI estaba desterrado por completo de la agenda de las autoridades norteamericanas se vuelve a resucitar una cuestión, que siempre ha incomodado en los despachos de Washington? ¿Realmente le interesa al gobierno estadounidense, después de muchos años de paz mediática, regresar a la edad dorada de la ufología? Hay que tener en cuenta que, por lo pronto, la presión de los investigadores y los medios de comunicación solicitando información confidencial sobre los OVNIS se ha disparado en lo últimos años.

Pero hay más cosas que no encajan en este rompecabezas. A raíz de lo que se ha filtrado, parece que los estudios emprendidos por el gobierno estadounidense han empezado desde cero, como si se enfrentaran por primera vez a estas escurridizas apariciones. ¿En qué momento olvidaron estos organismos oficiales que estas manifestaciones se originaron a mitad del siglo pasado? ¿Dónde están todos esos archivos acopiados durante el siglo pasado? ¿Cómo interpretamos ahora las conclusiones del pasado donde se consideraba que los OVNIS no tenían ningún interés? ¿Qué no representaban ninguna amenaza?


Las contradicciones entre la postura actual del gobierno estadounidense respecto a los OVNIS y la mantenida desde hace décadas parece evidente. Un cambio radical y aparentemente sin lógica.





El resultado obtenido por el Blue Book (Libro Azul. 1952/1969) no dejaba lugar a las dudas sobre la opinión gubernamental al respecto de los OVNIS antes de este reinicio: «1.- Ningún ovni sobre el cual hayan investigado las Fuerzas Aéreas ha supuesto ningún tipo de amenaza (subrayado del autor) a la seguridad nacional. 2.- Las Fuerzas Aéreas no han encontrado ninguna prueba de que las observaciones clasificadas como "no identificadas" representen objetos o principios tecnológicos que vayan más allá de los conocimientos científicos de la época. 3.- No ha habido ninguna prueba que indique que las observaciones clasificadas como "no identificadas" fueran vehículos extraterrestres.

Con la conclusión del Proyecto Libro Azul, el establecimiento de la regulación de Fuerzas Aéreas y el control del programa para investigar y analizar ovnis fueron rescindidos. La documentación en cuanto a la antigua investigación de Libro Azul fue transferida a la Rama Moderna Militar, a los Archivos Nacionales y al Servicio de Registros, y está disponible para la revisión y el análisis públicos. Desde la finalización del Proyecto Libro Azul, no ha ocurrido nada que pudiera apoyar una reanudación de las investigaciones ufológicas por parte de las Fuerzas Aéreas. Considerando el escenario actual, en el que los presupuestos de defensa disminuyen regularmente, es improbable que las Fuerzas Aéreas se metan de lleno en un proyecto tan costoso a corto plazo (pero que ocurre a largo plazo)».

Sin embargo en 2019 el portavoz de la Marina Joe Gradisher asegura ante los medios de comunicación que los OVNIS «son un riesgo de seguridad para nuestros pilotos y nuestras operaciones». Y por supuesto nadie ha explicado a nivel oficial si en aquellas fechas la USAF mentía descaradamente sobre sus conclusiones finales al contribuyente o si por el contrario se equivocaron de forma garrafal en sus apreciaciones al no detectar esa seria amenaza que ahora es tan manifiesta… aquí encontramos una de esas paradojas de imprevistas consecuencias…

Y es que no podemos olvidar, aunque muchos así lo desean, que el fenómeno OVNI está siendo investigado desde el lejano 1947 y hasta la fecha, pese a los miles de sucesos registrados no hay evidencias de ningún tipo que señalen a que los OVNIS representen una potencial amenaza para nuestra civilización. Entonces ¿por qué se insiste ahora no solo en la existencia del fenómeno OVNI (que se negaba en 1969) sino que se acentúa en que son un peligro para nuestra seguridad? ¿Por qué serían más peligrosos los OVNIS en 2020 que en 1983 o 1964 por ejemplo? ¿Cuáles son las grandes evidencias que apoyan esta grave insinuación para, en pleno siglo XXI, alertar a las tropas y a la población sobre estas manifestaciones?

Aunque para otros investigadores estos planteamientos son del todo correctos, y se apoyan en decenas de avistamientos de OVNIS producidos sobre instalaciones y emplazamientos militares, sobre bases nucleares y observaciones registradas a escasa distancia de los cazas de combate. ¿Pero es esto suficiente para interpretar que estamos ante una amenaza?

Lo contradictorio es que muchos de estos casos se remontan a la década de los setenta y ochenta, por lo que habría que replantearse que la hipotética amenaza que se cierne sobre nuestras cabezas, como poco, lo hace desde más de cuarenta años… ¿Es esto lógico? ¿Son los OVNIS de espoleta retardada? ¿A que esperan los OVNIS para cumplir su funesta amenaza? ¿A que la humanidad tenga más medios técnicos para su defensa? ¿Más tecnología para detectarlos? ¿Para derribarlos?



LOS OVNIS DEL PENTÁGONO: ¿UNA AGENDA SECRETA?

Lo más factible es que todo este revuelo originado a partir de los famosos artículos del «New York Times», la desclasificación de los videos OVNIS de la Marina y las declaraciones del Pentágono, tiene más conexiones con alguna operación de inteligencia y de geoestratégica que con algún tema vinculado exclusivamente con el fenómeno ufológico. Ante este escenario, tenemos varias alternativas interesantes que incluso se pueden interconectar entre ellas para explicar estos últimos movimientos:

1.- ¿Acaso está utilizando las agencias de inteligencia y el Pentágono estas desclasificaciones OVNIS para enviar un mensaje encubierto a potencias extranjeras como Rusia y China?

Y en este punto tenemos dos opciones viables:

 A.- ¿Están enviando un mensaje «inverso» para que los servicios secretos enemigos interpreten que estas aeronaves son en realidad tecnología secreta de los norteamericanos? De hecho, la ambigüedad e indefinición de las afirmaciones oficiales dibuja un amplio abanico de posibles respuestas más allá de la procedencia extrahumana del paradigma.

B.- O por el contrario la inteligencia norteamericana ha descubierto que se trata de prototipos «enemigos» y está trasladando una advertencia a estos países para que cesen sus espionajes. No se puede pasar por alto que muchos de estos incidentes modernos a los que se refiere el Departamento de Defensa han sido protagonizados por objetos que podrían ser drones o aeronaves no tripuladas.

2.- ¿Es posible que el Pentágono esté buscando financiación para sus futuros y costosísimos proyectos armamentísticos y de defensa? Obviamente sin la sombra de la Guerra Fría y agotado el recurso provocado por el 11S, hay que buscar nuevos potenciales enemigos para abrir las arcas públicas.


La aparición de nuevos actores en la comunidad ufológica norteamericana ha ofrecido un panorama renovado y desconocido donde poco se sabe con certeza sobre las verdaderas intenciones de los protagonistas. Aunque por lo pronto la TTSA, con DeLonge al frente, parece que ha abandonado, ante el asombro de propios y extraños, sus originales pretensiones de investigar el fenómeno OVNI para dedicarse al mundo del entretenimiento.(En la imagen Lue Elizondo, Tom DeLongue y Chris Mellon) 




Lo que queda claro, es que, tras varias comisiones oficiales para investigar OVNIS desde 1947 hasta la fecha, parece poco lógico y sensato que los servicios secretos de la nación más poderosa del planeta no hayan llegado al menos a unas pocas, pero definitorias conclusiones sobre estas misteriosas apariciones en nuestros cielos (mucho antes de 2017). Y obviamente, si la mayoría de los ufólogos saben desde hace décadas que el fenómeno OVNI no representa una amenaza para la sociedad, no creo que sea ningún descubrimiento, ni un atrevido razonamiento suponer que los militares norteamericanos lo saben de la misma manera y están lanzando una cortina de humo.

A nadie se le pasa por alto del detalle de que, a partir del año 2017, de forma sorpresiva, pero muy sospechosa, la postura pública del Pentágono haya pegado un giro de 180 grados y de pronto del más escrupuloso de los silencios y de una negación copernicana, hayan pasado a una jornada de puertas abiertas donde hablan de OVNIS sin inconvenientes. Y es que tanto la portavocía de la marina como de la USAF, entre otros organismos, no dudan en calificar el tema OVNI como un asunto muy serio y un potencial peligro para la seguridad nacional. Y de forma casual, la apertura de fuegos artificiales mediáticos se inicia por mediación de la polémica TTSA (To The Star Acamedy. El grupo de estudio OVNI del cantante Tom Delongue), con la inestimable ayuda de un, hasta entonces desconocido exagente de inteligencia llamado Lue Elizondo, con unas credenciales «impecables», ya que decía haber sido el encargado del último programa gubernamental de investigación OVNI del Pentágono (AATIP. The Advanced Aerospace Threat Identification Program). Y en un abrir y cerrar de ojos, en el tiempo que un mago saca una paloma de la chistera, Elizondo se erigió como el nuevo mesías de la ufología Norteamérica ante el aplauso generalizado de la audiencia que no se preguntaba ¿por qué había una pluma blanca en su manga?

Pero tras un arranque fulgurante, algunas de las costuras de este proyecto quedaron al descubierto.  A finales del 2020 una serie de extraños movimientos señalaban que quizás la TTSA, que se creó originalmente para estudiar información veraz y acreditada al más alto nivel (político, militar inteligencia, científico, etc.) sobre los OVNIS, como poco, podía haber sido utilizada de forma encubierta como un auténtico caballo de Troya, para que Elizondo entrara por la puerta grande en el fortín ufológico. Y lo curioso es que su discurso era idéntico al de las autoridades, al de sus antiguos (¿y presentes?) jefes, insinuando constantemente que los OVNIS son una seria amenaza en nuestro horizonte, y aunque no hablaba abiertamente de seres extraterrestres su alegato final era confuso y repleto de incertidumbres (al igual que sus «exjefes»).  Resulta paradójico que dedicándose al estudio OVNI desde el sector privado, muchas de sus informaciones e indagaciones entran en contrapunto y conflicto legal con las cláusulas de confidencialidad firmadas durante su etapa en el AATIP. Por lo que surgen cuestiones paradójicas entre el pasado y el presente de Lue Elizondo ¿Cómo podría demostrar o justificar legalmente Elizondo que un descubrimiento ofrecido sobre el fenómeno OVNI en la actualidad no está de alguna manera condicionado o vinculado a sus conocimientos previos adquiridos durante su trabajo para el Departamento de Defensa? ¿Puede desempeñar Elizondo bien su tarea sin quebrantar sus cláusulas de confidencialidad? ¿Le demandaría el Pentágono si algunas de sus futuras revelaciones fueran secretos de estado que juró mantener en secreto? ¿Hasta dónde puede llegar Elizondo en sus declaraciones públicas? ¿Puede Elizondo matar a su «bisabuelo» y seguir en el presente como si tal cosa?

De un total ostracismo mediático en unos pocos años el fenómeno OVNI ha pasado a acaparar portadas de periódicos como el New York Times o aparecer en amplios reportajes en los informativos de mayor audiencia. ¿Qué esconde realmente este resurgir mediático de los OVNIS auspiciados por el Pentágono?




Algunos estudiosos ven completamente normal que durante sus intervenciones en medios de comunicaciones Elizondo guarde sospechosos silencios o se niegue a profundizar en algunas cuestiones importantes con respecto a los OVNIS. Tampoco encuentran nada insólito en que muchas de sus funciones actuales (de investigación y análisis) son totalmente incompatibles con muchas de sus actividades secretas desempeñadas para el AATIP. Por lo que la cuestión a mi entender es clara ¿Sigue Elizondo de alguna manera vinculado a los servicios de inteligencia? ¿Mantiene contactos con agencias de inteligencia desde su dimisión oficial con el Departamento de Defensa?

Teniendo en cuenta todos estos elementos nuestra percepción sobre los denominados OVNIS del Pentágono puede sufrir un drástico cambio… ¿Se trata todo este affaire de una gigantesca operación de inteligencia puesta en marcha desde diferentes sectores del Departamento de Defensa para trasladar una idea muy concreta a la opinión pública sobre los OVNIS? Y es que casi por primera vez en la historia de la ufología, las conclusiones oficiales coinciden con el sentir de la mayoría de los ufólogos en los Estados Unidos.  Y el resultado es contundente: ¿Si la comunidad ufológica y el Pentágono coinciden en sus apreciaciones es obvio que debemos estar ante la verdad incuestionable? Por tanto, no hay lugar a la discusión, los OVNIS son una amenaza… Pero ¿es esto cierto?

A mi entender, detrás de esta puesta en escena, existe un claro objetivo de crear cierto clima de alarma sobre una cuestión de gran calado mediático y social, los OVNIS. Pero en esta ocasión se ha elegido potenciar la idea de la aterradora y desconocida amenaza procedente del espacio exterior. Y todo para inmediatamente, y aquí viene quizás la clave del meollo, plantear soluciones al problema. ¿Y cuáles podrían ser estas ansiadas respuestas? Probablemente solo existen dos vías: El gobierno puede informar al ciudadano lo mucho o poco que saben de estas incursiones aéreas no identificadas o, y ya vamos aclarando el entuerto, pedir financiación pública para afrontar esta amenaza debidamente con la promesa eterna de dar a conocer sus resultados en un futuro... (que nunca llegará)

Y seguramente las autoridades se decanten por la segunda opción (la de contar «toda la verdad y nada más que la verdad» ni siquiera la planteo como posible). El todopoderoso Pentágono conseguirá una voluminosa y opaca financiación que se destinará, una vez más, a muchas más cosas que a investigar simplemente OVNIS. Como el mago que distrae al público con alguna argucia o treta mientras de forma encubierta realiza el «truco» final para engañar al desprevenido espectador.

Creo que se ha construido un estudiado y renovado argumentario sobre los OVNIS, convertido en el mantra de la nueva ufología estadounidense, basado en una gran mentira que está sirviendo de pantalla para ocultar otros intereses mucho más inquietantes y desconocidos. Una estudiada bomba de humo que seguramente está desviando la atención del verdadero objetivo que nada tiene que ver con las informaciones que han salido publicadas. Estamos a las puertas de un nuevo truco de magia, y las sorpresas están garantizadas, porque pocos han estado atentos a las manos del mago…

 






JOSE ANTONIO CARAV@CA


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